Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 26/07/2017
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Juan Antonio Cordero Alonso
30/06/2017

¡ Muy bien!

 

[Img #30438]

 

 

Hasta hoy he reprimido varias veces el deseo de escribir sobre este ¡muy bien! que frecuentemente oigo que dedican algunos padres-madres, más bien añosos-añosas que jóvenes-jóvenas, a sus polluelos-polluelas, que por cierto también suelen ser únicos-únicas. ¡Para que no se diga!

 

Soy débil, lo reconozco, y al final he caído y aquí estoy intentando describir la sensación que me produce oír un ¡muy bien! con un tono general de sorpresa, que no viene a cuento excepto como motivación ante las primeras vocalizaciones, los primeros pasos o los primeros lo que sea de la primera infancia. Ah, en catalán, es ¡molt bé!, que desde aquí quiero humildemente dejar de oprimir a Oriol Junqueras y Puigdemont.

 

Es posible que dedicar tanto ¡muy bien! a las más nimias y cotidianas cosas que puede hacer un infante refleje, entre otras cosas, una inmadurez en quién las pronuncia y un elevado desconocimiento de cómo funciona la Psicología Evolutiva, al menos en tramo que va desde los 1 o 2 a los 14 o 16 años.

 

El uso de la frase en cuanto reconocimiento y aceptación de nuevas conductas o comportamientos aprendidos, generalmente dificultosos, es encomiable y motivador, pero su abuso puede ser contraproducente.

 

Si los padres manifiestan una alegría exagerada ante cualquier cosa que hace el niño por anodina que sea, ¿qué harán cuando el niño haga algo que requiera un reconocimiento en base a la dificultad, el tesón o lo que sea, que haya hecho? ¿Utilizarán el ya desgastado ¡muy bien! banalizado de tanto uso? ¿Cómo estirar el lenguaje más allá de la cota óptima? O bien ¿han pensado que su hijo es incapaz de logros dignos de una motivación justificada?

 

Es más, ¿no estará ese aplauso regalado frenando o taponando su afán de superación e iniciativa?, ¿no se planteará el niño que la imagen que tienen de él no es real e incluso que lo están valorando por debajo de lo que se merece?

 

Resultaría bastante patético ver a un niño de 7 u 8 años llamando la atención al padre diciéndole algo así como “No te pases papa, ya me dirás ¡muy bien! cuando me lo merezca, cuando haga las cosas mejor. Que sé hacerlas”.

 

Estos padres 'muybienistas' con un buen nivel cultural y socio-laboral, quieren mucho a sus hijos. No como otros. Tanto, que pueden fabricarles una burbuja para ser felices todo el rato, prolongando su infancia sine die. Padres hiperpreocupados por el deleite constante e inmediato de sus hijos instalados sólo en el aquí y ahora; sobreprotectores que dan respuesta a la necesidad antes de que ésta exista, incluso creando la necesidad con tal de satisfacerla y mostrar(se) su entrega y su amor o su amorfidad (según como se mire). No suelen decir no por frustrante, lo que incluye la sobreabundancia de caprichos. Ellos dicen ser positivos. Y yo, prácticos. Con la lectura de un manual de ser padres y sustituir el sentido común por las sentencias de los mediadores entre los grandes de la Psicología y la práctica cotidiana, tienen bastante.

 

Estamos teniendo un problema con la sobreprotección y también estamos comenzando a ver los efectos negativos asociados a ella, algunos de los cuales, y sin ánimo de ser muy exhaustivo, podrían ser los siguientes: 
. Desajustes en la percepción de la realidad tal cual es.


. Retraso en la asunción de que lo real solo es un pequeño subconjunto de lo posible, y que no todo lo posible es real. Piaget situaba el comienzo de este pensamiento maduro en la adolescencia… pero se va retrasando…


. Dificultades en la asunción de responsabilidades asociadas a sus propias  acciones y falta de sincronía entre derechos y deberes.


. Bajo nivel de tolerancia a la frustración por persistencia de la burbuja donde  la frustración no existía o estaba minimizada.


. Niveles de autoestima muy bajos fundamentados en la carencia de esfuerzo para conseguir logros y metas. El esfuerzo parece proscrito en la infancia, y no sólo en ella.

 

¿Para qué leer a Freud, Vigotsky, Piaget, Brunner u otros con lo espesos que son, si los intérpretes ya nos los dan leídos y subrayados, con las frases justas de lo que necesitamos para educar entre algodones y con criterios enmarcados en la corrección política que evita confundirnos al leer, al pensar y al decidir? 

 

¿Por qué leer la Biblia si no me interesa la Biblia sino sólo que los demás piensen que la he leído? Para eso con un tweet sobre ella me sobra… y me ahorro mucho tiempo.

 

Sólo hay un par de peros. 


El primero, que un hijo no es una Biblia de la se puede pasar, sino alguien querido y necesitado de ayuda, cuya educación suele basarse en administrarle sabiamente los 'NOES' que necesita… hasta que él mismo pueda relevarnos.


El segundo, que los problemas derivados de la sobreprotección suelen presentar un abordaje terapéutico muy complejo y que no siempre es posible garantizar el éxito.

 

Casi es preferible confundirse uno mismo un poco de vez en cuando y corregir desde el sentido común que nos quede, a poner el piloto de la modernidad pedagógica predicada desde los púlpitos televisivos en los que tanto los padres como los hijos, como su educación no dejan de ser una mera mercancía que se intercambia en favor de la cotas de audiencia.

 

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress