Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/11/2017
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Ángel Alonso Carracedo
30/06/2017

Verano

 

[Img #30439]

 


 
                                                               
Cada 21 de junio marca un hito en el calendario. Es la fecha del solsticio de verano, del día más largo de cada año. Tiempo de planes y proyectos rompedores de la monotonía de tres estaciones que, en resumen, englobamos en el frío y oscuro invierno, como anulando los atractivos de primavera y otoño, esas temporadas medias repletas de encantos naturales y de ambientes más sosegados y apacibles.

 


El verano nos despereza, aunque sea por la sofocante vía del calor. Tremendo el de estos días pasados, invadiendo los estertores de la primavera con el mercurio de los barómetros en todo lo alto. Se ha revelado impaciente, sin conceder mínima tregua a la fecha del 40 de mayo en que arrumbamos, por mandato refranero, los sayos. No ha otorgado aclimataciones previas y ha irrumpido como una invasión bárbara de calores y jadeos, sin hacer prisioneros a un mínimo respiro o a una suave brisa. No ha tolerado reservas de frescor en las zonas más propias: todo el país se ha teñido del rojo color de la canícula. Eleva a gesta el mero hecho de conciliar el sueño 

 


El estío es temporada dura, pero enseña atenuantes paradójicos. Mata entornos como el invierno, aunque se aplaque esta crueldad con ese sucedáneo adscrito al mes rey de la estación, en el uso de la conjugación del verbo agostar.  Aparta de un manotazo las caminatas y paseos en las despiadadas solaneras, pero concentra los murmullos linguales y los cantos de chicharra, bajo los negros cielos de la noche puntuados de estrellas. Potencia la pena del trabajo cuando toca, pero se abre como ninguna otra época al solaz y disfrute del tiempo libre, de la vacación sin relojes ni agendas.

 


El verano es de los niños. Es la estación asociada a los tiempos felices de la infancia. Se nos pregunta por un pasado en permanente recuerdo, inmortal en las evocaciones,  e irrumpe, sin dudas ni obstáculos, la memoria estival plena de libertades, de campos abiertos, de juegos en pandilla y de descubrimientos del amor.

 

 
El verano, hechos mayores, es el arrebato de la vida campestre; es la meditación y reflexión ante la infinita visión del mar; es la fiesta del pueblo con cohetes y verbenas amenizadas por orquestinas rescatadas del pasado; es el imperio de la siesta arrullada en sopores invencibles; es la victoria rotunda de la anarquía pasando por encima de alienantes rutinas. 

 


Mi verano aguarda ya, impaciente, retornos añorados en largos meses de espera, de largas noches y días cortos, de fríos combatidos en el cálido encierro hogareño. Se enumeran hacia atrás semanas, días, quizás horas, conforme se acerca el momento de empezar esa rutilante aventura, siempre astorgana, de hacer lo que viene en gana. Imagino reuniones con amigos y familiares, de ese y otros lares, en charlas a ratos sesudas, a ratos intranscendentes, aunque siempre animadas por la euforia de una compañía anhelada tanto tiempo. Me veo en la soledad de mis rutas ciclistas a la búsqueda de parajes de sobra conocidos, pero sorpresivos en cada nuevo reencuentro. Preparo el guión de mis charlas con los lugareños educados e instruidos en la sapiencia de los mensajes de la naturaleza. Acopio mi ración de lectura para ser satisfecha, devorada, a la fresca de una sombra en la arboleda del Jardín, interrumpida con súbitas y rápidas ojeadas al totémico Teleno, como intentado darme cuenta de tan agraciada realidad en ese todo panorámico con que nos obsequia la Muralla.

 


Me dejaré arrastrar también por la inevitable cuenta atrás del regreso y por los grises pensamientos de un reloj puesto de nuevo en hora hasta el próximo verano. Pero, mientras tanto, con el oxígeno de las esperanzas e ilusiones del verano de Astorga, previo al relevo otoñal y a la travesía invernal, no estoy dispuesto a sucumbir por la asfixia de estos sofocantes y cruentos calores.
                                                                                                                      

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress