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Samuel Yebra Pimentel
30/06/2017

Requiem por las truchas del Tuerto

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Nuestras casas cada vez más limpias, más higiénicas, más asépticas. En el supermercado hay un producto de limpieza para cada cosa: para la grifería, para el inodoro, para la grasa de la ropa o la de la encimera. Tanta variedad química no parece revertir en la limpieza de nuestro medio natural en el cual hace pie la ciudad en que vivimos.


Nuestras ciudades tienden cada vez más a humanizarse, los vehículos tienen que atenerse cada vez más a las necesidades del peatón, que es niño, anciana o puede estar impedido. Se les obliga a circular más lentamente, sin ruidos, sin emisiones de escape. La polución atmosférica se mide y se controla, lo mismo se hace con la sonora, con los decibelios de los coches, o de los lugares de diversión.


Nuestras ciudades vienen siendo una excepción aséptica, una caverna, donde el mundo platónico está emborronado, invertido; fuera de las ciudades no va a quedar siquiera un terreno en el cual edificar una casa.


Astorga ya es una ciudad de esas, asediada de basuras. Todo bien medido y bien cortado para que no se vea, para que no se huela. Un paseo por los médanos que llevan de Astorga a Nistal nos convencería de lo que digo. El CTR está sobre una meseta un poco por encima de Astorga. El río Tuerto es veneno puro para las truchas y los cangrejos; el Jerga al salir de Astorga es mefítico, humeante. Nuestra casa más grande necesitaría de esos productos tan específicos que se venden en los supermercados, para limpiar el río, para eliminar los plásticos, para filtrar el aire contaminado. Seguramente de haberlos acabarían ensuciando la galaxia.


La sociedad solo informa sobre sus productos industriales y no sobre el estado de sus procesos ecológicos. Dice William Irwin Thomson que somos capaces de medir el PIB, algo invisible, y nos pasa desapercibido lo más visible, la contaminación en la que estamos.


Tal vez las truchas muertas del Tuerto, las carreras de coches, la desatención sanitaria de los pueblos sean un primer aviso, una toma de conciencia de que el ruido de fondo ya es sordera, una especie de rugido del ‘inconsciente civilizacional’, de que el día de los Trífidos ya habría llegado.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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