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Luis Miguel Suárez Martínez
1/07/2017
ENTREVISTA / Noemí G. Sabugal, escritora

En las cloacas de la sociedad

Noemí G. Sabugal (1979, Santa Lucía de Gordón) ha estado esta semana en Astorga participando en las I Jornadas de Negro. Aunque actualmente se dedica a la enseñanza, conoce bien la profesión periodística donde despuntó ganando el Premio Francisco de Cossío en 2005 por el reportaje 'De cruce de caminos a cruce de culturas', en el que se sumergió en la inmigración en el barrio del Crucero de León. Ha escrito dos novelas de tinte policial, 'El asesinato de Sócrates' y 'Al acecho', con la que logró en 2011 el Premio de Novela Felipe Trigo. Astorga Redacción aprovechó su paso por la ciudad para entrevistarla.

 

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Luis Miguel Suárez: Usted ha publicado hasta el momento dos novelas, ’El asesinato de Sócrates’ y ‘Al acecho’ que pueden adscribirse al género negro, si bien esta última tiene bastante de novela histórica.

 

Noemí G. Sabugal: Sí. La primera es una historia contemporánea que transcurre en San Martín, una ciudad con nombre falso, pues yo me inspiré en León para escribirla, pero yo quería que cualquier pequeña ciudad pudiera verse representada, de ahí la traslación del nombre. ‘Al acecho’, sin embargo, es una novela histórica que comienza en marzo de 1936, después de las últimas elecciones y un poquito antes de lo que fue el golpe de estado ya en Madrid. Eran dos escenarios que yo conocía, el Madrid contemporáneo y el León actual y que me interesaban. Se adscriben al género negro, pues pretendía mostrar las partes más ocultas o vergonzantes de esa sociedad.

 

 

Hay cierta relación entre los protagonistas de sus novelas. El inspector Robles en la primera y el inspector Fierro en la segunda, con muchas semejanzas de personalidad; ambos, además, abordan la investigación de sus respectivos casos en medio de unas circunstancias familiares y personales complicadas…

 

Sí, se parecen, pues son dos personas que ya han vivido bastante, que tiene un trabajo que les ha endurecido y que tienden, no sé si a ocultarse de los demás o a protegerse de los demás. Las circunstancias del trabajo que desarrollan les hacen ser dos hombres poco dados a lo sentimental y muy renuentes a entrar en relaciones personales que les supongan sentirse vulnerables. Sí que se parecían. Quizás en Fierro, en el segundo, me interesaba remarcar la circunstancia de que en ese momento políticamente tan polarizado era una persona que parecía no querer comprometerse con nada ni con nadie; y en este aspecto hay quién ha visto en él a un cobarde y hay quién ha visto un personaje que va un poco a lo suyo, más por egoísmo que por cobardía, o por falta de empatía incluso. A mí me interesaba remarcar su cinismo, su descreimiento en lo que vive. Tan solo cree en cierta justicia tal y como él la entiende, a la vez que se aísla cuanto puede de lo que está ocurriendo en el país, implicándose, sin embargo, hasta las últimas consecuencias en la investigación que él lleva. Esa dureza, ese compromiso con su trabajo, a la vez que le distancian de la sociedad, son las características típicas de los personajes de la novela negra, aunque ahora mismo hay mucha variedad y por supuesto muchos personajes femeninos muy relevantes a la hora de comprender a los protagonistas, pero yo por el momento opté por dos personajes masculinos.

 

 

Ha hablado de un personaje un poco cínico. En la novela 'Al acecho', a pesar del cinismo y descreimiento del personaje, se detecta un cierto componente existencial, pues el protagonista en lo más intenso de la investigación se plantea el sentido de su vida.

 

Sí, sí lo tiene, porque además tiene una madre mayor muy cariñosa, muy afectiva. Con esa ambigüedad que genera este tipo de afectos, quieres a tu familia al tiempo que te conviertes en esclavo de ella. Y sí tiene ese componente existencial que de alguna manera todas las novelas tienen, al menos las mías, de decir de pronto, “bueno, a dónde vamos o qué sentido tiene todo”. Pero Fierro renuncia a conseguir ese tipo de respuestas. Eso le hace dar bandazos incluso en lo sentimental. Se enamora de una chica que no es digamos merecedora de ningún tipo de sacrificio y, sin embargo, es capaz de despreciar un amor que parece que está más ofrecido, más cercano. En ese sentido sí tiene un componente existencial, de desentrañar el sentido de qué hacemos aquí, de qué hacer con nuestra vida.

 

 

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La novela policiaca está pasando por un momento de gran éxito incluso en países como Suecia, que no tenían gran tradición, y también en España, de tal manera que se dice que estamos en una especie de edad de oro del género por el gran número de autores y por la calidad de ellos. ¿Este auge se debe a factores puramente literarios o será un reflejo de la sociedad actual?

 

La edad de oro fue ya en los años 70 con Vázquez Montalbán, Juan Madrid, Andreu Martín, que fueron los creadores del sustrato del que todavía hoy nos nutrimos. Todas las traducciones que se hicieron en aquellos años de Chandler, de Hammett. Ese fue el momento estelar de la novela negra. La novela negra nos enseña las cloacas de la sociedad, y en los años 70 se superan las rémoras del régimen de Franco; allí la crítica política y/o social quedaba muy disimulada y, sin embargo, Vázquez Montalbán fue el que empezó a utilizar todas esas novelas negras para, a menudo, contar lo que no podía contar como periodista. De aquel momento viene todo, de ahí viene, por ejemplo, la Semana Negra, que este año cumple 30 años. Aquel auge ha continuado, han aparecido más festivales y lo característico del momento actual de la novela negra es una diversificación de las tramas y una diversidad de los personajes. Antes siempre eran el policía, el investigador, o algún personaje propio del subsuelo, y ahora mismo hay mujeres, homosexuales; hay también autoras escribiendo género negro, como Cristina Fallarás, Alicia Jiménez Bartlett, Rosa Ribas que utilizan otro tipo de personajes. Por ejemplo, Rosa Ribas crea el personaje de Ana Martí que es una periodista; se están incorporando personajes que no tienen nada que ver con el elenco policial. Y se está dando también la circunstancia de que la novela negra se está también separando bastante de lo policial para empezar a ser una novela negra social o relacionada con el mal. Por ejemplo ‘Subsuelo’ de Marcelo Luján, que es una novela sobre el mal incardinado en la familia; este año el premio Goncourt lo ganó Leila Slimani con ‘Canción dulce’: se trata de una novela negra, pero dentro de un ámbito doméstico. Estas novelas sobre el mal, o sobre la situación de la inmigración, o sobre la situación de México (que ahora son incluidas en el género negro) producen esa diversidad característica del momento actual. Esto está enriqueciendo el espectro novelístico del género tanto por los autores y autoras como por el tipo de tramas.

 

 

¿Como periodista piensa que el periodismo, en cuanto que puede estar cerca de esas realidades que se narran en la novela negra, es un estímulo o un impedimento para escribir este tipo de novelas?

 

En mi caso, no lo ha condicionado demasiado. Yo elegí las tramas porque eran las que mejor me permitían representar la sociedad de la manera en que yo la quería representar: las cloacas, los bajos fondos, la corrupción, la dureza de la vida de los inmigrantes, de la prostitución… Es verdad que yo estuve unos cuantos años cubriendo sucesos en La Crónica de León y tal vez eso —sobre todo en la primera novela— puede que me haya influido algo. Pero yo hubiera llegado a algo parecido desde otra procedencia profesional. En el mundillo hay escritores que son policías, como Alejandro Gallo, que es de aquí, de Astorga; hay Jueces como Graziella Moreno. Hay gente que llega a la novela negra desde profesiones que tienen relación e interés con desentrañar lo que hay detrás de la sociedad. Para mí, la literatura estuvo siempre antes que el periodismo y no soy yo la más indicada para decirte si la novela negra es producto de mi dedicación profesional o estaba antes.

 

 

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¿Y desde el punto de vista del estilo? En sus novelas se aprecia un lenguaje muy dinámico, con descripciones ágiles, muy realistas ¿Esta manera de narrar tiene alguna relación con su trabajo periodístico?

 

Quizás en la primera novela en la que opté porque los personajes tomaran más su voz. Es por lo que en ella hay más diálogos, más impresionismo quizás. En ‘Al acecho’ el estilo cambia mucho, hay una mezcla de primera y de tercera persona, una mezcla del presente y del pasado. Yo no diría que estoy muy influida por el lenguaje periodístico…

 

 

Si no en el lenguaje, tal vez en el ritmo…

 

En el ritmo quizá en ‘El asesinato de Sócrates’; en la segunda novela no tanto, porque es muy diferente, es mucho más poética, busca otro tipo de lenguaje más pausado, más descriptivo.

 

 

Quisiera preguntarle también por otro de los géneros narrativos que está tan de moda como es la llamada ‘Autoficción’ o la ‘No-ficción’. Sobre esa mezcla de realidad y ficción que a menudo llegan a parecerse a reportajes periodísticos…

 

Ahora mismo se está dando un cierto empuje de novelas autorreferenciales, no tanto en el género negro, pero si quizá en otros géneros más personales. Lo que sí se está produciendo dentro del género, son ensayos que están mostrando la parte de la sociedad que hasta ahora se adscribía a la novela negra, por ejemplo ‘Fariña’ de Nacho Carretero, que es un ensayo sobre los narcos gallegos o ‘Escrito en negro’ de Martín Olmos, una recopilación de columnas periodísticas sobre casos adscritos al crimen; o ‘Nos vemos en esta vida o en la otra’ de Manuel Jabois sobre los que vendieron la dinamita en las zonas mineras. Quizá sean ensayos escritos de una manera mucho más divulgadora. Algo que hasta ahora no se había dado, como es el caso de ‘Gomorra’ de Saviano,  una especie de ensayo en las maneras de la novela. Casi siempre escritos por periodistas. Esta actitud autorreferencial solo ocurre ocasionalmente en la novela negra, es el caso de ‘Confesiones de un gánster de Barcelona’ de Lluc Oliveras. 

 

 

¿Y el género de la ‘Autoficción’ como tal, en la línea de autores tan destacados como Javier Cercas, Enrique Vila-Matas, Javier Marías (en algunas de sus novelas), o Antonio Orejudo… Hay hasta críticos que dicen que esos libros no son novelas.

 

Por ejemplo está Marta Sanz, que ha escrito ‘Clavícula’ un poco con la misma intención, donde cuenta un poco lo que le pasa. Sí me interesa, pero no es una cosa tan excesivamente nueva: la utilización de la vida personal empaquetada dentro de la producción literaria siempre ha estado ahí; siempre hemos acudido a los autores preguntando, bueno, qué parte de esto es imaginado y cuál real. Creo que es una cosa que se da desde siempre, no es una cosa nueva. 

 

 

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Su novela última ‘Al acecho’ es de 2013 y en alguna entrevista ha hablado ya de su siguiente novela ¿Qué nos puede decir de ella?

 

Ya la tengo acabada, en camino a la publicación, pero es un camino tan complicado —a pesar de la suerte de mis dos novelas— que realmente nunca deja de andarse. No ocurre así siempre, pero vivir en la periferia, alejada de ciertas influencias, retarda lo que de otra manera sería más fácil. Pero encontrará el camino hacia la publicación.

 

 

¿Tendrá esa novela por venir que ver con el género negro?

 

Realmente, tengo dos trabajos un poco ahí a punto, y no sé cuál de ellos puede salir primero. Ninguna de las dos es género negro como tal. Una claramente no lo es, la otra tal vez lo sea en alguno de sus aspectos. Pero esta novela va por otros derroteros en los que la idea de la investigación no está presente.

 

 

 

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