Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 26/07/2017
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Samuel Yebra Pimentel
7/07/2017

Ni los gays quieren ser maricas

 

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¿Puede ser la categoría de marica un destino deseable y liberador?

 

No, pues ni siquiera los gays quieren ser maricas.


Por eso cuando en Veguellina de Órbigo al comienzo de la representación de ‘Subway’,  -un happening basado en la obra homónima de Tirso Priscilo Vallecillos- un actor gritó: ‘maricón’, la sala se quedó a oscuras, en silencio, totalmente expectante. No se sabía si aquello era un insulto, una queja o qué…Luego resultaría que era ‘qué’.

 

Se jugó con la palabra ‘marica’, maricón, mariquita, se hizo de ella un malabar, un signo propio, llegando a ser la palabra que no era.

 

No creo que Vallecillos piense a estas alturas que vaya a cambiar el mundo modificando el uso de las palabras, pero sí logró visibilizar el problema de la homofobia. Todavía estaría pendiente la eficacia social que requiere de otras condiciones socio-políticas para llegar a ser transformadora.

 

En el contexto escolar hemos retrocedido mucho hasta no ser capaces de abordar el problema. La sexualidad ya solo se atiende desde la llamada del móvil, casi como queja a un teléfono de atención al cliente. El sexo, y en ello están implicadas asociaciones de padres y por supuesto la administración, se tiene como algo inabordable, fuera de educación. El niño, la niña habrá de seguir por decreto-ley siendo inocente. Cuando el niño, más que la niña, sea homosexual tendrá que callar sin excusas, por evitar otro tipo de vejámenes y acosos muy sutiles que apenas si nos daremos cuenta.

 

Habría que destronar de las aulas ese sentido sexófobo que va en detrimento de la salud e incluso de la vida. Érase un país donde en esas mismas aulas imperaba la fe sobre la razón (al menos sobre la razón filosófica) y donde la providencia o Santo Tomás o el Santo Oficio habrían de salir al paso de cualquier susto...

 

Fuera ya de las aulas y a causa de las mejoras legales los homosexuales son ahora como cualquiera, con objetivos vitales personales. Y es ahí en esa individualidad que se han quedado solos, es ahora cuando el mercado les ataca como a todos y les corroe. El mercado ya es el único capaz de retornar la ficción de una identidad perdida, mediante un estilo de consumo vinculado a cada categoría sexual. Para los heterosexuales: las despedidas de soltero, las bodas, las comuniones, los bautizos. Para la soltería, las maternidades lésbicas, la homosexualidad: el consumo identitario, las imagenes de marca.


Solo, dice Bourdieu, una perturbación mental, una transformación de las categorías de percepción que nos llevan a participar en el mantenimiento del orden social existente podrían hacer posible la verdadera revolución de género. Eso y un derrocamiento de las estructuras materiales.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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