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Redacción
9/07/2017

La Cepeda recuerda a los desterrados de Oliegos

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Pedro Carrera tenía 20 años en noviembre de 1945, cuando la construcción del pantano de Villameca le convirtió en un desterrado. En aquel otoño, tres meses después de que acabara la Segunda Guerra Mundial, la familia de Pedro junto con otras 37 más de Oliegos subieron al tren en Porqueros para empezar una nueva vida en Foncastín, en la comarca vallisoletana de Rueda. Fue un adiós abrupto, "nos echaron del pueblo, nos dijeron que las compuertas estaban ya abiertas y que el que no quisiese salir que se quedara. Sólo se quedaron los muertos", asegura Pedro.

 

Sólo este hombre, hoy con 91 años, sabe las emociones que ha sentido este domingo 9 de julio durante el homenaje que el Ayuntamiento de Quintana del Castillo ha brindado a aquel centenar de vecinos del único pueblo que anegó el pantano de Villameca. Durante la jornada festiva, 200 personas llegadas de Foncastín, entre antiguos pobladores y descendientes, han sido arropados por los cepedanos que acudieron al homenaje celebrado junto al monumento erigido en el pinar cercano a las ruinas, que comienzan a asomar después de meses de sequía. 

 

Pedro Carrera ha acudido con su hijo Carlos, quien comenta que los primeros años en Foncastín "más vale no recordarlos porque lo pasó mal". Con el hermano enrolado todavía en el ejercito después de la guerra y sin padre, tuvo que hacerse cargo de su madre y su hermana de 13 años. "Les concedieron 25 años para pagar las tierras y casa" y fueron tiempos de mucho esfuerzo porque "de aquí se fueron casi con lo puesto. Sintieron rechazo, no conocían a nadie y los comienzos fueron complicados. Enseguida vieron que las tierra nuevas eran más rentables y que podían. Además los vecinos eran buena gente y consiguieron pagar el préstamo. Aún recordamos la fiesta y la alegría cuando cumplidamente acabó de pagar el préstamo". Los de Oliegos rehicieron sus vidas, Pedro se casó con Cristina Mallo, también de Oliegos y tuvieron tres hijos que "pudimos estudiar todos", explica Carlos.

 

 

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Una misa, la lectura de unas coplas, el turno de intervenciones de rigor y el acto de 'Versos a Oliegos' dieron paso a una paellada para todos y a las actuaciones de nueve grupos musicales. Un completo programa que dibujó un nostálgico paréntesis para sus protagonistas, a quienes acompañaron familiares de los pueblos de la comarca antes de volver a la tierra que les acogió y de la que pasaron a formar parte aunque, como ellos subrayaron, nunca dejaron de ser de Oliegos.

 

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