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Mercedes Unzeta Gullón
29/07/2017

Distintos apetitos del Poder

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El otro día fui a comprar azúcar moreno a mi proveedor habitual y me encontré con que ya no tenían el mismo azúcar. Traté de averiguar el porqué de ese cambio y la dueña del establecimiento, muy solícita, me explicó que ella no puede controlar el tipo de azúcar que le sirven. Pide azúcar moreno y le traen el que le traen. Yo, asombrada, insistí en más explicaciones porque no entendía. Entonces me aclara que la distribución del azúcar está en manos de dos empresas una inglesa y otra francesa, que parece que son las únicas que controlan la distribución en Europa. Que ella no puede elegir, que pide y tiene que someterse a lo que le traen.  Me aclara que la Azucarera Española ahora es de la British Sugar.

 

Ante tan sorprendente información me dio por reflexionar sobre el Poder y sus afanes.

 

En la época medieval, la ambición del Poder era acaparar territorios, conquistar más y más tierras ajenas, y ese propósito constituyó el impulso de la civilización en el mundo occidental conocido.

 

En los siglos XVI y XVII, ese mundo estuvo sangrientamente marcado por las guerras de religión. Reyes y Papas se aliaron para acabar con todos aquellos que no estuvieran bajo su jurisdicción. La salvación del alma era justificación suficiente para arrancar la propia impropia del cuerpo ajeno. Los musulmanes, los judíos, los hugonotes, protestantes y calvinistas, todos eran cruelmente perseguidos por todos. La famosa Reforma propició terribles guerras en Centroeuropa. Uno de los episodios más infames de esa época es la tristemente famosa noche de San Bartolomé en la que los católicos enardecidos acabaron dando muerte a cerca de 20.000 protestantes  en toda Francia. En este periodo de nuestra historia Reyes y Papas tienen el Poder y, como objetivo, el control espiritual y material de la población.

 

 El siglo XVIII ostenta un Poder ofuscado e imprudente. Un Poder autocomplaciente. Como resultado termina el siglo con la concienciación del Pueblo frente a la impertinencia del Poder históricamente constituido y con el inicio del conocimiento de su fuerza. Los ingleses en Norteamérica logran independizarse del caudillaje de su metrópoli y los franceses se revolucionan y acaban con sus despóticos reyes.  El primer paso está dado. Parece que el Poder inicia  un cambio de bando y se inclina hacia el lado opuesto. Efecto de la ley del péndulo.

 

Luego vino el siglo XIX con la lucha por los derechos civiles. Los países de Latinoamérica reclaman y consiguen su libertad. Napoleón trata de acabar con  los reinados absolutos. La nobleza pierde su poder. La industria proporciona salarios y algunos derechos civiles y, junto con el comercio, propiciará la aparición de una nueva clase social: la burguesía. Es entonces cuando el dinero empieza a contar más que la nobleza de cuna de una manera estandarizada. Ahora el Poder se instala en el capital.

 

El siglo XX nos mete de lleno en el triunfo del dinero. Comienza el ‘todo vale’ con tal de acumular bienes y fortuna. Da comienzo el consumismo a ultranza. Ya no se trata de necesitar sino de desear, no de usar sino de acumular. Para lograr tal cometido se desarrolla el famoso marketing, es decir la publicidad de los productos, de una manera directa o subliminal (dirigida a nuestro subconsciente para que ambicionemos lo que no necesitamos). Surge lo que ahora se llama ‘tendencia’, y, antes, moda. Tendencias en ropa, muebles, coches, colores, peinados… cada año hay que cambiar para estar al día con la moda. Es la guerra comercial del usar y tirar. El Poder ya no sólo quiere dinero sino el control del dinero.

 

Y teniendo en cuenta que la pelea por el control de las materias primas ha desestabilizado, y se sigue en ello, cruelmente el mundo, sobre todo el Medio Oriente, empezamos  el siglo XXI con un nuevo objetivo en marcha: la batalla por el dominio de la alimentación. Hoy la batalla se centra en el control de lo más necesario para el individuo: la comida. Hoy las finanzas se concentran en dominar los productos alimenticios. El Poder pasa a la administración de la alimentación. Unas pocas multinacionales acaparan el control de los productos del mundo; manejan: cantidad, calidad y precio. Pueden hacer desaparecer un producto e invadir el mundo de otro. Controlan las producciones por lo que controlan a los productores, por lo tanto controlan la subsistencia de las poblaciones. ¡Controlan el Mundo! Tenemos a la famosa Monsanto como muestra, que ha llevado la miseria a muchas partes del mundo con sus transgénicos. Ya no hay plagas, argumentan, pero cada año hay que comprarles a ellos las nuevas semillas, porque los transgénicos no generan semillas para replantar. ¡Un gran invento para sus arcas!

 

Y, así, las civilizaciones han ido cambiando de cara y de color pero siempre sometidas a los distintos métodos de  manipulación de las ambiciones del Poder.  Y yo, hoy, tengo que comprar el azúcar que me quiera vender la multinacional de turno.

 

El Poder siempre quiere y querrá más Poder. Tiene un apetito insaciable.

 

O témpora, o mores

 

 

 

 

         

 

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