Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 12/12/2017
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Tomás Valle Villalibre
11/08/2017

La chica solitaria

 

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Siempre se la ve sola, al igual que un jardín al amanecer, sola como ayer, como el día anterior, como mucho tiempo atrás.


La historia de Raquel, puede ser una historia cotidiana que nos podemos encontrar en cualquier rincón de nuestra ciudad y que todos conocemos, pero que sepultamos en lo más profundo de nuestra conciencia porque nos puede resultar normal, aburrida…


Cuando tenía dieciséis años, la edad de una estrella a la que nunca antes habíamos visto brillar pero que nos llama la atención por hermosa, la edad de empezar a vivir; creyó haberse ganado el corazón del guitarrista de una mediocre banda de rock con el que se fue un día dejando atrás a su familia, a sus amigas y amigos. De él se enamoró hasta las trancas y con él compartió todo tipo de experiencias, la mayoría de ellas no demasiado positivas. 


Un  día se despertó en una furgoneta que no conocía, se sentía dolorida y estaba desnuda. Quería recordar unas pastillas que le había dado su novio durante el concierto de la noche anterior, con las que se había sentido muy mareada y que nunca antes había tomado. En el interior de la sucia furgoneta, entre el olor a orín, alcohol y marihuana, había cuatro hombres pero ninguno era su novio. Durante varios meses los cuatro hombres continuaron abusando de ella. Del guitarrista no volvió a tener noticias.


Es casi la madrugada de un día cualquiera de mucho tiempo después cuando Raquel, como si despertara de un largo letargo, se ve sobre el asfalto de una ciudad cualquiera, todavía mojado por el rocío de la noche. Un taxi tiene que frenar en seco porque ha estado a punto de atropellarla. ¡Ten cuidado joder! Ella deambula solitaria  por la ciudad intentando acallar su soledad con alcohol, desde entonces lo está haciendo, y ya van para cinco años. Come en los comedores sociales y duerme donde puede, en ocasiones con algún desaprensivo que la abandona al amanecer. No es difícil encontrarla pidiendo limosna en las puertas de las iglesias, en las plazas o a la entrada de comercios u hoteles. Su vida se ha ralentizado y el paso de los viandantes forma una ráfaga de sombras que la rodean sin acercarse y la observan a toda velocidad.


La gente murmura al verla pasar, a nadie le importa su soledad y nunca se han parado a preguntarle por su tristeza. Ella sabe cuál es su destino, se lo dice cualquier espejo al que se mira y en el que en ocasiones busca una sonrisa que desde hace años no se ha querido parar en su rostro. 


Hace unos días al despertar sobre el banco de un parque y mirar a su alrededor, vio a un perro que dormitaba a su lado. Tienes sueño, ¿eh?...Tú también sufres,  ¿verdad? El perro despertó moviendo la cola y mirándola exhaló un aliento húmedo y cálido. Raquel, pensó que al fin había  encontrado a un ser viviente que podía escucharla y decidió desahogar su corazón, contándoselo todo. Desde ese día se le vio acompañada por su perro.


 Pero cuando llega la noche, cansada, triste y sola con su perro,  se pregunta por qué su vida ha tenido que acabar así y en el viento cree escuchar a su madre susurrándole un “te quiero mi niña”.


Ojalá un día cruces la frontera de ese rincón del cual no te atreves a salir y busques la protección de los que te quieren, donde curarás tus heridas y desengaños, donde el viento del amor volverá a golpear tu ventana.


(Dedicado a esa chica solitaria)

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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