Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/11/2017
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Tomás Néstor Martínez, Andrés Martínez Oria y Luis Alberto de Cuenca
20/08/2017
CONVERSACIONES SOBRE POESÍA

Sobre la poesía y los poetas

Con motivo de la estancia del poeta Luis Alberto de Cuenca el pasado 15 de julio en Veguellina, como participante de 'Poesía a Orillas del Órbigo', Astorga Redacción invitó al escritor, a Tomás Néstor y a Andrés Martínez Oria a una tertulia de poesía. Este fue el resultado

 

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Tomás Néstor: Ya que estamos debajo de la parra y disfrutando del frescor de las proximidades del río Órbigo con Luis Alberto de Cuenca, que de seguir así, pronto será un poco ribereño, maragato  o  berciano y muy leonés.

 

Luis Alberto de Cuenca. En Tierras de León siempre me encuentro un poco como en casa…

 

T. N.: Yo tengo aquí algo que dijo Gabriel Sopeña.

 

L. A. C.: Gran amigo mío, aragonés, compositor.

 

T. N.: ...dice, refiriéndose a Luis Alberto de Cuenca, “Poeta príncipe que ha trascendido y trascenderá generaciones y nos convoca y conmueve a Loquillo y a mí.”

 

L. A. C.: Gabriel Sopeña fue el autor de las melodías de las canciones que se concretaron en el disco ‘Su nombre era el de todas las mujeres’, que interpreta Loquillo. Sopeña musicalizó 40 temas basados en 40 poemas míos que al final se quedaron en 15 para el disco, pero siempre queda la esperanza de poder seguir cantando.

 

T. N.: De todos modos tú llegaste mucho antes a los Beatles que a Schakespeare. Pues tu hermana era muy aficionada al rock y entonces en casa…

 

L. A. C.: Pero sobre todo el rock norteamericano, ella era de Elvis sobre todo. Mi hermana nació en 1945, a sus 15 años todavía no habían eclosionado los Beatles. Pero yo en cambio crecí ya con ellos.

 

T. N.: Y por vuestra casa pasaban todos los rockeros.

 

L. A. C.: Había muchos amigos de mi hermana que eran iban vestidos a la usanza de los ‘rockers’ norteamericanos de la época. Con el pelo muy corto, con el cepillo, las chupas etc.

 

 

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Andrés Martínez Oria.: Leyendo tu obra se aprecia la evolución desde los primeros libros hacia lo que tú llamas la línea clara, en la que sigue habiendo ahí un mundo de citas y de referencias que van pasando a segundo plano y van a cosas más esenciales ¿Hay un proceso de depuración? 

 

L. A.C.: Hay efectivamente un proceso de depuración culturalista, un proceso de ocultación de ese culturalismo muy evidente en los primeros poemas, que sigue existiendo pero incorporado al resto del texto sin que se note. No hay ese deseo que tiene todo jovencito de ‘épater le bourgeois’, de hacer una exhibición de todos sus conocimientos. Ese culturalismo de alharaca se subsume en el mismo poema.

 

A.M.O.: Y hay a la vez un proceso de despojamiento de imágenes, de lo que son referencias de metáforas, hacia una poesía más pura. ¿Considerarías que la poesía más auténtica sería la que se va desnudando?

 

L.A.C.: Yo creo que sí. Como decía Juan Ramón: “Vino, primero, pura, vestida de inocencia… Luego se fue vistiendo de no sé qué ropajes…Mas se fue desnudando…y apareció desnuda toda…” etc. Ese poema tan célebre, pero en cualquier caso hay mucho más utillaje retórico en mi primera obra poética que a partir de ‘La caja de plata’ donde el poema está mucho más desnudo, más despojado de aliños. Estoy de acuerdo contigo ahí.

 

A.M.O.: ¿Ese proceso sigue avanzando todavía?

 

L.A.C.:  Llega un momento en que no puede avanzar más, pues en mí es muy importante el mundo de las lecturas y de la cultura, como lo era a los quince o 18 años. No voy a acabar escribiendo una poesía desprovista de todo tipo de connotación. Mi poesía siempre estará ligada a la cultura, cosa de la que me enorgullezco. Ese despojamiento del que hablas tendrá un límite, como lo tiene también en Juan Ramón, que no prescinde de la retórica ni en su poesía más desnuda. Es un sabio, Juan Ramón, pues nunca se desprende de toda su sabiduría poética como creador.

 

T. N.: Has dicho en alguna ocasión: “Siempre he pensado que hacer versos es una fiesta, algo muy parecido a la felicidad”.

 

L.A.C.: Sí, porque no pienso que sea un acto terrible, un parto lamentable en el que se sufre muchísimo de unos dolores insoportables; para mí escribir poesía es algo gozoso, simpático, agradable, un acto amateur, no profesional, no tengo que escribir poesía porque sea poeta, sino porque me da la gana escribirla y si luego resulta que soy poeta, pues mejor.

 

T.N.: ¿Es un vicio?

 

L.A.C.: Por qué no, un vicio positivo que no deja secuelas.

 

 

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A.M.O.: Y en relación con lo que dice Tomás, ¿podríamos concebir la poesía como un estado de gracia. La poesía como iluminación?

 

L.A.C.: Más que como iluminación, como estado de gracia. Yo creo que es la ‘Musa’ la que te regala los versos. Creo en la inspiración y en ese sentido soy romántico. Pero solo en este aspecto, pues tiendo más al Clasicismo que al Romanticismo y hacia el Renacimiento que al Barroco. Pero en cualquier caso creo que hay algo de gratuidad en la poesía y de voz interior que la ‘Musa’ utiliza para dictar los versos al poeta.

 

A.M.O.: Ese sentido de naturalidad, de la poesía como si formara parte de nosotros yo lo veo encarnado en Lope, en Lorca, en Rubén Darío. Son poetas que podríamos decir de estado de gracia.

 

L.A.C.: La verdad es que a los tres los he leído con mucho aprovechamiento y me fascinan los tres y creo que son fundamentales en el desarrollo de la poesía española. Por ejemplo yo prefiero a Lope que a Quevedo y a Góngora. Me fascina porque su vida está tan imbricada en su poesía, está continuamente desarrollando su biografía en el poema.

 

T.N.: Si mal no recuerdo, a un periodista le recomendaste una vez un libro que no sé si es de farmacia o de qué. Se trata de ‘Esbozos pirrónicos’ de Sexto Empírico. Yo cuando leí esto me dije: esto tiene que ser un analgésico eficaz.

 

L.A.C.: No tiene nada que ver con la farmacia. ‘Esbozos pirrónicos’ va sobre Pirrón, que fue el creador de  la escuela escéptica, una de las escuelas helenísticas de filosofía más importantes junto con el estoicismo y el epicureísmo, y es mi escuela helenística favorita. Creo que  a golpe de duda es como avanzamos. Y ‘Esbozos pirrónicos’ es el libro escéptico por excelencia. Sexto Empírico lo que hizo fue recopilar todas las doctrinas pirrónicas en esos esbozos que son de lectura totalmente aconsejable e irrepetible por cualquier otro filósofo, porque es de una originalidad, de una fuerza, de una cercanía que me entusiasma, yo creo que con la duda y el sano escepticismo se puede llegar muy lejos y creo que nos iría mejor a los seres humanos si incluyéramos en nuestra dieta espiritual una dosis de escepticismo.

 

T.N.: Me refería al escuchar el título del libro y es que es algo que parece de terremoto.

 

L.A.C.: Montaigne tiene un montón de citas de este libro de Sexto Empírico en las vigas de su castillo cerca de Burdeos.

 

 

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A.M.O.: Mencionabas la presencia de lo autobiográfico en la poesía de Lope. ¿En qué medida se equilibra según tu opinión la ficcionalización del yo en la poesía con la vinculación entre la poesía y la vida? ¿Hay mayor abundancia en tu poesía de lo que llamaríamos el yo ficticio, la invención de un yo para el poema o está en tu poesía la presencia de lo autobiográfico y tal vez solapado…?

 

L.A.C.: Yo no hago distinción entre el yo ficcionalizado y el yo biográfico o digamos auténtico. Cualquier proceso literario va paralelo a la vida, no llega nunca a juntarse con la vida, aunque vaya muy próximo a la vida las paralelas nunca se juntan. En ese sentido no veo diferencias entre poemas míos que hayan sido motivados por una experiencia autobiográfica real o unos poemas en los que le presto la voz a ese yo ficcionalizado. A veces incluso me parece que soy más yo en el yo ficcionalizado que en el yo auténtico autobiográfico. Incluso hay poemas de los que me preguntan: ¿y eso te pasó a ti? Y no me pasó en absoluto, pues parece que lo que se dice en el poema destila autobiografía; y hay otros poemas en los que no parece estar el yo auténtico el yo autobiográfico detrás y sí lo está. Así que el poeta es un fingidor que decía Pessoa y toda literatura es mentira en el buen sentido del término, no en el sentido moral.

 

A.M.O.: Y verdad también. No sé si estarás de acuerdo con aquello que decía Borges de que al final sumando todas las páginas que ha escrito un creador, podríamos extraer su retrato. De alguna forma estamos en el conjunto de lo que hemos escrito.

 

L.A.C.: Conoces perfectamente a Archimboldo, el famoso pintor del siglo XVI de la corte de Rodolfo II de Praga, que utilizaba para hacer personajes diversidad de objetos, animales, frutos, objetos etc. En el fondo la obra literaria de un autor no es más que una especie de Archimboldo que acaba configurando los rasgos de la cara del propio autor.

 

 

El Nobel de Dylan

 

 

T.N.: Dices que tener el Nobel desde hoy, a partir de la última concesión del mismo, es un demérito. No eres muy de Bob Dyland como poeta.

 

L.A.C.: Soy muy de Bob Dyland, pero creo que tendrían que haberle dado el premio Nobel de la música, si existiera. Por ejemplo, Leonard Cohen, es mucho más poeta que Bob Dyland. Una vez cuando le dieron el Príncipe de Asturias de las Letras sí lo defendí porque me parecía que tenía un poso literario importante; pero Bob Dyland es sobre todo un gran intérprete y un gran músico y que las letras a veces son muy bonitas también. Lo de darle el Nobel es un oportunismo de la academia sueca.

 

A.M.O.: Que luego se lo paga en su justa medida, no apareciendo por allí a recogerlo y menospreciándolo públicamente.

 

T.N.: La poesía no es un drama. Nos libera.

 

L.A.C.: Pero también el drama nos libera; puede ser dramática e incluso trágica la poesía…

 

T.N.: Y liberadora.

 

L.A.C.: Sí, liberadora pero en la medida en que la tragedia también produce la catarsis que evidentemente es purificadora. Sea tremenda, sea lamentable, sea elegíaca en un plano excesivamente triste o melancólica sin embargo la poesía siempre acaba teniendo un efecto liberador. Y si es encima divertida y cómica, tanto mejor.

 

 

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A.M.O.: En ese proceso que decíamos antes de depuración se ve también un proceso de camino hacia la brevedad. He visto en tu poesía muchísimos poemas de nueve versos, es curioso…

 

L.A.C.: Sí, nueve versos endecasílabos. Lo utilice en la serie negra de 'La caja de plata' y lo he vuelto a utilizar en el ‘Álbum de recortes’ de ‘El hacha y la rosa’ y en otros poemas de ‘Cuaderno de vacaciones’. Hombre lo de la brevedad es algo que estando aquí presente Luis Miguel Suárez Martínez que conoce a la perfección mi obra, que investigó y dedujo que precisamente esa brevedad viene de la literatura epigramática griega, sobre todo de ‘Calímaco and company’, de la antología Palatina y luego también de los elegíacos romanos, Catulo, Propercio, Tibulo, de Marcial, por supuesto. Yo tengo una deuda con esa literatura clásica y lo que he hecho es trasladar una serie de moldes tanto métricos como estilísticos y de contenido incluso a mi siglo y a mi momento. La poesía como decía Antonio Machado es palabra en el tiempo, no se puede uno sustraer a su tiempo. Pero la brevedad es algo que comparto con el epigrama helenístico y con las canciones provenzales.

 

 

Dos líneas en la poesía

 

A.M.O.: ¿Coincides con ese famoso artículo de Bécquer que era el prólogo a la poesía de Augusto Ferrán, ‘Soledades’, donde habla de dos líneas en la poesía. Habla de una línea representada por esa línea de artificio, de mayor complejidad, barroca, pensamos en Góngora; y luego habla de otra, posiblemente se estaba reflejando en el espejo a sí mismo y a Ferrán, de la que dice que es natural, que es breve y que es seca. La poesía de Becker también va en esa línea de la brevedad.

 

L.A.C.: Becker es el fundador de la poesía española contemporánea. La sequedad es con lo que no estoy tan de acuerdo, pues también es muy húmeda la poesía de Becker.

 

A.M.O.: Probablemente él se refiere con seca a que no hay florituras, no hay halagos verbales, se prescinde del recurso para ir a lo esencial.

 

L.A.C.: Coincido plenamente con el maestro sevillano que es uno de mis autores favoritos.

 

A.M.O.: A ese artículo apelaba también Panero que era un prosista magnífico.

 

L.A.C.: Extraordinario.

 

A.M.O.: Lo conocemos por sus versos, pero sus reflexiones sobre la poesía son de una hondura…Ahí habla de ese artículo de Bécquer y se muestra de acuerdo en ese desnudamiento, en la búsqueda de la autenticidad, la claridad. Utiliza una imagen muy bonita, dice que el agua por ser profunda no tiene porque ser menos clara.

 

L.A.C.: Hay otra imagen de Bocángel que utilicé yo: “Que nadie confunda lo culto con lo escuro, que lo culto es siempre claro”. Ese es mi evangelio y voy a tomar como medida de mi poesía lo que acabas de decir certeramente.

 

A.M.O.: Lo expone en el artículo: ‘El sentido moral en la poesía española’. Es uno de los artículos más bellos y profundos…Dice Panero que no utiliza la palabra moral en el sentido ‘sacristanesco’, sino que en el otro sentido.

 

L.A.C.: Y hace muy bien en diferenciar, porque a mí incluso me costaba decir que había una estudiosa de Sevilla que se llama Victoria León que había sacado una antología de poesías morales mías, ’Abre todas las puertas’, porque parecía que todo era como la ‘Epístola moral a Fabio’.

 

 

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El proceso de elaboración de un poema

 

A.M.O.: ¿Cómo es el proceso de elaboración de un poema? ¿Cómo se consiguen poemas tan bellos como ‘A Persi Flacci choliambi’.

 

L.A.C.: Leyendo los choliambos de Persio e interiorizando esos versos de Persio en mi manera de ver el mundo, de sentir esos poemas y mi propia vida a través de esos poemas.

 

A.M.O.: Albero, perdona que te corte. ¿Cómo surge un poema? ¿Surge de una lectura, de un momento de la realidad, de una evocación, de una imagen?

 

L.A.C.: De todas esas cosas. Hay poemas que surgen de una imagen, otros de una evocación, otros de un momento concreto de la vida de uno.

 

A.M.O.: Y el proceso material de escritura ¿Puedes confesárnoslo?

 

L.A.C.: El primer verso te lo regalan como decíamos antes las Musas siempre y luego tienes que ir fabricando a partir de ese primer verso, que es el milagro del primer verso.

 

A.M.O.: ¿Cómo fabricas?

 

L.A.C.: Van surgiendo. No tengo sensación de método…

 

A.M.O.: O sea que tienes una primera idea…

 

L.A.C.: Luego en el ordenador va surgiendo la corrección ‘ad infinitum’, y cuando veo que tengo más o menos una versión más o menos niquelada, la dejo reposar unas horas y luego vuelvo a ella y puedo variar dos o tres cosas, pero ya está más o menos hecha. 

 

A.M.O.: ¿ese primer proceso creador cuándo te surge? ¿Por la mañana, al amanecer?

 

L.A.C.: Sobre todo en verano, me da vergüenza.

 

 

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T.N.: De ahí ese cuaderno de verano, ese que te lo impone el maestro para que te entretengas.

 

L.A.C.: Y la verdad es que siempre tengo la angustia en el mes de Julio de ver si este año voy a ser capaz de urdir algún poema, porque este año es muy especial, porque tengo que preparar el libro que va a aparecer en 2018, entonces a lo mejor soy menos prolífico en el presente verano, pero para compensar ya está lo del año pasado. Siempre que desconecto de la realidad laboral de Madrid y me voy a otro sitio surge la poesía.

 

T.N.: ¿Madrid es enemiga de la creación?

 

L.A.C.: No, cuando no tengo líos, muchos de mis poemas están fechados en Madrid, soy tremendamente urbano, mi poesía es muy urbana.

 

T.N.: Antiguamente, algunos hombres le ponían un piso a las queridas. Tú le has puesto a la poesía un piso.

 

L.A.C.: A la poesía no, a la literatura.

 

T.N.: No, a la poesía le has puesto la terraza.

 

L.A.C.: Sí es verdad, la poesía en la terraza que la he cubierto.

 

T.N.: Pero la poesía en la terraza porque da más luz.

 

L.A.C.: No, porque son unos estantes que me permiten tenerlo por orden alfabético. Por cuestión de tallaje. Más que poner un piso a la literatura, lo que he hecho es utilizar el piso de soltero mío para albergar mis libros. Voy todos los días a trabajar allí.

 

 

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T.N.: Y luego coleccionista de casi todo y la biblioteca bien ordenada.

 

L.A.C.: Bueno, bien tallada, pero sé más o menos donde están los libros, hay veces que me he pasado una tarde buscando un libro.

 

T.N.: Y coleccionista de cromos de vitolas, de todo.

 

L.A.C.: Me gusta mucho el coleccionismo de tebeos, de cromos, de figuritas de superhéroes.

 

 

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T.N.: Además ibais al rastro con un poeta gran amigo de ambos, Diego Jesús Jiménez, a comprar…

 

L.A.C.: Con Diego Jesús Jiménez íbamos los domingos a comprar comics de los que nos faltaban del Guerrero del antifaz, de Roberto Alcázar y Pedrín, del tebeo español de los años 40 y 50. Quedábamos en la calle Serrano con don Ramón de la Cruz. Me cogía él en un R8 y nos íbamos al Rastro. Diego Jesús Jiménez tuvo una época en que fue editor de comics, ‘Ibercomic’ se llamaba su editorial.

 

 

 

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