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Samuel Yebra Pimentel
17/08/2017

Severa vigilancia del Ayuntamiento: sexo, ‘me gusta’ y otros 'clicks'

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“Muchos se sienten confusos tan solo. El suelo tiembla y no saben por qué y de qué. Esta su situación es angustia, y si se hace más determinada, miedo.”

 

Ese es el comienzo de 'El principio esperanza’ de Ernst Bloch: un diagnóstico sobre la sociedad capitalista aplicable a la Astorga de aquí y ahora. Y no me refiero solo a la vigilancia parapolicial ni parroquial que pudiera padecerse especialmente en la ciudad, sino también a la incertidumbre socio-laboral que se vive en la clase trabajadora, -con unos contratos miserables, cuando los hay, y totalmente abusivos-, y a la manera en que unos cuantos se están aprovechando de esta situación de desamparo. ( Y el gobierno mirando para otro lado. Léanse los datos de Cáritas sobre la pobreza en Astorga y comarcas)

 

En el feliz parloteo pseudodemocrático de las redes sociales la opinión de cada ‘quisque’ está a la altura de la de cualquier otro (la condición crítica sería que ese cualquier otro u otra sea efectivamente ‘cualquiera’. En otro caso no es verdad.) El argumento más utilizado en las redes sociales no alcanza ni de lejos a ser un argumento, es falacia, es ‘ad hominen’, es ‘y tú más’. Las redes sociales son el lugar del ‘y tú más’,  del ‘parece mentira que…’, son el lugar del excremento. ‘Me divierte’.

 

Además las redes sociales, -lugar proclamado de la libertad de opinión, donde cualquiera puede decir lo que le venga en gana, lo piense o no, con razones o sin ellas-,  se suelen utilizar, y en Astorga se viene haciendo, como instrumento de control, para reconducir las voces ‘indeseadas’ de quienes piensen y opinen de otra manera que los que mandan. (Entre tanto 'doctorico' y ‘honoris causa’ bueno sería citar a Humpty Dumpty o al porquero de Agamenon. Y no hablo de Facebook.). ‘Me enoja’.

 

Ese control se viene haciendo desde la propia sociedad, que en Astorga siempre ha sido muy alguacilesca y, lo que es más grave y antidemocrático, desde el poder político del Consistorio. Me repito porque es importante: los ‘me gusta’ que entiendan como desafectos podrán ser reconvenidos con un clic negativo: ¡Mira a quién has puesto ese ‘me gusta’!, te señala el dedo anillado del alguacil o alguacilesa. Ya sé que fue un momento de debilidad, tómate ese chupito. Verdad que tendrás más cuidado de ahora en adelante, otro chupitín de ricino mujer, y así no te olvidas... No han faltado ni faltan los intentos de control a los periodistas para que todo pase por esa fanfarria de ‘gabinete de prensa’ con el que se ha ‘aggiornado’ la Alcaldía, que no el Ayuntamiento. (Dios salve al Ayuntamiento). ‘Me entristece’.

 

Los ciudadanos reconvenidos se sienten al principio tan solo confusos, en el caso de que no estén ya alienados y no dependan económicamente directa o indirectamente del Consistorio. Si así fuera el suelo les tiembla y no saben de qué ni por qué. Ceden a las presiones, se travisten con el paño envenenado y se duelen por lo bajo, mientras enseñan a los concejales y concejalas su mejor sonrisa. ‘Me asombra’.

 

Han vendido su libertad por el platito de lentejas, la única que creían que les quedaba, su libertad de opinión en ‘Facebook’. Esto crea angustia ¿qué diablos de gente soy yo?, ¿por cuánto tiempo tengo que hacer esa mirada? ¡Si a fin de cuentas era una bagatela! De la misma 'vaga tela' que confeccionan los espúreos sastres el 'papelillo diario' para la Alcaldía de Astorga. Si además la situación se concreta más, aparece el miedo. ‘Me enoja’.

 

Es para no tener miedo del miedo por lo que hay que temer ese miedo. ‘La negación’ es el término utilizado por Stanley Cohen para definir la posición psicológica en la que nos sitúa esta insensatez, efecto del control intensivo. ‘La negación’ es la represión, el descrédito, la reinterpretación de la flaqueza que hemos cometido: No era nada lo del ojo, se termina por decir: ‘Me asombra’.

 

Si cada cual denunciara los chantajes que padece, el poder se derrumbaría delicuescente como una lágrima a los pies del pueblo soberano. Pero ‘cada cual’ se encuentra solo y con angustia, acobardado. El lazo social despedazado. ‘Me entristece’.

 

Aquel partido de fútbol decisivo que nos mantuvo unidos durante unas horas era tan solo una salida de tono del desenfoque cotidiano por el que no obramos juntos. Lo mismo pasa con los cinco minutos que dura el consenso ante los atentados de Barcelona. Proclaman los políticos en sus discursos que el terrorismo agrede lo fundamental de nuestra sociedad: la solidaridad, la libertad, la justicia; justamente aquello que a estas alturas ha dejado de ser el fundamento de nuestra sociedad: la libertad, la solidaridad, la justicia. (Todo o casi todo se queda en proclamas, con un lenguaje en apariencia liberador pero que se desvía de lo que sería el verdadero objetivo de libertad.) Así las cosas todavía podrían ir a peor, y ese peor, aunque sea a su pesar, no lo van a imponer los terroristas. Acuérdense de los chupitos de ricino. 'Me enoja'.

 

Si actuamos o no por vasallaje, por temor a la censura de unos cuantos gerifaltes antañones y de sus mamporreros, por temor a caer en desgracia a causa de una liviandad, por el puro miedo, seguiremos siendo reos, o hienas, o coronados de hiedra, infelices. ‘Me asombra’.

 

“Habría que empezar por reconocer que el prójimo no es el límite de la propia felicidad, sino el elemento en el cual esta se verifica. Tendrían que empezar por saber que en una democracia el poder tiene que estar al servicio de los ciudadanos, nunca “the hand that signed the paper”… ‘Me gusta’. 

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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