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Max Alonso
17/08/2017

Maragatos de la Maragatería

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Hace unos días tuve la ocasión de visitar en Villagarcía de Campos -en donde jugó y ensayó batallas Jeromín el futuro Juan de Austria, Almirante de la de Lepanto-, en compañía de mi primo Emilio Geijo, al jesuita Eutimio Martino.  El profesor cuenta con 92 años,  lo que no le impide conducir y escalar montañas. En ellas nació y las leonesas las ha escalado todas y en ello sigue y, lo más importante, conserva ágil y lúcida su mente privilegiada para proseguir su descomunal obra científica de investigación.

 
 
En su haber este insigne catedrático emérito de la  Universidad de Comillas tiene cerca de una veintena de libros y otros tantos artículos de investigación consignados en la Wikipedia. Algunos de sus libros son del calibre de ‘Roma  contra astures y cántabros’,  que siendo como es una obra especializada ha alcanzado su quinta edición. ‘Si yo tuviera pluma’, título bien cervantino, es una obra singular en la que defiende su tesis del origen leonés de Miguel Cervantes Saavedra, sin que nadie se lo haya podido rebatir. Allí en Oseja de Sajambre, entre las montañas cántabras pasó su infancia como hijo de judíos escondidos y de allí son muchas de las expresiones que consideramos cervantinas como algunos de los personajes que conviven con el ingenioso hidalgo don Quijote.

 

Su autoridad innegable en las materias que aborda,-la de Astúrica no le tienta “porque ya está trillada”-, está sobre todo en los toponímicos y me atreví a formularle la pregunta sobre el origen de la Maragatería y los maragatos. Tres son las tesis que se han formulado y ninguna convincente. La primera que provienen de ‘Mauri capti’, moros cautivos, sin que ningún  documento lo acredite. La segunda que proviene del rey asturiano, nada ejemplar,  Mauregato. También sin alguna prueba documental. La tercera, más improbable y hasta peregrina,  que proviene del ‘mar’ y los ‘gatos’. Por los arrieros que transportaban el pescado del mar Cantábrico a los gatos,  como se conocía a los madrileños.

 

El padre Martino, especialista como es en topónimos tiene una explicación más sencilla y convincente. Maragatos es un nombre que está en el habla de la gente de la Maragatería y aunque por la forma parece un plural es un singular que hace referencia a una denominación de lugar: Maragatos. Ellos dicen: “Fulano estaba aquí en Maragatos”. También “Vino a Maragatos”. Topónimo que se refriere a un lugar y por deducción a su tierra, la Maragatería, la gente que allí habita.

 

Del origen de los mismos nada se dice pero que provienen de los árabes ni hay indicios ni menos pruebas. Así de sencillo es el razonamiento del sabio padre Martino, sin que tampoco nadie le descabalgue.

 

Viajero y conferenciante como es me gustaría verle en Astorga para que nos ilustrara con su sabiduría desbordante de al menos un tema: ‘Los maragatos y la Maragatería’,  aunque son tantos los que podría abordar y deslumbrarnos. Como lo hizo conmigo en mi adolescencia y ahora, más de cincuenta años después, es cuando ha adquirido y remansado su vasta y luminosa ciencia.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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