Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/09/2017
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Testo:José Miguel López Astilleros Ilustración: Patricia Gutiérrez
20/08/2017
Los sueños de Mario Santiago Papasquiaro

Sueño 2

 

[Img #31606]

 

 

 

Aullido de muerto

 

 

No somos nuestra piel de mugre, no

somos nuestra triste espantosa

polvorienta locomotora sin imagen,

todos somos hermosos dorados girasoles

por dentro… 

 

                Allen Ginsberg

 

 

Cuando me canso de retorcerle el puño a la moto negra que se parece a la luna Asia, solo ella llora conmigo si siente que nos alejamos felices hacia los confines de los mapas, allí donde la nave de los locos de Sebastian Brant canta como una sirena de metal, y rasga el cuerpo núbil de una guitarra eléctrica, que escupe melancólica todo el hermoso intestino podrido de las entrañas de su alma. Cuando me canso de no sostenerme sobre mi moto luna Asia, porque miles de aguaceros tropicales caen sobre mi rostro adormecido por los alucinógenos, aun en las noches sin mácula, siento que el tubo de escape exhala ángeles carbonizados por el abismo de nuestro destino. Entonces la gravedad, ley suprema del vencido, arroja su lengua bífida contra el velocímetro hasta someterlo al asfalto. Me cago en la puta madre de Newton, clamo solidario con Lucifer, mientras mis testículos se despegan del asiento y vuelan hacia el dolor del desprendimiento. Si tuviera un 45 le pegaría un tiro a tu cuerpo de nube para no verte sufrir, silente, entre un charco de sangre aceite, entre los giros inarmónicos del viento detenido en tus ruedas. Cuando me canso de no encontrarte en los sueños que surcan los océanos celestes, en la rebeldía de la inocencia. Entonces me calzo los zapatos anónimos y salgo a buscarme. Pero por mucho que indague mi boca apátrida, frecuentada por el dulce clítoris de las orquídeas, en el espesor de las revelaciones líquidas. Pero por mucho que las geografías de infinitas naciones, nacidas de los humos candentes de mi estratosfera, se esfuercen en dibujar perfiles cercanos. Nada he de hallar que me devuelva el reflejo de lo que solo la locura me ha de confiar. Ni en avenidas populosas, ni en parques con estatuas de dioses, ni en librerías añejas, ni en lechos con semen urgente, ni en… No hay lugar que pueda albergar un resquicio vivo que se asemeje a este dolor por no estar muerto. Por eso aquella noche de un verano transparente me dejé caer por el Semefo -Servicio Médico Forense-, como única esperanza de encontrar a quien había muerto el día que no rematé el cadáver de mi moto negra luna Asia. Durante la contemplación de mi cuerpo torturado, masacrado, por las conspiraciones de tantas soledades y algunos placeres, me pegunté si mi esposa Rebeca, mi hija Nadja y mi hijo Mowgli perdonarán algún día los pecados de este teporocho, que aún continúa delirando en los vastos jardines de los libros imaginados. 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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