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Eloy Rubio Carro, José Manuel Carrizo y María Antonia Reinares
24/08/2017
ENTREVISTA / José Ignacio Amestoy Eguiguren, periodista y dramaturgo

"Necesitamos una sociedad vertebrada, preocupada de sí misma, para tener buen teatro y buen periodismo"

José Ignacio Amestoy Eguiguren además de autor teatral ha ejercido el periodismo, llegando a ser redactor jefe de 'La actualidad española' y de 'Diario 16', donde fue director adjunto. Articulista de prensa, profesor de Historia de la Literatura Dramática en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y actualmente en la Universidad Internacional de la Rioja, también ha trabajado para infinidad de espacios dramáticos para la televisión. Ha estado en Astorga y no hemos desaprovechado la ocasión para hablar con él.

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Eloy Rubio Carro: Ha estrenado una veintena de obras. Premio Nacional de Literatura Dramática de 2002 por ‘Cierra bien la puerta’, dos veces premiado con el Lope de Vega, por ‘Ederra’ en 1981 y con ‘Chocolate para desayunar’, además de otros galardones. ¿Están estos tiempos que corren para escribir y representar teatros?

 

José Ignacio Amestoy Eguiguren: Siempre está el ser humano pendiente de observarse a sí mismo. El teatro es lo que permite ese contacto epidérmico, cercano que nos lleva también a una conexión racional. En estos tiempos como también en otros el ser humano no quiere verse. Esto es un peligro, y el buen teatro lo que busca es que el ser humano se observe a sí mismo para corregirse. Es lo que llamaríamos ‘el milagro del espejo’. ¿Qué para qué nos miramos al espejo? Para perfeccionarnos, para ver nuestras deficiencias y el buen teatro es lo que pretende buscar. Pero el teatro también puede ser el lugar en donde se busca el entretenimiento, pasar el rato y curiosamente el no enfrentarse con uno mismo. El teatro más profundo, el teatro especular, tiene dentro de sí mismo esos competidores. Ya Terencio se quejaba en un prólogo a ‘La suegra’ de quererla estrenar en tres ocasiones; en la primera vino un funámbulo, en la segunda hubo en el circo romano unas actuaciones, y en la tercera, Terencio, pide silencio para que se pueda llevar a cabo la representación entera de la obra.


Que Terencio no pudiera estrenar la obra en dos ocasiones por el movimiento que había en el circo romano, por el entretenimiento o por el bullicio, nos consuela de este momento nuestro. En el teatro actual nos encontramos por ejemplo con ‘El Rey León’, que es una obra magnífica de teatro musical que triunfa en Broadway, en las grandes capitales europeas. Se trata de una obra para pasar el rato. Sigue dándose esa competición entre el teatro espejo de la realidad y el teatro de entretenimiento. ¿Todo esto es teatro? Indudablemente sí. Yo prefiero ese teatro de reflexión.

 

 

José Manuel Carrizo: ¿Y la combinación del teatro divertimento y del teatro reflexión no podría darse?

 

De hecho siempre hay que hacerlo. El teatro de reflexión no puede huir de ese elemento de diversión del ‘divertere’ orteguiano para verterse uno en el otro, pero con una intención, el mismo objeto de Beltor Brecht: enseñar divirtiendo. Pero ahí entramos en ese terreno del ‘divertere’, que es muy diferente del pasar el tiempo. Porque indudablemente hay gente que va al teatro a pasar el tiempo y que no le perturben, que por favor no le planteen nada. ¡No quiero que ustedes me planteen nada!, ¡quiero huir de la realidad!, ¡quiero huir de mis problemas! Ahí está el ser humano más vulnerable.

 

El teatro es importante siempre que tengamos una sociedad responsable. Allí donde tengamos una sociedad vertebrada, preocupada de sí misma, tendremos un buen teatro. Por ejemplo en el tardofranquismo había preocupación por lo que iba a estrenar Buero Vallejo cada temporada, qué nos iba a decir de lo que nos estaba pasando a nosotros. Con ‘El doctor Valmy’ el tema era el espionaje, tan de moda en la actualidad digital. En ‘Historia de una escalera’, lo que le sucede a una sociedad que de repente se repite a sí misma y que no evoluciona. En ese sentido Buero Vallejo era una especie de cronista de la realidad de la sociedad española, una sociedad que estaba esperando todos los años a ver qué nos decía Vallejo de nosotros mismos.

 

 

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E.R.C: Una tetralogía sobre la monarquía española iniciada con ‘Violetas para un borbón. La reina austriaca de Alfonso XII’. Una trilogía sobre la vida actual con ‘Cierra bien la puerta’, ‘Chocolate para desayunar’ y ‘El demonio de los ángeles’. También una mirada atenta a la historia reciente de España con ‘Guernica: un grito. 1937’, ‘El toro rojo’, ‘Dionisio Ridruejo; una pasión española’, ‘No pasarán, Pasionaria’. En definitiva una mirada diversa a lo que fuimos y a lo que somos. ¿Qué relaciones y/o vínculos permanecen entre lo que fuimos y los que somos?

 

Bueno el ser humano se repite, y el modo de ser español también se repite. Indudablemente nacemos, suelo decir mejor nos ‘desvivimos’, y morimos. De la misma forma que la naturaleza sigue un ciclo: primavera, verano, otoño, invierno; el día, la noche.  Ahí indudablemente nos repetimos y el ser humano no va a ser menos y se repite también en sus problemas.


Yo acabo de terminar precisamente esa tetralogía sobre los Borbones que comencé hace unos años con ‘Violetas para un Borbón. La reina austríaca de Alfonso XII’. Acabo de terminar la segunda pieza de esa que quiero que sea una tetralogía sobre Alfonso XIII y le llamo ‘Adiós Borbón, las reinas de Alfonso XIII’. Lo que quiero descubrir a partir de estas obras o en las que hice sobre la mujer en el siglo XXI, o en otras relativas al País Vasco (me preocupa  el problema de violencia y de silencios que ha existido en el País Vasco). Podemos observar ahí cómo se repite la historia.

 

En el reinado de Alfonso XIII nos encontramos con ese ímpetu del deseo de la República. El deseo de la República, un deseo que indudablemente España ha tenido a lo largo de su historia, con los austríacos, con los Habsburgo; de alguna forma se configuró una España con diferencias con los Fueros, con los pactos. Hoy en día se dice que España es un país de países, no es una apreciación errada, pero siempre hemos tenido los pactos. En el propio País Vasco los reyes iban a Guernica y juraban los Fueros.

 

En ese sentido hemos logrado que la actual democracia sea una monarquía republicana. Algo que ya se planteó en tiempos de Alfonso XIII, que es lo que he querido desvelar en esta obra que acabo de terminar, también he querido mostrar en esta serie de la monarquía esa historia no oficial. En la primera obra de esta trilogía ‘Violetas para un Borbón, la reina austriaca de Alfonso XII’ se aborda la importancia que tuvo la cantante Elena Sanz, una estrella del Real de la ópera, que fue la amante de Alfonso XIII, antes incluso de casarse con la reina austríaca. En el Teatro oficial de Luca de Tena no se menciona a Elena Sanz y la importancia que tuvo para la descendencia en Alfonso XIII. Yo añadí en mi obra ese granito de arena a la historia no oficial. Tal vez movido por mi propia historia no sólo como autor teatral, sino también como periodista de buscar la realidad, la verdad en el teatro.

 

En la tetralogía sobre las mujeres en el siglo XXI intento ver un poco la situación de la mujer en la actualidad, es el caso de ‘Cierra bien la puerta’ que va sobre una familia monoparental, de una relación madre e hija, algo que se está viviendo en la realidad. Lo mismo intento con las obras vascas que pretenden desentrañar la verdad de lo que ha pasado con esa violencia. En busca un poco de la verdad, en la posibilidad de que pudiéramos alcanzarla.

 

 

E.R.C.: En el artículo ‘El teatro español posterior a 1975’, del Diccionario de Literatura Española e Hispanoamericana, dirigido por Ricardo Gullón, se le encuadra a usted entre los dramaturgos que han permanecido fieles a procedimientos vanguardistas e innovadores: la exploración de mundos oníricos, la apropiación de técnicas habituales en el cine y en el teatro del absurdo y el intento de derribar las barreras que separan la realidad de la ficción y la vida de la apariencia han sido las más habituales…

 

 

Por esa vía, digamos, de la deformación mía a través del periodismo. Pero creo que es importante la búsqueda de la verdad a través del propio arte, esto tiene unas raíces históricas en el propio teatro. Para Beltor Brecht  era ya muy importante la primera obra que se conserva sobre el ser humano, se trata de ‘Los persas’ de Esquilo, que es teatro documento, pues Esquilo había participado en la batalla de Maratón y luego también en la de Salamina. Esquilo  cuenta como ocurrió la batalla de Salamina de una manera muy periodística, cuenta como las quillas de las naves eran lanzas que penetraban sobre las naves enemigas y al final de la batalla llega a ver no agua sino sangre.

 

Ya  a través de Piscator en Alemania se  promocionó el teatro documento, Peter Weis con la indagación que trata del juicio al genocidio de Auschwitz, o Rolf Hochhuth con ‘El vicario’, sobre la intervencion De Pío XII con Hitler, y probablemente Gullón tenga razón al hablar de esa profundización, acumulando todo lo que el teatro nos ha prestado con anterioridad, incluso con elementos del absurdo. No podemos olvidar nuestra contemporaneidad y en este momento la transversalidad de mi generación, que es la de la posmodernidad, y ahora mismo en la ‘post-postmodernidad se están repitiendo los mismos cánones de esa fusión de géneros y fusión también de las propias aportaciones que el teatro ha podido hacer a lo largo de la historia.

 

 

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E.R.C.: En muchas de sus piezas se reflexiona sobre el sentido de la historia de España, que parece abocada al permanente enfrentamiento entre quienes anhelan alguna forma de libertad o de utopía y los que aparecen como partidarios de la tiranía y son capaces de cualquier cosa para mantenerla. Sus personajes empujan la piedra de Sísifo, la suben hasta la cima para afrontar la utopía, pero la despeñan luego en el fanatismo más intransigente. No tiene usted, a lo que parece, mucha confianza en los empeños renovadores de la razón ilustrada (‘La zorra ilustrada', 1996) ¿Quiénes serían los ilustrados y los conservadores de la España actual y cuál es el estado de la cuestión?

 

A menudo hablamos de la tolerancia, pero no me gusta hablar de la tolerancia prefiero hablar del respeto al ser humano, del respeto a los colectivos, del respeto digamos incluso a la tradición, entonces tenemos que tener en cuenta cuál ha sido nuestra conformación histórica a lo largo del tiempo, como en una familia que guarda respeto a sus antecesores, al padre, a nuestra madre, respeto al otro e indudablemente en la vida social también.

 

En España somos muy intemperantes, reaccionamos casi sin comprender la realidad, sin conocerla. Ya dije con anterioridad que en este momento estamos viviendo una ‘monarquía republicana’. Tendríamos que comprender que tenemos una dinastía que de alguna forma fue implantada por Franco, después de la marcha inteligente y racional de Alfonso XIII para que no se produjera una violencia que a la larga se produjo... La sociedad española fue tan inteligente en la transición como para decir: bueno, miren ustedes, la monarquía de la Constitución de 1876 ha periclitado y entonces tiene que haber otra monarquía que con la Constitución actual se ajuste a la República que se estableció en su momento y que precisamente fracasó por la incidencia de algunos criterios absolutistas, digamos, desde la izquierda, de la anarquía y de facciones del comunismo.

 

Por eso, yendo al origen de lo que hablábamos, el ser humano se plantea ahora otra vez la vuelta a la República, cuando en la transición se establecieron unas reglas que de alguna forma plasmaban esa España de las Españas ambicionada por la República. ¿Qué  hay que ajustar más la propia Constitución?, de acuerdo, pero no desde la destrucción, no desde el enfrentamiento, sino desde el entendimiento.

 

 


J.M.C.: ¿Se vería la monarquía como esa argamasa capaz de permitir la unión de las distintas partes de España y como un intento de evitar la disgregación?

 


Alfonso XIII lo tenía que haber previsto, y lo previó antes de la dictadura de Primo de Rivera en el 23, Se había dado cuenta de que el sistema de partidos establecido por Cánovas del Castillo había periclitado, es decir en las últimas elecciones del 23 habían llegado al poder unos 15 partidos, partidos entre sí, y llegando a unas 40 facciones. Ingobernable. El rey tiene una relación muy cercana con Churchill y ve que la hipótesis podría ser, incluso, que abdicara y se presentara a unas elecciones, todavía con la Constitución del 76, y que quedara la Reina Victoria Eugenia de regente, con don Juan que en ese momento tiene 10 años. La cosa tuvo su maduración hasta el punto de que Alfonso XIII tiene conversaciones con Churchill y con Bernard Shaw el dramaturgo; y yo en esta obra desvelo que Alfonso XIII tiene mucha relación con el mundo del teatro. Su amante es Carmen Ruiz Moragas, una de las grandes actrices del momento, muy en relación con Cipriano Rivas Sherif y con Azaña. En ese momento se plantea la posibilidad de que se escribiera una obra de teatro argumentando la posibilidad de que el rey pudiera presentarse a unas elecciones.

 

Esa obra la  escribirá Bernard Shaw por ese tiempo, contaminado por Churchill y por Alfonso XIII, 'El carro de las manzanas’, en donde utiliza esa hipótesis de que un rey pudiera dimitir para presentarse a unas elecciones. El rey consideró esa hipótesis de llegar a un determinado acuerdo, pero surgió el golpe de estado de Primo de Rivera al cual él tuvo que sumarse, es decir, pudo estar informado indudablemente por los servicios secretos… 

 

 


E.R.C.: Personajes siempre conflictivos, ‘camusianos’, con planteamientos compositivos circulares, a menudo con elementos corales como en la tragedia clásica, con un lenguaje muy trabajado por momentos lírico y hasta profético, jeremíaco. Una profecía que no se debe a ningún oráculo que interprete la sentencia de un dios o de la Moira, sino al propio pasado histórico o biográfico que obra y decide en el presente. Es lo que plantea en ‘Cierra bien la puerta’ (1999) o en ‘Elisa besa la rosa’ (1988). Lo mismo pasa con el personaje del monólogo ‘Yo fui actor cuando Franco’ (1990), obsesionado por el ajuste de cuentas con su pasado. O es el caso del Dionisio Ridruejo de su obra homónima, entregado a muerte a causas inconciliables, bien que en momentos diferentes de su biografía.

 

Esto es lo que debe ocurrir siempre en el teatro, es decir que la esencia del teatro es la de un personaje que quiere purgarse, y sucede entonces el fenómeno que desde Grecia se denomina anagnórisis, donde se logra reconocer lo que ha pasado para que el espectador tenga su catarsis. Anagnórisis en el personaje y catarsis en el espectador, ahí es nada, como bruñido de ese espejo que comentábamos al principio.

 

Dionisio Ridruejo es un hombre que como muchos jóvenes en España y ante las circunstancias políticas y sociales que existen, piensa que tiene que haber una revolución, y se alinea con el falangismo. Luego se da cuenta de su equivocación, incluso ha formado parte de la División Azul con Hitler en Rusia. Dionisio precisamente en Rusia se da cuenta de su error. Sufre su anagnórisis y a continuación tiene todo ese proceso de reconstrucción de sí mismo, de búsqueda de sí mismo.

 

Hablabamos del planteamiento ‘camusiano’, de búsqueda del ser humano.  Hablamos antes de un orden general, o un orden personal. El orden personal indudablemente influye en el orden general; yo pienso que es el ser humano el que tiene que comportarse, el que tiene que utilizar su libertad y actuar con relación a ella. Ahí se trata de buscar la anagnórisis del personaje, como el propio Edipo que va buscando quién ha sido el que ha matado a su padre, quién ha sido el que ha matado al rey, y encuentra que “soy yo mismo y que estoy acostándome con mi madre”. Es ese proceso de reconocimiento de encontrarse consigo mismo. Dionisio Ridruejo también paso por él. De Dionisio Ridruejo suelo decir que fue el primer hombre de la transición, y que tal vez si no hubiese tenido una salud tan precaria hubiese sido el  Adolfo Suárez, hubiese sido el presidente impulsor del contubernio de Munich etcétera etcétera. Ese es el proceso en el que sitúo mis obras, de alguna manera lo busco para encontrar a ser humano.

 

 

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E.R.C.: Su relato de la historia parece intencionadamente anacrónico. Hay un pasado que se reactualiza en el presente. Es el caso de  de Lope de Aguirre en ‘Doña Elvira, imagínate Euskadi’ donde acude a la historia de Lope de Aguirre para reflexionar sobre el fanatismo nacionalista ¿Entiende esto como sustrato, un pasado que todavía obra en el presente y es un ‘pasado-presente’ o es simplemente una técnica teatral de distanciamiento para tratar sin recato sobre temas actuales? 

 

Es las dos cosas. Entre mis maestros en el mundo del teatro indudablemente han estado desde la praxis y desde la técnica Miguel Narros, William Layton y desde ese mismo aspecto y también desde los contenidos, en ese doble aspecto, Beltor Brecht, pero sobre todo Antonio Buero Vallejo. Ya don Antonio hablaba de sus oblicuidades, es decir, que para comentar cosas de la actualidad utilizaba cuestiones del pasado. En su caso era para luchar contra la censura, en el mío es como lucha contra la autocensura.

 

Yo creo que tras todo el fenómeno de la transición hemos vivido como un temor, que en este momento se ha agudizado, y ahora estamos en lo que llamamos lo correcto. La corrección en todos los sentidos, pero que en un determinado momento de la transición fue de autocensura. Algo que por las condiciones sociales del ámbito podríamos denominar de ‘decorum horaciano’. Hay  un momento en que la sociedad está abierta, en donde los márgenes son como muy abiertos para decir cosas y hay otros momentos en los que se reduce el ‘decorum’. En este momento estamos justamente en el de la reducción del ‘decorum’ por lo correcto. Lo correcto en el tema sexual, lo correcto en el tema de la violencia. El  tema de la  diacronía a mí me ha preocupado mucho, sobre todo para los temas vascos. Por eso escribí obras como ‘Doña Elvira imagínate Euskadi’ en las que partí sin tener el texto escrito, entonces me involucré con un equipo de teatro de Durango, y  les dije: quiero escribir sobre Lope de Aguirre y su relación con la hija doña Elvira que era una ‘indita’ que había nacido en América, mientras que Lope de Aguirre era un vasco que había huido de la pobreza en el País Vasco al no tener el mayorazgo. Esa relación me interesa porque Lope de Aguirre es la violencia y doña Elvira es la no violencia. Me dijeron que les interesaba y nos pusimos a trabajar. Alguno de los actores me decía de repente, yo estoy de acuerdo con esa frase, con lo que dice, pero no puedo decirla en mi pueblo. Pues vamos a ver, había que actuar con esos aspectos de la diacronía, pero con la sincronía de que estábamos hablando del tema vasco y de la violencia del tema vasco.

 

Esto lo he llevado a las últimas consecuencias de acronía y sincronía con un personaje que me fluctúa en la historia de los Borbones, ahí saco a relucir a un personaje comodín que es uno de los personajes literarios más interesantes de la literatura española en el renacimiento, que es Francesillo de Zúñiga, que fue el bufón de Carlos V, que escribió su propia crónica. Yo lo utilizo de personaje comodín, vestido como tal bufón de la corte. Y él me ha permitido en la obra de Alfonso XIII hablar de las 17 autonomías, aunque Alfonso XIII no sabía de qué iba esto, pero ese elemento diacrónico que había en Francesillo de Zúñiga que me podía hablar de Carlos V y de las comunidades, pero que también me podía hablar de las 17 autonomías y compararlas. Y ahora pues también utilizo a Francesillo como bufón en Alfonso XIII hablándome del rey actual y de la Reina. Me interesa mucho esos juegos de sincronía y diacronía.

 

 

E.R.C.: Se dice también que su teatro manifiesta una mirada atenta y rigurosa a la actualidad. De su última obra ‘Alemania’ dice usted que “quiere ser un espejo de esa realidad que vivimos, golpeada por la crisis económica, que es también una crisis de valores.” Crisis económica, crisis de valores, crisis climática. ¿Podremos  renacer de las cenizas de todos esos incendios?

 

Sí, yo creo que sí. Antes apuntabas bien a Sísifo, ¿qué  ser humano no se despierta cada día con la sensación de que tiene que comenzar a vivir esa jornada? Por mucho que haya hecho la jornada anterior, por muy bien que le hayan salido sus gestiones los días precedentes, tiene que comenzar otra vez en esa misma mañana. En ese sentido, con la escritura de ‘Alemania’ he pretendido aportar esa visión sobre esa ‘sisifación’ permanente de la realidad y al propio tiempo poner el espejo sobre el futuro y sobre el pasado.

 

Es decir ‘Alemania’ es la historia de un equipo de arquitectura donde un gran arquitecto y su alumna preferida, que en ese momento está con él. Ante la crisis del  ladrillo, el profesor y jefe le roba una idea a esa alumna y gana con ella un concurso; lo gana por su prestigio y porque el proyecto es muy bueno, pero se lo ha robado a su alumna. Ella que tenía confianza en él, de repente decide romper y se va a Alemania a donde, precisamente, su abuelo había emigrado en los años 50 de albañil.  Y ahí se repite un poco la historia a la manera ‘bueriana’, como en ‘Historia de una escalera’, estamos en ese mismo punto, en la misma escalera, quizás en otro piso, pero estamos en lo mismo porque el ser humano indudablemente se repite. No ha habido ahí la gallardía por parte de ese arquitecto para ser honesto con una persona de confianza, con una persona que le ama etcétera etcétera. Ahí está indudablemente esa destrucción de valores.

 

 

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María Antonia Reinares: Hace un par de semanas el periodista Jesús Maraña, fundador del periódico digital infolibre.es y tertuliano del programa de debate 'LaSexta Noche', participaba en Astorga en el debate organizado por el Ateneo Republicano sobre el ‘Efecto kleenex’: periodismo de usar y tirar’, un titular con el que el Ateneo reflejó la ‘enfermedad’ más acuciante del periodismo de este comienzo del siglo XXI: la información entendida, exclusivamente, como mercancía, como producto de usar y tirar. Estos días estamos viendo las críticas a los medios de comunicación en la cobertura de los atentados de Cataluña. ¿La inmediatez, de la carrera por llegar los primeros a las redes sociales y de la precariedad absoluta de los profesionales está acabando con el periodismo? ¿Qué diagnóstico hace usted del periodismo actual en la época de las noticias falsas?

 


Yo creo que siempre ha habido noticias falsas, siempre ha habido periodismo bueno y malo, periodismo ideológico y no ideológico. No podemos olvidar que en las Cortes de Cádiz había un centenar de periódicos funcionando todos los días en los diferentes grupúsculos. También hay que tener presente la incidencia de los nuevos medios, en su día fue la radio y en este momento goza todavía de buena salud.

 

Ahora nos encontramos con el periodismo digital y de esa inmediatez, y al propio tiempo con algo verdaderamente maravilloso que es también la transversalidad. Las posibilidades que indudablemente el periodismo digital está ofreciendo son verdaderamente magníficas. Contamos ahí con imagen fija, con imagen en movimiento, con el texto. Sean piezas cortas o largas, lo importante es la calidad. Yo creo que en este momento se puede hacer un extraordinario periodismo siempre que no esté afecto tanto a las fuentes, porque indudablemente las fuentes pretenden y pueden controlarlos, y pretenden transmitir solo la información que a ellas les interesa.

 

Con respecto al periodismo que se ha hecho estos días en relación a los atentados de Barcelona hemos estado pendientes un poco de lo que nos daban las fuentes oficiales sin que apenas pudiéramos entrar en una determinada investigación. Tal vez  ahí estemos perdiendo un poco músculo, a pesar de la verdadera vanguardia en la que está el periodismo del momento. Tenemos que darnos cuenta que en este momento la conducción del periodismo es como la conducción de un Ferrari pero con un carnet de segunda. Los  medios digitales en este momento son tan potentes y lo que se puede hacer ahí, que de repente te quedas anonadado, porque puedes disponer de una calidad en los textos como nunca, una calidad en la imagen inimaginable hasta ahora. Ahora bien hay quienes con estas herramientas se salen de la carretera y se estrellan contra una encina.

 

Tenemos que ser auténticos conductores de esos Ferraris, conocer todas sus posibilidades, ejercitarlas. Las posibilidades  tecnológicas actuales son infinitas pero el problema es el acceso a los datos que están muy controlados.

 


E.R.C.: Pero están controlados porque la mayor parte de los digitales con excepciones, 'infolibre.es' es una de ellas, son dependientes de un dinero que les viene vía institucional, de las grandes empresas, de apoyos que  exigen contrapartidas, de subvenciones con las consiguientes presiones. Esto sucede hasta en una pequeña población como Astorga.

 

Evidentemente, ahí tenemos como ejemplo de Pedro J Ramírez en su doble caída, llamémosle así, siempre siendo su propia empresa la que ayudó al degüello. En el primer momento fue Juan Tomás de Salas, instado por determinados políticos y luego el propio empresario de ‘El Mundo’ que por intereses económicos, Telefónica, Banco de Santander, La Moncloa, etcétera, etcétera, lo descabezan. 

 

 

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E.R.C.: Ayer veía yo una imagen en un periódico de Astorga del año 1978 sobre un accidente de autocar sucedido en Ponferrada con un resultado de 27 muertos. En la imagen se veían parte de los 27 muertos tirados en el suelo y al fondo algunos miembros de la Guardia Civil y algunos políticos.  Esa imagen que estaba en la portada de ‘El Pensamieno Astorgano’, supongo que también estaría en todos los periódicos regionales y nacionales del 2 o del 3 de enero de 1978. Sin escrúpulos. Actualmente con  las imágenes del atentado de Barcelona hay una exigencia para que no se muestren. Ante el dolor de los demás ¿cómo debemos de actuar como humanos, no como periodistas? Yo le manifiesto de antemano que como periodista pienso que de haber estado allí, una vez atendidos los heridos por profesionales, no me hubiera recatado en hacer ninguna foto. Otro asunto sería la publicación de las mismas. ¿Qué criterio tenemos que seguir en estos casos?

 

En primer lugar, si entras como periodista fotográfico, hacerlas. No hay otro remedio.

 

Cuando trabajé en la corresponsalía de Televisión Española, desde Madrid estaban muy interesados en que huelgas importantes como la de 'Audi' de Pamplona y la de 'Potasas de Navarra', se hicieran filmaciones de las asambleas. Yo era consciente de que eso se podía utilizar precisamente para localizar a los huelguistas, por ello adopté una fórmula que era ‘la piña’: fotos y filmaciones de espaldas a la cámara. Así el elemento ético del periodismo quedaba a salvo. La pregunta que había que formularse siempre es ¿en dónde estamos?. Es importante siempre ser conscientes de dónde estamos. En este momento solo ese periodismo independiente es el que nos podrá salvar, es el único que puede preguntarse por ese dónde, que puede contextualizar y obrar en consecuencia, precisamente en aras de la verdad.

 

 

 
E.R.C.: Yo creo que sí, lo demás es un cuento, un cuento de malos escritores, una mera ficción de información que solo transmite consignas partidistas. Esto ha llegado a contaminar la información de los pequeños periódicos locales, como aquí en Astorga. Pero estamos en un momento en el que la lucha está muy complicada porque intentar ser independientes conlleva una serie de multas, difamaciones y vejámenes. La lucha por la independencia informativa tiene que pasar por las entradas de los filtros de los ‘me gustas’, de las censuras institucionales, de los premios y de los castigos de la publicidad de los Ayuntamientos y Diputaciones que la utiliza como arma de control (consúltese, si le dejan, el 'Plan de Comunicación' del Ayuntamiento de Astorga) en absoluto democrática. En muchas ocasiones  sientes una enorme disonancia. Te dices: no puedo renunciar a lo que creo que es verdad, pero si no tengo publicidad esto tan bonito podría dejar de ser viable. Solo una sociedad fuerte con lectores exigentes podrán salvar proyectos como estos. Pero o esto no existe o no se dan cuenta.  Hay una pelota que de momento está mareando la verdad y el periodismo es la inmediatez obligada para que las redes sociales te secunden…pero hay que empezar a poder pensar y pasar.

 

Sí, sí,  hay que pasar,  hablaba antes en relación al teatro en que lo importante es tener una sociedad fuerte, un ámbito de libertad y que ahora está más condicionado que en otras épocas. Estamos en lo correcto, estamos todos en lo correcto.   

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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