Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/08/2018
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Mercedes Unzeta Gullón
25/08/2017

La Hormiga

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A lo largo de la Historia ha habido muchas mujeres importantes que han hecho posible distintas historias. Conocemos a muy pocas y muy poco de ellas.


Acabo de leer una estupenda biografía sobre Delia del Carril, del chileno Fernando Sáez. Y ¿quién es esa mujer? Así, a priori, a la mayoría de los mortales no nos dice nada el nombre de esta mujer y le ponemos muy poco interés al asunto. Sin embargo si en lugar de decir su nombre solamente digo que he leído una biografía sobre la segunda y más importante mujer de Neruda el interés crece como la espuma.


Y ¿quién era Delia del Carril por si misma? Pues una mujer extraordinaria. Una mujer arbotante, la llamaría yo. 


El impulso del espíritu del hombre de acercarse más a Dios inspiró, en la época medieval, a las construcciones religiosas, como las catedrales, a aligerar y elevar sus muros hacia el cielo. Para guardar la estabilidad y evitar el derrumbamiento de esta nueva y atractiva estructura, sin que se modificase su esencia, el antiguo arquitecto inventó el arbotante: un elemento estructural exterior con forma de medio arco que hace de trasmisión de fuerzas y asegura, protege y favorece la inédita y original composición. 


Y Delia del Carril hizo de principal arbotante al edificio poético y humano llamado Pablo Neruda.


Delia, una mujer con un espíritu inquieto por aprender y avanzar en la vida, tenía todos las compuertas abiertas, tanto la personal, como la artística, como la política. Era argentina y de una familia tan rica que a pesar de ser muchos hermanos y una madre viuda muy joven y muy derrochadora, vivió toda su vida muy holgadamente de las rentas de sus herencias. La madre enviudó a los 36 años con trece hijos (la habían casado a los catorce años).


En la historia familiar se cuentan los viajes a París, a finales del siglo XIX, de la troupe para tener contacto con lo más novedoso del mundo de las artes plásticas y sociales, además de las educacionales. En esos viajes la familia se trasladaba al completo: padres, sus numerosos hijos, un número importante de empleados, doncellas, institutrices, baúles, gallinas y hasta dos vacas y terneros para poder tener leche fresca y huevos durante el mes de la travesía por el Atlántico. En Paris se instalaban en dos pisos completos de un hotel.


La iniciación en París a una mirada abierta más allá de la pacata cultura argentina de la época, en una edad muy temprana, le causó una profunda impresión, y adoptó París como su segundo, y a veces primer refugio vital. Allí, en París, más adelante, contactaría con el movimiento comunista que en ese momento atrapaba a un gran número de intelectuales como golpe de péndulo a los movimientos fascistas que se estaban gestando en la madre Europa. Delia encontró, en esta nueva filosofía del mundo, el canal donde encauzar sus expectaciones vitales, y activó su existencia en esa nueva doctrina que suponía mucha más igualdad para la humanidad.


Ese impulso de colaborar en el establecimiento de justicia e igualdad en la humanidad, le llevó a Madrid a principios de 1934 para participar y cooperar con el grupo de intelectuales, la Alianza de Intelectuales (base del funcionamiento del Partido Comunista), que desembarcaron en la capital con el establecimiento de la República. Alberti, Teresa León, García Lorca, Miguel Hernández… y el joven Neruda (a punto de cumplir sus 30 años) que llega a Madrid en junio del 34.


Entonces se conocen y ya no dejan de conocerse. Ella, una mujer guapa, elegante, libre, con buenísimo respaldo económico, resuelta, e increíble conocedora de la persona adecuada en el momento preciso (lo que hoy se diría una buenísima relaciones públicas), introduce a él, recién llegado de su país, triste, preocupado, melancólico, con problemas de dinero, en aquel bullicioso, alegre y efervescente grupo de intelectuales. Ella además es una hormiga, así la llaman porque no deja de trabajar nunca, discreta y eficaz, ayudando a unos y a otros, haciendo colectas para los necesitados, recibiendo a los que llega de otros países (sus idiomas son impecables), resolviendo problemas acá y allá.


Delia introduce a Neruda en ese nuevo mundo que a ella le ha atrapado y en el que se siente activa y plena, y al que le dedica no sólo su tiempo, su entusiasmo y su cabeza sino también su dinero; el mundo que se mueve en función de la nueva doctrina comunista. Neruda se deja introducir impresionado por esta mujer tan bella, tan activa y tan inteligente, tan seductora.


En el 36, después del asesinato de su amigo Lorca y ante una situación tan difícil como el inicio de la guerra en este país que veían y vivían idílico, salen los dos a Francia. De Francia acaban volviendo a Chile, ya que la situación era también insostenible.


La Hormiga compra la casa de Lynch en Santiago y compra la casa de Isla Negra, los dos míticos lugares asociados a Neruda. Allí viven rodeados de amigos, siempre amigos y fiestas. 


Neruda es arropado, aupado y promocionado por la Alianza de Intelectuales. Invitada la pareja al país, por Stalin, la poesía de Neruda es traducida al ruso en tiradas sorprendentemente enormes para lo acostumbrado en el mundo literario de Europa y América. En esa Unión Soviética todo era a lo grande. Los supuestos lectores sumaban cifras elevadísimas. Los intelectuales internacionales se veían inmersos en un mundo nuevo y gratificante, magníficamente agasajados e intelectualmente recompensados con la difusión de sus obras. Una sagaz estrategia soviética para su promoción con muy buenos resultados y que funcionó durante mucho tiempo. 


Delia lo acompaña siempre, es su contrapunto, su complemento. Ella siempre impresiona a todos y por todo, por su inteligencia, su cultura, su educación, su elegancia, su belleza, su sociabilidad. Es la compañera perfecta para él, que es todo lo contrario en muchos aspectos y, sobre todo, en cuanto a su postura en sociedad. Él tiene un encanto que consiste en no tener encanto. Su verdadero atractivo lo desarrolla en las distancias cortas, principalmente con las mujeres a las que encandila con sus poemas. 


Delia está entregada al poeta desde que lo conoció. Ella le apuntala en sociedad, le introduce en los lugares más convenientes para él, le sostiene con sus finanza, le estimula a la escritura, le corrige los poemas, le mantiene en el entorno adecuado para  su creatividad, le… le…


Pero la ambiciosa Matilde Urrutia Cerda (este segundo apellido quizás se deba más a la causalidad que a la casualidad) se le cruza en el camino. De origen humilde y con un pasado algo oscuro y una inteligencia mediocre (pero más joven que su mujer) y con una gran voluntad, aguijoneada por su madre, para escalar en la vida, consigue encandilar al enamoradizo Neruda. El poeta durante algunos años mantiene una doble vida aprovechando, sobre todo, los viajes en su calidad de poeta, ya internacionalmente reconocido, y alterna sus amores escondidos con su vida de adorado poeta y marido de Delia. Delia, aunque siempre confiante, acaba por enterarse. 


Neruda no quiere dejarla pero tampoco quiere renunciar a este nuevo amor. Empecinado en mantener todo le insiste en una nueva situación en la que ella seguirá siendo la señora y que Matilde se quedará en segundo plano. “Este no es un matrimonio burgués” le replica firmemente Delia, y decide quedarse sola. Inicia entonces, a sus casi ochenta años, su carrera de pintora, lo que siempre había querido pero había dejado en segundo plano, y su casa sigue siendo el centro de reunión de todos los amigos, que tomaron partido por ella.


A pesar de ser veinte años mayor que Neruda, Delia le sobrevive, y sobrevive a Matilde. Muere a los 103 años habiendo consolidado un cierto éxito en su pintura.


La generosa Hormiga dio la mejor parte de su vida y su abundante dinero por y para Neruda. Vivió con él los tiempos de la siembra, pero los honores del Premio Novel y los beneficios de la administración del importante legado del poeta los disfrutó la ambiciosa Matilde, que llegó justo a tiempo de recoger la cosecha.

 
Todo un clásico en las relaciones de la vida. Unos siembran y otros recogen. Unos dan sin medir y otros reciben sin mirar. Unos suman  y otros restan. Unos conceden y otros reclaman. Unos centran su vida en acaparar y otros en entregar. Unos priorizan lo material y otros lo espiritual. Unos son felices con lo que tienen y otros se creen felices con lo que consiguen.


Ejemplos en el mundo tenemos unos cuantos, y por supuesto en el mundo de la literatura hay varios. 


O tempora, o mores

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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