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Max Alonso
31/08/2017

El barro se lava con agua

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El Congreso de los Diputados volvió a celebrar una sesión circense. Rugieron los leones pero brillaron más los payasos. Digo que rugieron porque hasta se amenazaron con sacar la navaja pero al final prefirieron mantenerlas en el refajo. Según Mariano Rajoy le preguntaron lo que ya le habían preguntado 52 veces antes sobre Gürtel y él no solo no pronuncio el nombre de la trama de la corrupción que le persigue sino que  siguió sin responder para que le puedan preguntar la 54 vez y las que quieran. El líder de Ciudadanos lo dijo bien claro: ellos no participaban en el  mitin porque si ya le habían  preguntado en el juzgado y en la comisión de investigación y no había contestado, menos en el  Congreso, que tiene acreditada su insolvencia e inoperancia. 


Las izquierdas desunidas siguieron en lo suyo. Reprochándose por qué no se unían para lo fundamental y sólo para lo accidental. El PP celebró su desunión con el mismo tesón que lo lamentará cuando se unan. Son y seguirán siendo cosas de la política. 


El Partido Socialista a nivel local abrió una polémica lanzándose a condenar el entorno del recién celebrado Congreso de Ricardo Gullón. Yo me atreví a participar pero luego he renunciado para que no se convirtiera en un culebrón como el de las 54 y las que sigan preguntas a Rajoy. Lo ocurrido con la polémica es como les ocurre a los políticos. Cada quien se encastilla en sus posiciones y de lo que digan los demás ni caso. A su respuesta yo podría decir:


Señores socialistas –para no redundar en su catalanismo-,  incurrir en la inoportunidad es malo. Apropiarse de ella reincidiendo es para hacérselo mirar. Eso es lo que subrayan con su obstinación. Yo ni refrendé ni apoyé unas declaraciones de Germán Gullón por lo que pudieran de tener de desafortunadas, sino que las contextualicé y resalté la excelencia de las personas, especialmente del señor Alonso Perandones, magnífico y admirado alcalde, así como la calidad humana y profesional de Victorina Alonso. Alabé un acierto de actuación de los representantes del Partido Popular y no eludí la crítica sobre ellos en lo que pueden granjeársela y por supuesto estimé y resalté la aportación  de D. Javier Huerta como se la merece, así como la calidad y exquisitez habituales de Germán Gullón.


Incluso alabé al Partido Socialista por lo mucho que se le debe y resalté su relevancia social tan innegable como resulta, aunque deslicé una crítica a su ideario actual, derecho al que no renuncio. Únicamente rebatí su inoportunidad y la improcedencia –sean dos o uno su redactor- de su autoría como colectivo. Fallos en los que vuelven a incurrir para darme la razón, aunque ahora bajen un peldaño y lo hagan desde el grupo socialista,  sin que el redactor de la última  misiva haga caso  al mismo Kapuscinski,  al que cita, que también  escribió: “Escucha la voz que hay en tu interior/no la silencies/con tus propias palabras”. 


Con desagrado lo señalo al mismo tiempo que afirmo que  haré todo lo que pueda en contra de esas trincheras que no tienen sentido,  porque creo que el barro con agua se lava como lo ha hecho con el de  la última tormenta, que se pasó  de fuerza y cantidad.


Esta podía haber sido mi respuesta y decidí no enviarla y si lo cuento es movido por la aportación ejemplar de Juan José Alonso Perandones, que no echa más leña al fuego cuando podía hacerlo, aunque sólo fuera para resarcirse de las descalificaciones de las que había sido objeto. Él, con humildad, aporta lo mucho que se había hecho y lo más que se podría y debería hacer y deja abierta y encauzada la oportunidad de una reflexión común que lleve a la desaparición de las trincheras y a una marcha colectiva en una misma dirección. Entonces sí que podríamos exclamar: ¡Bendita agua!  Aunque de momento nos siga haciendo falta.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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