Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/08/2018
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Mercedes Unzeta Gullón
1/09/2017

¿Es Trump el culpable?

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A finales de abril o principios de mayo, no recuerdo bien el día exacto, creo que fue el 28 de abril, una gran helada inesperada, de hasta diez grados bajo cero, quemó árboles, plantas, flores…, todo lo que en la naturaleza estaba ya asomando a la vida, naciendo con un verde de promesa, con un verde de futuro, de inocencia, con un verde de potencia y de fragilidad a la vez. Aquella helada repentina, de la noche a la mañana, inesperadamente, arrasó con el mañana de esos frutos en germen, arrasó con el futuro inmediato de la naturaleza como si se tratara de una de aquellas maldiciones bíblicas. 


Mi precioso y florido jardín había amanecido aquella desdichada mañana con un lamento amargo. Parecía que una lluvia ácida, muy ácida, acidísima, hubiera caído aquella noche sobre él, dejándolo abrasado, negro, estremecido. Hubo que esperar un mes a que plantas y árboles empezaran a reaccionar tras el tremendo impacto. Poco a poco fueron reverdeciendo, pero ya sin mucha energía, con fatiga, extenuados y entristecidos. Naturalmente no les quedó fuerza para engendrar nuevos frutos. Así, aquella desafortunada helada acabó con el crecimiento de ciruelas, manzanas, cerezas, peras… Los frutales este verano quedaron estériles. En su recuperación consiguieron ponerse verdes, sacar hojas, pero no más, nada de fruto. 


La consecuencia de aquella helada, además de las pérdidas económicas para los agricultores y las pérdidas estéticas y placenteras para mí, ha sido también un importantísimo infortunio para los pájaros. Ellos se alimentan, en los meses de verano, de la suculenta y abundante fruta que los árboles les ofrecen generosamente en esta época. Este año no encuentran ni una mísera manzana pendulante en una rama perdida.


Esta falta de comida de las aves me ha tenido preocupada. Naturalmente he tratado de suplir esta terrible desconsideración de la naturaleza poniendo comida para ellos aquí y allá pero…, naturalmente, no es lo mismo. Y claro, han tenido que emigrar. Me contaba un amigo que en el alto de Manzanal, concretamente en Montealegre, este año han aparecido un montón de pájaros. Y, es que, allí la gran helada pasó de largo, y los frutales han estado generosos este verano.


Pero mi intención de este artículo es llegar a la pedrada del domingo. Cuando de nuevo han salido tímidamente las flores de las glicinias y de las bignonias, y el verde de plantas y árboles ha conseguido tupirse a pesar de la pertinaz sequía, vino la segunda maldición bíblica. De pronto, precipitadamente, a media tarde, una granizada de tal calibre y con tanta fuerza cayó en la zona (y parece que también en toda España, y en Europa y Asia y América…, aunque mi percepción subjetiva es de que en Nistal con mucha más fuerza), que machacó, trituró y arrasó nuevamente cultivos y vegetación. Otra vez un impresionante fenómeno meteorológico nos zarandea. El lúpulo, a punto de la cosecha, por los suelos; los girasoles cabeza abajo, como apedreados en la nuca, humillados; el maíz deshojado…, mi jardín de nuevo saqueado. Los árboles como si les hubieran arrancado las hojas a mordiscos dejándolos medio desnudos. Tiestos hechos añicos. Flores aniquiladas.


Y los pájaros, que ahora podían encontrar algo de comida en el fruto de los saúcos y las zarzamoras, pues ni modo, este granizo traicionero ha vuelto a aniquilar su comida. Los frutos rojos y negros han sido aplastados por la furia del cielo.


¿Es Trump el culpable? ¿Son los chinos? ¿Son estas Naciones Unidas que se reúnen todos los años para poner normas que ralenticen el cambio climático y que nunca nadie las cumple? O es el polvo de estrellas del que está compuesto este nuestro querido mundo que está a punto de estallar como una supernova y nos está avisando de que nos convertiremos todos, de nuevo, en ese poético pero aniquilador polvo de estrellas? Cualquiera sabe. 


Y mientras tanto estamos aturdidos con tanto caos meteorológico, tanta alteración de la naturaleza, tanta crisis emocional, tanto desasosiego vital, tanto enojo, tanta intranquilidad…


Y de momento hay más polvo de cenizas que de estrellas.


O témpora, o mores.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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