Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/11/2017
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Eloy Rubio Carro
1/09/2017
ENTREVISTA / Antonio García García, Toño, pintor

"Mi obra más reciente es más reposada, más relajada en el colorido y la forma"

'Rojos, azules, negros y... Toño. Cuatro años de informalismo 1979/1982' es la nueva exposición de pintura de Antonio García García que se puede visitar en la Casa Panero hasta el día 15 de septiembre, antes de que viaje al Museo de León. Se trata de una obra realizada entre los años 1979 al 1982 que permanecía prácticamente olvidada e inédita recuperada específicamente para esta exposición.

 

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Eloy Rubio Carro: En un proceso de revisión de la pintura, en los años 70 y 80, aderezado en España por connotaciones políticas, se pusieron en cuestión las tendencias abstractas informalistas en favor de la representación pictórica figurativa. Ahí estaba Toño, ¿tomando partido por lo que iba desapareciendo o yendo a la par de esa desaparición del informalismo?

 

 

Antonio García García: A mí me pilló el informalismo con 15 años de retraso, un poco tarde, por mi edad. Yo venía de un impresionismo o postimpresionismo y a mí la obra de Canogar, Millares, Saura, Tapies, me impresionó en principio. Pero no me llenaba completamente, pues yo venía del colorido exuberante de las tierras de Maragatería, del sol primaveral que resaltaba los rojos de las tierras arcillosas y del brezo en flor, de los verdes-pardos y malvas-azules del Teleno y los amarillos de los piornos que contrastaban con los azules luminosos del cielo, y aún compartiendo ideológicamente las propuestas informalistas no acababa de asumir las vanguardias en plenitud.

 

Aún así logré integrarme en este mundo de la pintura expresionista cuando contacté con Eloy Vázquez y Manolo Jular en León o Viloria en Ponferrada, lo que sucede es que al final me integré pero con un desfase de algunos años. En un viaje de estudios que hicimos los diseñadores gráficos, promovido por la Asociación de Diseñadores Catalanes, a Nueva York en 1979, redescubrí de manera directa el expresionismo abstracto americano, muy diferente de los expresionismos europeos que procedían de las postguerras, de la española o de la mundial; muy condicionados por el dramatismo que había provocado aquella situación bélica y aquel fracaso humano. Los americanos aunque habían intervenido en las dos guerras mundiales lo habían vivido desde lejos, sin tanto contacto directo con el drama y su expresionismo era más dinámico, mucho más atrevido de color, sin tanta tensión, y aquello me entusiasmo. Aquel contacto directo con Pollock con Jasper Johns, que además era publicista, y con toda la pléyade de pintores americanos. Aquel colorido tan exuberante que tenían, con tanta fuerza, me llegó totalmente y cuando volví a España, realicé una pintura en la que quise fusionar el expresionismo europeo con lo que había vivido en América, y de ahí ese colorido tan intenso en mi pintura a partir de finales de 1979.

 

 

¿Cómo influyó el nuevo orden democrático y cómo lo hizo el mercado en la génesis de los nuevos cánones estéticos que surgieron entonces?

 

Estos años son los de la Transición española y en aquel momento yo estaba muy involucrado políticamente y a partir del año 1975 comencé a trabajar con la Asociación de Artistas Plásticos (posteriormente ASAP, Asociación Sindical de Artistas Plásticos, en la que se englobó prácticamente todo el panorama artístico nacional y qué fue muy activa hasta el año 1988).

 

Al llegar la transición el mundo artístico español se planteó que lo que se había hecho durante la dictadura de Franco no era ya válido, a pesar de que la mayoría de aquellos artistas fueran contrarios al franquismo, pues se había hecho (representando a España en las bienales y en diversas exposiciones internacionales) una utilización de sus planteamientos estéticos en beneficio del régimen dictatorial.

 

También fuimos influidos por ‘la Transvanguardia’ italiana, que proclamaba la intención de recuperar, aunque actualizándolos, los valores plásticos y estéticos del Renacimiento. Una propuesta muy efímera porque en aquel momento era muy difícil que se consolidase nada, ya que empezó a funcionar una vanguardia muy heterogénea que abarcaba todas las propuestas y tendencias estéticas, y que ya abocaban a lo conceptual y la instalación como elemento definitivo en el panorama del arte.

 

Entonces hubo un momento de gran discusión y enfrentamiento, porque la mayoría planteábamos que si el concepto estaba por encima de la obra, el arte habría muerto. El arte ya no tendría ningún sentido porque siempre prevalecería el concepto sobre la obra.

 

Por eso esa consideración de ‘Arte efímero’, arte para el momento. Un buen número de creadores seguimos planteando que la obra debería prevalecer, debería de ser una obra física y transcender como tal. Y saltó inmediatamente la ‘Postmodernidad’ que en España se manifestó con las ‘Movidas’: La ‘movida gallega’, la madrileña, la valenciana, la ‘movida en el País Vasco’. Cataluña tuvo ‘movida’ pero mantuvo una cierta distancia en ese sucederse de las movidas. Los andaluces siguieron en gran parte fieles a su realismo poético. Y en Castilla y León prácticamente no se generó una corriente unitaria relacionada con este fenómeno.

 

Los que creábamos en estas tierras, de alguna manera aglutinados en torno a la ASAP de León, formamos un colectivo formado por Andrés Viloria, Luis Sáez de la Calzada, Modesto Llamas, Petra Hernández, Juan Carlos Uriarte, Febrero, Eloy Vázquez, Castorina, Julio S. Adrio, Jesús Trapote, Ramón Villa, Toño Benavides, el catedratico Manolo Valdés y otros, que esporádicamente participaron en nuestra 'movida' particular que se desarrollo a lo largo de la década de los 80.

 

 

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Ya en Astorga la celebración del Bimilenario logró animar el panorama al concentrar la obra de cerca de 50 artistas del momento que se expuso durante el verano de 1986.

 

También conseguimos desde la asociación de artistas y con el apoyo del Ayuntamiento traer en el año 1988 a Astorga a los participantes en el Congreso Internacional de Artistas Plásticas, promovido por la UNESCO copatrocinado por el Ministerio de Cultura y gestionado por la Confederación de Artistas Plásticos. Este evento internacional se despidió en nuestra ciudad.

 

A partir de ahí cambia completamente el panorama de las 'movidas', la asociación también se deshace. Personalmente y desde el año 83 me incorporé al tren de las propuestas surgidas a partir de los 80 y abandonado esta obra informalista, ‘Rojos, azules, negros y...’, que he recuperado con esta exposición y que permanecía olvidada desde hace 35 años. Obra prácticamente inédita, salvo algunas concurrencias a bienales o concursos nacionales, no hice ninguna exposición unitaria de la obra, y quedó ahí hasta que he tenido la oportunidad de recuperarla.

 

 

De las primeras series no figurativas de 1979, dice Roberto Castrillo que pretenden adentrarse en el territorio de la significación trascendental, siendo símbolos del inconsciente colectivo como los descritos por Jung o Klages. ¿Se llega a hacer pie en este tipo de búsquedas?

 

La búsqueda y la comunicación, sobre todo la comunicación de las propias vivencias, de los propios sentidos a través de la obra. Se trata de una búsqueda continua, sin término, y no solo en el factor estético, práctico, o decorativo que pueda tener la obra; sino por su intencionalidad. Por supuesto que la hay, yo recogí lo que me interesaba del expresionismo americano, que estaba exento de una intencionalidad, de ideología, o de propuestas de crítica, o de la simbología de esos ‘Totems’. Sin embargo la pintura española sí tenía esa intención de recuperar el dramatismo de unas situaciones sociales que acababan de ocurrir y manifestarlo en esas formas simbólicas, profundas, que transcienden. Por supuesto que es una investigación permanente, y también un intento de trascender la situación hacia el futuro, y también de trascendencia de la propia identidad del autor.

 

 

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En esa incorporación de las materias a tus obras, sacos rotos, hilaturas, pliegues reales de telas, consigues incorporar el lado existencial-afectivo en detrimento de la racionalidad, ¿eras consciente de estar haciendo una pintura más con las cosas, con el mundo o lo hacías debido a motivaciones de rango estético sin más?

 

La estética es una consecuencia, hay unos conocimientos plásticos y estéticos profesionales que se incorporan a la obra. Todo el bagaje de aprendizaje de la artesanía está ahí, y yo incorporo una serie de elementos propios del expresionismo español que es el más ‘matérico’, caso de Millares, Canogar, Pablo Serrano. En mis primeros pasos en el quehacer pictórico realicé una amplia serie de encolados, ya ahí usaba recortes de prensa del colorín para de alguna forma aprovechar un material destinado a la basura, lo reciclaba. Venía también de una cultura con los ‘Boy Scouts’, con ese cariño a la naturaleza que me inspiró, y por ello siempre he utilizado materiales de desecho.

 

Por ello en aquel momento me vinieron como anillo al dedo las propuestas expresionistas, pero la propuesta mía era también reciclar, utilizar esos despojos para convertirlos en algo completamente diferente, con un sentido inquietantemente bello, rompiendo un poco con ese dramatismo que venía de mis predecesores, dándole un contenido más plástico-estético. Pretendiendo que la gente se sintiese emocionada por ese color y por el tratamiento sugeridor de los materiales.

 

 

Estos símbolos netos del comienzo de esta serie dan paso a pinturas más complejas donde aquellos símbolos son incorporados en una expresión más amplia, así las cruces en la serie ‘Recordando a Zurbarán’ o en algunos de los cuadros de ‘Despojos’. ¿Una visión pesimista, incluso depresiva con un colorido que no la acompaña?

 

Es una contradicción, lo que ocurre es que al no estar inmerso en las propuestas expresionistas establecidas y encontrarme ante esas diferencias que se manifiestan entre el expresionismo europeo y americano, al unirlos y acrisolarlos, he querido crear de esa dicotomía-convergente una simbiosis entre esas dos propuestas expresionistas que a mí me afectaron. No veía contradicción, veía síntesis, en la que permanecía presente todavía el dramatismo, la sensación de indefensión del ser humano ante la propia barbarie, con el deseo del disfrute, de divertimento, lo cual es también una contradicción en sí.

 

 

Ese despojamiento, señalado en varios de los títulos, culmina en el despojamiento de sí; un personaje despojándose de sí. ¿Qué queda luego? ¿Acaso solo el personaje? ¿Acaso una pintura despojada de su autor?

 

En estas obras que dices, sí que hay una referencia a la figuración, se pueden ver esas figuras humanas que se están deshaciendo, parecen los restos de un ser humano que está luchando por mantenerse y al tiempo se destruye a sí mismo, despojándose de sí. De alguna forma avanzar, dejando atrás todo lo trágico, todo lo que el ser humano tiene de lucha, de querer saber de dónde viene, a dónde va. Todos esos conceptos filosóficos que nos llevan a menudo a encontrarnos ante la duda de qué hacemos, qué hacemos en la tierra, qué hacemos en nuestro entorno, con nuestras culturas. El por qué de todo ello, crear esa sensación de inestabilidad, de fuga hacia ningún sitio. Y el autor intenta transmitir esas dudas propias, esas contradicciones y esa desazón ante esa gran pregunta: ¿qué hago?, ¿sé acaso lo que soy y lo que quiero ser?, esa intensidad de situaciones tan contradictorias de uno mismo manifestarlas en la obra.

 

 

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Hay una presencia de la situación histórica que entra en 1982, ‘Sabra y Chatila, crítica de una vergüenza’, que termina con la obra ‘Depresión’ ¿Depresión ante la situación política mundial o por la conciencia de fin de etapa de este expresionismo que se había despojado de sí mismo?

 

Pues ambas cosas, lo que pasa es que aquí hay que añadir que a partir de ese momento yo entré en una dinámica que era la del plantearme qué quería hacer con mi pintura. Recordemos la situación de la España de la Transición, con un deseo enorme de recuperar el tiempo perdido, de integrarse en Europa, en el mundo, de afianzarse en la vanguardia en la que ya se estaba, en lo que respecta al arte, en aquel momento. El planteamiento ya no era que tuviéramos esos nombres indiscutibles en el mundo de la creación artística, sino que todo el mundo cultural en España percibía una ventana de esperanza que se abría, lo que cambió completamente los conceptos. Es decir, que abandonamos toda esta propuesta de expresionismo trágico para abrirnos al expresionismo figurativo con el correspondiente canto a la alegría, a la esperanza y a la ilusión de que nuestras sociedades progresasen hacia una mayor y mejor humanidad. Y eso fue lo que se planteó en toda la estética del momento y que nos llevó a un buen número de productores del arte a abandonar ese mundo abstracto, (salvo casos como los de algunos compañeros, que por propio convencimiento o por imposición del mercado no vieron o tuvieron ninguna necesidad de incorporarse a las nuevas expectativas del arte). Los que como en mi caso no teníamos ningún condicionante por mantener ese estatus hicimos lo que más nos sugería la propia dinámica de los tiempos, en mi caso recuperando y avanzando en una nueva figuración, con alguna contaminación de las épocas anteriores, en donde me he movido hasta la actualidad, de una forma en la que ya he perdido casi la totalidad del expresionismo, porque mi obra más reciente es más reposada, más relajada en el colorido y la forma. He vuelto casi, en algunos casos, a cánones de hiperrealismo en los que no me había movido anteriormente.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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