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Mercedes Unzeta
4/09/2017

Querido exalcalde Perandones

 

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Nos hace usted un repaso histórico de su trayectoria municipal y su relación con Ricardo Gullón. De cómo le estimaba. De que le invitó a su casa de Madrid y le enseñó su biblioteca. De que en 1987 habló con él de proyectos y que quedaron tan sólo en proyectos por causas ajenas. De que en 1989 le nombraron Hijo Predilecto de la ciudad y a don Ricardo le dio mucha satisfacción. De que le invitó a la toma de posesión de la RAE. Del dolor que sintió cuando murió en 1991. Del entierro con Banda Municipal. De la colocación de una placa en su vivienda. De… De… A todos nos viene bien repasar nuestro pasado de vez en cuando para situarnos.


Que quiera compartir este revival de emotivos recuerdos personales con el público lector es una opción muy respetable, gracias por la confianza, pero centrémonos. El repaso que hace tan pormenorizado de sus alegrías y tristezas, de si pidió permiso para aparcar en Madrid o si organizó el entierro… no tienen mucho que ver con el tema que se ha puesto sobre el tapete.

 
Los actos institucionales que nos cuenta son en realidad cositiñas, menudencias para veintitantos años de gobierno. Ese es el tema en cuestión.


Mire, señor Perandones, hay mucha, mucha gente que opina lo mismo que yo he manifestado públicamente: que el Ayuntamiento se ha volcado en Panero y ha dejado a un  lado a Ricardo Gullón. Eso es un hecho incontestable. Objetivo. Lamentable. Sobre todo teniendo sus importantes fondos arrinconados. No se trata de hacer bandos (dígaselo al señor Huerta) sino de objetividar la realidad.


Los motivos… usted sabrá, porque no acaba de explicar el porqué no se hizo de la Casa Panero, no la Casa Panero sino un centro de estudio de la Escuela de Astorga o de la Cultura Astorgana o algo mucho más abierto y universal que Casa Panero, como tengo entendido que era el primer proyecto y el más adecuado. ‘Porque era la casa donde vivieron los Panero’, me contestará. Sí, pero era la casa de la familia, que además no era ni históricamente de la familia, y en la que Leopoldo vivió poquísimo tiempo, igual que sus hijos. 


Es público y notorio que su interés intelectual está en Panero y se ha volcado en él. Es comprensible, es su tema. Y no creo que nadie obvie la divulgación extraordinaria que usted ha hecho del poeta y la realización del  estupendo proyecto de la publicación de su obra. Hasta ahí, fantástico. Pero lo que no es admisible es el hecho de quedarse sólo en Panero. Hay una diferencia enorme de trato institucional entre un personaje y otro. Hablo, naturalmente, de Panero y Gullón. Ya lo he desarrollado en otros escritos y no me voy a repetir. No soy política. 


Mi aseveración sobre la diferencia de trato, tan simple y tan evidente, tan respaldada y tan poco maliciosa, fue hecha en su momento con fines constructivos pero, por el contrario, suscitó a la intelectualidad local un revulsivo con efectos muy poco beneficiosos, y abrió, irracionalmente, una estúpida caja de truenos, de insultos y desconsideraciones a mi persona (precisamente por parte de su excelso Javier Huerta), algo terriblemente poco inteligente, poco justa y nada provechosa. Con esta actitud se ha puesto en evidencia la pequeñez del ambiente llamado literario. Mis consideraciones hacia este señor son producto de la reacción a su irrespetuosa acción. ¿Lee usted lo que escribe su respetable señor Huerta?


Me sorprenden esas frases suyas de: “para nada me interesa una universidad privada” (con un espíritu tan poco docto); o la de “que no pretenda Germán utilizar la casa de los Panero para hacer un aula universitaria”. En ningún momento he oído esa intención ni creo que exista, pero me surge insistentemente una pregunta: ¿para qué se metieron tantos miles de euros en rehabilitar una casa que se supone era para la cultura de la ciudad? ¿Para hablar siempre de los Panero?


Y precisamente, hablando de Astorga, los ilustres intelectuales que usted referencia están haciendo 'de esta entrañable ciudad',  y su costosa infraestructura, un parque temático sobre 'Panero’s family'. Esa tendencia, en la que está el grupo erudito de la ciudad, más que cultivar la ilustración lo que fomenta es un espíritu trivial y una economía a lo Disney. Si es eso de lo que se trata, de acuerdo, es una penosa opción que no tiene nada que ver con el intelecto.


Esa es la visión moderna y actual que se observa de Astorga, mi querido exalcalde. Más trivialidad que intelectualidad. Qué pena ¿no?

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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