Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 24/11/2017
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Ángel Alonso Carracedo
11/09/2017

El juguetero del tiempo

 

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Tiempos hubo - los viví – que, aunque lejanos, no han virado todavía al sepia delator de las imágenes antiguas y gastadas. Los de mi generación guardamos muy vivo en la faltriquera de los recuerdos el día de la Primera Comunión. Más por lo que tenía de acontecimiento social que de solemnidad religiosa, si bien, ambas, emocionaban. Ese día, se decía, era el que adquiríamos uso de razón, y para sellar el compromiso con la facultad supuestamente adquirida de pensar y discernir, el regalo testimonial era un reloj de pulsera. Un obsequio, casi siempre de procedencia paterna, que inauguraba, aposentado en la muñeca, nuestra capacidad recién adquirida de medir el tiempo, un introito de madurez.


Recibíamos esa graduación de la vida entre la sensación del regalo y el peso de una responsabilidad ligera, vista hoy, pero pesada, entonces, por la estrechez vital de unos años que seguirían siendo infancia por algunos más.

 

Sí, pese a las admoniciones de nuestros mayores, veíamos, o queríamos ver en aquel objeto que movía las agujas en un sentido universal, bajo un cadencioso tic-tac si lo acercabas a la oreja, un juguete más, de excelencia superior a otros, por supuesto, porque ya era compartido con el de la parentela superior en edad, dignidad y gobierno; pero en mis pensamientos, en nuestros pensamientos, la visión, también, era la de un compromiso con los tiempos que nos iría marcando la existencia.

 

 

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En la Astorga de las muchas sorpresas que uno puede encontrar, si se sabe buscar, acierto a toparme con un personaje que ha hecho del tiempo un juguete. Difícil se antoja ver así cuestión tan seria, auténtico galimatías de filósofos y sabios. Daniel Gutiérrez, un artesano relojero, ha tirado por el atajo de la sencillez y ha convertido el instrumento  de su laboriosidad otra vez en ilusión infantil. Cierto, parece que ya no se estila regalar relojes en las primeras comuniones y que no es habitual ver en esas muñecas aniñadas semejante objeto. Hoy, el uso de razón se adquiere con el teléfono móvil que incorpora entre sus múltiples achiperres tecnológicos, un frío horario digitalizado. Pero nuestro hombre ha hecho simbiosis de juegos con los relojes y se prestan a ser afortunados socios un tren, un avión o un personaje famoso de la animación cinematográfica o televisiva, con algún que otro detalle de personalización como el nombre del chaval.

 


La madera como inspiración, la tecnología como preocupación

 
Daniel regenta en Astorga 'Artesanía de Relojes Millas'. Y ¿por qué Millas?, pues no aparece en su patronímico. Lo resuelve de inmediato: “como homenaje al pueblo de Santiagomillas,  donde se vive de maravilla con el calor y con el frio”.


El reloj no estuvo en el inicio de su vocación artesana. Ésta se inició con la madera, “un material que me fascina”, y los juguetes que era capaz de modelar. “Un sueño idealista”, dice que fue esta etapa, pero que pronto se encontró con una realidad insoslayable: “la ilusión de los padres por comprarle al niño un juguete de madera, como los que tuvieron en su infancia, se desvanecía por el comportamiento del propio niño que prefería una consola”.


Daniel, con este inciso, cruza su historia con sus inquietudes, y afirma que “estamos presenciando una mutación del ser humano en las dos últimas décadas. Esa mutación se asienta en una dependencia patológica y enfermiza por los dispositivos tecnológicos que va camino de degenerar en una generación de autistas. El contacto de la persona con sus semejantes se está destruyendo por el continuo y descontrolado uso de estos aparatos. Esto traerá consecuencias muy negativas”.

 

 

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Formatos variados de relojes


De inmediato, vuelta a la cronología de su historia. Resignado ante ese rechazo por esos objetos que hay que animar con la imaginación, decide incorporar el reloj a los juguetes y “este producto sí tuvo éxito y una demanda importante. Ahora es donde centro mi producción”.


Ese cambio de conformidad en la clientela le hizo ir más allá e incorporar a sus creaciones otros motivos más en línea con el público adulto, porque “el reloj sigue siendo elemento con presencia en los hogares por lo atractivo de su faceta decorativa. El reloj digital tiene ya una tecnología larga, unos 60 años, pero gusta todavía percibir el movimiento de las agujas de un reloj, la musicalidad de los cuartos, medias y horas. Su imagen está muy interiorizada e identificada”.


Una nueva incursión creativa en su trabajo es la de añadir un fondo de fotos antiguas al reloj, una idea que “ha tenido aceptación, pues producen una ilusión de niños reflejada en personas mayores, al tiempo que es una metáfora del paso del tiempo y de pensar qué jóvenes fuimos”. No se detiene exclusivamente en la faceta creadora y se ha adentrado en la reparación y mantenimiento de lo que llama ‘relojería gruesa’ o de aparatos de mesa y pared.   


La inspiración es autodidacta. “En España –lamenta- no hay centros de formación. Se tiene que aprender en libros y manuales. El trabajo con las herramientas lo aprendí de mi padre. Hacer un reloj me puede llevar días y pongo mis ideas en práctica con esta dedicación. Hago de esto una dedicación profesional y una afición. Es una actividad que requiere mucha concentración, paz, tranquilidad y una paciencia enorme. El tiempo fluye de forma muy diferente a otros trabajos. Aquí no hay estrés. Me encanta el sonido de un reloj y que funcione bien”. 


La moraleja es una historia de autosatisfacción refrendada en sus palabras: “me siento orgulloso de mis creaciones. Y muchísimo, cuando hago un reloj infantil y veo el rostro del niño, porque esa cara de sorpresa ya no se tiene de mayor”.  

 

 

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Astorga: bálsamo y dolor


Daniel Gutiérrez no duda al pronunciarse por un objetivo de reconocimiento a su labor. “Me gustaría -añade- exponer en algún momento mi obra en Astorga. Tengo variedad de producto para una buena muestra”.

 
Pronuncia el nombre de Astorga con emociones encontradas. La tacha de “ciudad recoleta, íntima, pequeña, plena de inquietudes artísticas y de pujanza literaria y musical en pasado, presente y futuro”. Añade la magnificencia de su conjunto histórico artístico, la riqueza didáctica de sus muchos y buenos colegios y la conjunción de silencio y tranquilidad que llama a la reflexión “desde una perspectiva que ya no se estila”. Pero esa expresividad entusiasta colisiona con la objetividad en negativo de una urbe en fase de despoblación, de éxodo juvenil y de comercio en horas muy bajas. “Da verdadera pena ver cada vez más locales cerrados y casas en venta”, concluye.


La conversación salta de un tema a otro, en una anarquía reflexiva. Me cuenta que un reloj suyo para él, sería uno colocado en el escaparate de la tienda en el que asoma un péndulo a través de las cuerdas de una guitarra.

 

Y la canción ‘El Reloj’ le sugiere, simplemente, el utópico deseo de todos por determinar el tiempo a la propia voluntad. “Hay gente a la que pone nerviosa el tic-tac, pero a mí no me afecta. No hay que obsesionarse con su cadencia”. Nuestro juguetero del tiempo es un hombre tranquilo.
                                                                                                                                              

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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