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Luis Miguel Suárez Martínez
14/09/2017

Viñetas de plata

 
 
Laura Pérez Vernetti, Viñetas de plata. Poesía gráfica de Luis Alberto de Cuenca, Madrid, Reino de Cordelia, 2017, 116 pp.
 
 
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A finales de los sesenta y comienzos de la siguiente década, irrumpió en la poesía, de manos de los novísimos, el mundo del tebeo, cuyos héroes —junto a los personajes de otras manifestaciones de la cultura popular— se convirtieron en auténticos emblemas culturales de aquella generación. Pero aquellos mitos, como otros muchos representativos de la estética camp que traducía la particular educación sentimental de aquellos jóvenes poetas, se revelaron pronto como moda efímera, y, por tanto, como uno de los rasgos generacionales antes abandonados por sus autores.

 

No es el caso de Luis Alberto de Cuenca, novísimo en sus inicios literarios, cuya pasión por el mundo del tebeo es consustancial no solo a su poesía, sino también a su propia personalidad. Nadie como él ha hecho tanto por dignificar el arte de la historieta —el noveno arte— reivindicando su lugar en la cultura, a la misma altura que otras manifestaciones cultas. Lo hizo desde la esfera institucional en su etapa de director de la Biblioteca Nacional y de secretario de estado de Cultura, y lo ha hecho siempre desde sus artículos y reseñas, buena parte de los cuales han sido compilados en su libro Noveno Arte (2010).

 

En cuanto a su poesía, el cómic es un referente cultural desde sus primeros poemarios; pero también está muy ligado a su propio concepto poético, sobre todo a partir de los ochenta, cuando inicia un nuevo estilo de abierto carácter narrativo que toma su nombre, 'línea clara', del lenguaje del cómic, al cual está muy cercano. De ahí que buena parte de sus poemas sean fácilmente susceptibles de ser convertidos en viñetas de tebeo. A esa labor se ha entregado la dibujante e ilustradora barcelonesa Laura Pérez Vernetti (1958) —adaptadora gráfica asimismo de otros célebres poetas como Maiakovski, Pessoa o Rilke—, cuyo fruto son estas Viñetas de plata (2017) aparecidas en la colección “Los tebeos de Cordelia” de la editorial madrileña Reino de Cordelia.

 

 

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Las viñetas van precedidas por sendas notas preliminares del poeta y de la autora, tituladas respectivamente 'Salir en un tebeo' (pp. 13-15) y  'Dibujar poesía' (pp. 17-18). Como recuerda el primero, el origen de este libro está en la adaptación gráfica de su poema 'Isabel', aparecido en el libro colectivo Ocho poemas (2016) de la misma ilustradora. A este texto se le han añadido ahora otros catorce: 'El libro de Monelle', 'La mentirosa', 'Homo homini lupus', 'El desayuno', 'Todos fuimos pequeños', 'La Venus con tacones', 'La mujer sin cabeza', 'La malcasada', 'Las paradojas de Satán', 'Eterno femenino', 'Paseo vespertino', 'Recuerdo de Lee Miller', 'Estoy aquí' y 'Fe de erratas'. La elección de los mismos, según aclara el propio poeta (p. 14), excepto unos pocos por él sugeridos, obedece a la dibujante. Aparecen, pues, aquí representados —aunque no en estricto orden cronológico— todos los poemarios de 'línea clara', salvo Por fuertes y fronteras (1996); segunda edición aumentada 2002), y en ella se incluyen algunos de los poemas más celebrados de Luis Alberto de Cuenca. Para que el lector pueda cotejar la lectura gráfica con la poética se añade, a continuación de las viñetas, un apartado con el texto de los poemas (pp. 83-113). El libro se cierra con una bibliografía de Laura Pérez Vernetti (pp. 115-116).

 

No cabe duda de que la autora ha traducido de forma espléndida el tono y los diversos matices de los textos poéticos: el humor y la ironía, cierto enfoque irreverente, el rasgo expresionista o grotesco que surge de la hipérbole… Si bien destaca el acentuado erotismo presente en buena parte de los poemas gráficos. De Cuenca en sus palabras preliminares define el trazo de Pérez Vernetti como “a caballo entre el desparpajo propio del underground ochentero y un pop de línea clara delicioso” (p. 14), lo que indica, además, la perfecta sintonía entre su línea poética y la línea gráfica de la dibujante barcelonesa. Por otro lado, el trazo de estas viñetas en blanco y negro “en homenaje al cine de los años 30, 40 y 50 del siglo XX” (p. 17), tan estimado por la autora, no deja de ser otro guiño cómplice más al poeta, reconocido cinéfilo con especial predilección por ese periodo del séptimo arte.  

 

Igualmente, hay que destacar que la ilustradora ha captado de manera precisa —y así lo reconoce también el poeta en su ya citado prólogo (p. 14)— un rasgo esencial de la poética luisalbertiana: su carácter de ficción autobiográfica. Por ello Luis Alberto de Cuenca siempre aparece como personaje narrador, y no como protagonista, de las historias que se cuentan —aunque sea en primera persona— en sus versos. En alguna ocasión, sin embargo, no puede dejar de sustraerse a la atmósfera del relato, como muestra esa espléndida viñeta final de esa serie de viñetas no menos espléndidas que dibujan el poema “Homo homini lupus” (pp. 35-40).

 

 

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Sin duda, estas Viñetas de plata constituyen un sugestivo ejercicio de diálogo entre la poesía y el tebeo, que aspira a convertirse, según se lee en la contraportada, en el comienzo de un nuevo género, “la poesía gráfica, hermana de la novela gráfica”. En ese caso, es este un prometedor comienzo.

 

 

 

 

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