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Max Alonso
14/09/2017

Las cosas por su nombre y el toro por los cuernos

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A la vergonzosa actuación de los independentistas catalanes en el Parlamento de Cataluña, el Gobierno la ha calificado de patada a la democracia. No es una patada sino que actitud tan irracional hay que calificarla de coz.

 

La patada exigiría ser denunciada y juzgada en busca de responsabilidades penales. La coz, como propia de un comportamiento animal,  no puede ser juzgada sino que deberá ser corregida según reglamentos aplicables a la conducta irracional.

 

Que se trata de un comportamiento animal lo prueba Artur Mas, cuando condenado -¿Sigue siendo Honorable?- a pagar cinco millones de euros acude a convocar una cuestación publica con el argumento de que no “nos van a espantar”.  Ser espantado es una acción para sufrirla  seres irracionales o en estado de irracionalidad, luego ese es el tratamiento que merecen de  acuerdo con su  autocalificación. Eso también explica cuando recriminan que se les eche encima a los jueces como un demérito, cuando es lo más propio y procedente en una democracia.

 

¿Qué prefieren? ¿Las medidas de fuerza que es lo acostumbrado para reconducir a los  cuadrúpedos? Cuando no se respeta la ley sino que se la desprecia y sus actuaciones se convierten en burdas imposiciones, como lo son las propias de las dictaduras,  habrá que estar a lo procedente cuando se consuman actitudes provocativas, desafiantes y unilaterales, todas ellas ilegales en democracia.


De nada vale que sean unos pocos los que lo imponen y los demás les siguen.  Por mucho que prime el fanatismo y la provocación se camufle de derechos mientras se saltan y se burlan los de los demás. Por mucho que se hayan rebasado ya todas las rayas en una sola dirección,  la única solución que queda es la judicial y la esperanza de que los jueces actúen con tanta cordura como mesura pero con decisión.

 
Ya vivimos una sinrazón que dejó ochocientos muertos y tanto dolor para nada. Ahora vivimos la de la irracionalidad que busca la ruptura unilateral como único modo de reafirmación para salvar el complejo de inferioridad, aunque se revista de superioridad, y las carencias. Sean los jueces los que actúen para defender a los pacíficos de las destemplanzas provocadoras e insensatas,  que reclaman sus derechos sin respetar los de nadie. Por mucho que rechacen las medidas, es propio de los que han  delinquido repudiar a la justicia, es la medicina que procede y si ya solo la dejan ser invasiva y traumática por exigencia de la enfermedad no atendida es la que procede. 


Se impone utilizar el lenguaje de una forma apropiada para denominar a las cosas por su nombre. El divorcio no se puede imponer  desde una parte sin atender los derechos de la otra y si como en este caso la parte que lo exige se ha pasado en demasía para imponer un divorcio a la catalana no quiere decir que la otra tenga que limitarse a ser consentidora. Sus derechos permanecen íntegros, aunque hayan sido avasallados.


Yo no pienso que los catalanes no tengan derecho a plantear su independencia. En un régimen de libertad todo el mundo tiene derecho a plantear lo que quiera. No admito las formas. Plantearlo como lo están haciendo es antidemocrático e ilegal, aunque ellos encuentren en ese camino un argumento más para su reivindicación. Es como montan sus argumentos y como fanáticos los siguen. La Historia lo demostrará, aunque ellos no estén  por la Historia. Nadie se atreve a hablar claro para no enfurecer a la fiera y ella cada vez que ruge lo hace más brava.


El llamado problema catalán tiene una reducción por la aplicación del uso adecuado del lenguaje correcto y conveniente. Que no  se llame república a lo que no es más que un golpe de estado para llegar a la dictadura.

 

Que no se llame referéndum a lo que es ilegal e inmoral.  ¿Dónde está la neutralidad del convocante? ¿Las razones de la otra parte? ¿Las garantías del sistema? ¿Sólo valen las mentiras propias? Hacer las cosas sin respeto a la legalidad, sin atención al derecho y sin respeto a las normas lleva a lo que estamos viendo: la vergüenza ante  el desatino de los comportamientos y a la imposición como sistema. Lo propio de las dictaduras, que siempre surgen camufladas.

 

Estamos en el caos del  no respeto a las leyes vigentes y las incipientes, por ejemplo contra la prensa,  abusivas y que los responsables de la situación no respondan de sus actos. Basta ya. Al menos respeto al lenguaje y si se quieren ir por la puerta de atrás que no sigan dando portazos y a los demás que nos dejen en paz. Nos conformamos como demócratas que la justicia nos defienda pero que no nos den más la lata. El derecho a la tranquilidad  no nos lo pueden arrebatar y nos interesan y reclaman nuestra atención nuestros propios problemas.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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