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Mercedes Unzeta Gullón
14/09/2017

Retazos de los Dukay

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“La pobreza sexual que reina por todas partes es una fuerza ciega que azota el mundo como un huracán. En el mundo prevalece una alarmante miseria sexual.

 

La princesa Oasika había edificado un palacio escarlata con torres doradas sin otro material que sus recuerdos y sin más ayuda que la prestada por tigres y elefantes."

 

“La humillación que le había producido la marcha de Ubi necesitaba ahora la  reverencia de los lacayos. La nostalgia. Su espíritu desilusionado se asía a la frívola ingeniosidad y ansiaba reírse locamente con estúpidas bromas.”

 

“Su marido le había engañado vergonzosamente. Ella, en vez de suicidarse se enterró en vida en Mandria. Había perdido aquella sensación de seguridad que no reside solamente en la cuenta corriente de los bancos, en el confortable y cálido círculo de la familia, en nuestra salud física o mental ni en nuestra tranquilizadora ciudadanía. Todo esto no sirve de nada cuando uno se siente solo. El aire helado de la soledad puede rodearnos incluso en las reuniones más concurridas.

 

Solamente un ser humano real es capaz de darnos la ilusión perfecta de una absoluta seguridad; sólo la voz de un ser humano, la mirada, el contacto de una mano, nos consuela como un claro y dulce mensaje del universo en el cual tan pequeños somos. Ese ser humano puede ser un amigo, un médico, raras veces un pariente, más raramente un hermano, pero, sin excepción alguna, cualquiera que se haya enamorado de nosotros.”

 

“El amor apasionado que brilla frente a nosotros es como un lente de aumento que agranda nuestra dolorosa sensación de pequeñez y hace visibles  los valores que residen en nosotros y de los cuales no nos dábamos cuenta. Si por casualidad, este lente de aumento llega a romperse, lloramos la pérdida de la ilusión óptica que nos habíamos forjado sobre nosotros mismos.

 

Por lo tanto ella, en Mandria, lloraba no tanto por su marido como por ella misma.”

 

 

Es Lajos Zilahy quien nos cuenta esta historia tan afín a mis sentimientos.  

 

Y yo pienso como él que el acto de amar es un acto egoísta. Amamos porque queremos proyectarnos nosotros mismos. Amamos porque queremos ver proyectados nuestros valores en otra persona. Amamos para mirarnos a un espejo y que nos devuelva la imagen que queremos ver de nosotros. Amamos para agrandar nuestra pequeñez. Amamos porque necesitamos sentir que contamos.

 

Sentirnos amados nos hace sentirnos libélulas. No sentirnos amados nos hace sentirnos hormigas.

 

Según Lajos Zilahy, el mundo podría clasificarse en personas ‘reverentes’ e ‘irreverentes’. Yo pienso que también el mundo podría dividirse en libélulas y hormigas.

 

O témpora, o mores

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