Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/10/2017
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Ángel Alonso
26/09/2017

Un museo de lo imposible

¿Se puede encerrar el tiempo en un museo? Pues se puede. Es una dimensión con tanto de abstracto como de concreto. Según se quiera observar. Aplíquese entonces el segundo concepto y ya está, en la propia Astorga. Un relojero, un artesano del tiempo y su medida, José María Ramos, es el impulsor de un Museo del Tiempo. En realidad, una excelente colección de relojes, pero quitemos prosa y añadamos poesía y su dosis de misterio.

 

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Seguramente estemos preparados para viajar por el tiempo. Con la imaginación, por supuesto.  

           
El tiempo es la dimensión clave de nuestras vidas. Tener tiempo es la ensoñación de cualquiera. Sobre todo ese tiempo que es de uno, que lo administra a capricho. Ser dueños de nuestro tiempo tantas veces se asemeja a poseer un imperio, un poder omnímodo.  

 
El tiempo nos obsesiona por su misterio y su sencillez, todo en uno. Exacto y milimétrico en su medida, se torna dúctil y maleable en nuestro pensamiento. Obedece a voluntades y estados de ánimo, de modo que se hace corto o largo en función de ansiedades, euforias y temores. Jugamos con él, siendo cosa muy seria.

 
Ese juego tiene su propio tablero en el reloj y en las múltiples formas que adopta para materializarse y mimetizarse en el entorno. El de muñeca, funcional, polivalente, gradúa riquezas, testimonios y herencias familiares.  El señorío, la caballerosidad, la excelencia en las maneras era atributo de aquellos con cadena de oro o plata en el bolsillo del chaleco. La musicalidad, el ritmo unísono, era para el de pared. La estética del tiempo se ha cincelado en mármol y alegorías sobre la mesa presidencial del hogar. Y, si de competición se trata, ahí está el cronómetro como acta notarial del récord. 


El tiempo son las fronteras de la vida. Marca principios y finales. Enjuicia en  la lentitud con pasmosa justicia. Es digna de vivirse esta experiencia emprendida por José María Ramos, al que la  retirada comercial no ha impedido seguir con las singularidades de su oficio en una interesante colección de relojes que expone en la misma calle que Concha Espina relató su obra cumbre 'La Esfinge Maragata', y en los bajos de un hotel que en su día acogió una de las dos imprentas que hubo en España de partituras musicales, algunas de cuyas placas son visibles entre los objetos del establecimiento hostelero. 


Cercanía de culturas, pues, separadas por unos pocos metros. Una, la de José María, en plenitud de vida. Las otras dos, sumidas, casi olvidadas, en un recuerdo que hace de Astorga esa ciudad inquieta y creativa en pasados que, desgraciadamente, se presentan mejores que los dubitativos presentes.

 

 

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Memorial de una vida


Ramos ha dado cuerda al reloj de su experiencia y cuenta que “antes de jubilarme ya tenía en mente algo. Mi casa estaba llena de relojes y eso me incitó a montar el museo, que en un principio estaba destinado a ir junto al del chocolate”. Nuestro hombre confiesa de inmediato que el material lo conforman cesiones, muchas, de otros artesanos de Astorga, pero la gran mayoría es producto de una vasta colección que ha reunido a través de los años de actividad profesional.


No parece conformarse con lo hecho. El local reúne 240 relojes de las más diversas características y nacionalidades (española, francesa, alemana, inglesa, suiza y checoslovaca), “pero podríamos poner más, pues en un almacén guardo más de los que hay aquí. No es aconsejable porque es un sitio reducido y no es acertado masificar las paredes u obstaculizar el paso de los visitantes. Sí, hay un proyecto de abrir más salas para dar cabida a estos artilugios”.


No demuestra rubor en confesar que algunos de los relojes de la exposición están pendientes todavía de arreglo porque, dice bien, que su oficio es ese y que lo sigue manteniendo porque aún le llegan proposiciones de toda España de reparaciones que se dan por imposibles en otros lugares. “Normalmente, todos tienen reparación. Es cuestión (adivínenlo) de tiempo”.


Este hombre, famoso en el lugar también por haber representado la figura del César en las celebraciones veraniegas de los 'Astures y Romanos', aporta una visión antropológica a la tradición leonesa de su oficio. “Apuesto a que no hay una capital en España que no tenga un relojero leonés. Es algo que puede estar ligado a la arriería, porque entre la mercancía llevaban relojes o podían formar parte de trueques en las ventas de pescado, por ejemplo. En todas las casas de Maragatería había un reloj”.


Y a continuación recita de carrerilla la nómina de relojeros astorganos.  A saber:  Díguele (Los Maragatos) , Atanasio Seco, Carlos López, Ramón Gómez, Jáñez (Manuel y Lázaro), Téllez y Joga. Naturalmente, el  propio Ramos, instalado en el número 3 de la calle Manuel Gullón hasta hace seis años.

 

 

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Una joya cedida por el Ayuntamiento


La joya de su museo es la maquinaria del que fue segundo reloj del Ayuntamiento, cedido por el  consistorio y construido por Bartolomé Fernández, curiosamente, un cerrajero. De este ingenio proclama Ramos que es único en el mundo y que fue fundido y montado en Astorga. ¿Y qué es lo que lo hace único? Respuesta técnica: “consta de cuatro trenes; el primero, para mover la maquinaria; el segundo, para dar las horas, medias y cuartos; el tercero, para mover los maragatos (Zancuda y Colasa); y la novedad, el cuarto, para dar el toque de queda cuando la ciudad estaba amurallada”. Este ingenio se instaló en 1807 y funcionó hasta 1974, en total 167 años. Costó 19.000 reales. 


Orgullo sin disimulo asoma cuando cita una colección de 60 relojes de bolsillo, uno de ellos cedido por la familia del  famoso relojero leonés Losada que hizo los trabajos de mantenimiento del Big Ben londinense y regaló a la ciudad de Madrid el reloj de la Puerta del Sol, que despide cada año con sus famosas y mediáticas doce campanadas. Tampoco desmerece la recopilación de despertadores aportada por los relojeros astorganos.


No le va a la zaga, una pared ocupada por relojes de la región del Franco-Condado del Jura. “Son tan artesanales – explica – que cualquier avería requiere una reparación general, pues no existen piezas para intercambiar. Hay que darles cuerda cada ocho días, Repiten las horas cada dos minutos y los hay con caja y sin caja”.

   
Como 'especial', se inclina por “uno de linterna, que da las horas y las medias con un péndulo normal y pesa de piedra natural. Se llama de linterna por su forma, que es un término del oficio”. Y una mención muy especial para el más antiguo, un francés del siglo XVII, en azul cobalto, el color de la realeza.


La curiosidad es un cronómetro de palomas mensajeras  que, según Ramos, “medía el tiempo recorrido por estas aves entre origen y destino”. Es una donación de la Casa del Tiempo, de Infiesto (Asturias). A este ejemplar se unen un  llamado interruptor, que prestó servicio en una mina, con esfera para los 31 días del mes. En lugar bien visible, otros, ferroviarios, procedentes de la estación de Villafranca del Bierzo y de las oficinas de Renfe de la Vía de la Plata.  “La última donación”, comenta Ramos acerca del segundo.

 

 

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Filosofía y música del tiempo

 

Ver muchas veces necesita del apoyo de la reflexión. Y la llamada se acompaña de frases rotuladas en las puertas.  Ejemplos: “no pretendas matar el tiempo estropeando el reloj”, “me pidió tiempo…le regalé un reloj”,” aquí no pasa nada, salvo el tiempo”, “el tiempo es oro, no lo malgastes”, “tempus fugit (el tiempo vuela)”.  Y si la modorra hace presa, aseguro despertar con la entonación acompasada de decenas de relojes en la musical presentación de las horas.

  
Ramos muestra, más que orgullo, pasión, con esta iniciativa personal, una muestra más de la capacidad de la gente de Astorga por emprender, por ofrecer a paisanos y turistas el paisaje de una ciudad viva que, aunque avejenta, demuestra  que una jubilación puede ser el principio de todo, sin ser el final de nada. Un ejemplo de iniciativas que buscan apoyos institucionales. Ramos agradece las ayudas municipales en las cesiones, la agilización de trámites burocráticos y la información en la web oficial de este museo, pero aunque no lo dice, espera más hacia sus desvelos. Si es por tiempo, están ante alguien que ha sentado cátedra. 
                                                                                                                                  

 

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