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Mercedes Unzeta Gullón
30/09/2017

Conversaciones en el molino con Los Ilusos (1)

Mercedes Unzeta Gullón comenzó esta sección, Conversaciones en el Molino de Cela, sin proponérselo, en una tarde de este verano de 2017 con una jarra de agua fresca con menta y con el escritor Germán Gullón como interlocutor. Como si de una excelente anfitriona se tratase, Mercedes Unzeta lo recibió en el jardín del Viejo Molino de Cela, una casa del siglo XVII en Nistal de la Vega donde recibe invitados como estos jóvenes creativos que buscaban el sosiego y la tranquilidad para encarrilar el proyecto que les abra su hueco en el mundo de la cinematografía.

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Mientras se clausuraba el Festival de Cine de Astorga, con Santiago Segura como protagonista,  a cuatro kilómetros de la ciudad, siete jóvenes cineastas (todos ellos en la treintena), se encerraban en el Molino de Cela a pensar sobre su futuro.

Jonás Trueba, director, guionista y productor. Javier Lafuente, productor. Alberto Serrano y Beatriz Alcalá, distribuidores (Cinebinario). Marta Velasco, montadora. Lorena Tudela, ayudante de dirección. Laura Renau, figurinista.

 

 

La productora Los Ilusos, a la que pertenece la mayoría de estos jóvenes, y la distribuidora Cinebinario, tratan de encontrar una vía aceptable, viable y sostenible para poder desarrollar sus inquietudes artísticas sin tener que doblegarse ‘demasiado’ a las presiones que sostiene el actual mundo cultural economicista.

 

Son jóvenes con mucho criterio, mucha energía, muchas ideas y muchas ganas de salir adelante.  Desde hace tiempo están volcados en el cine haciendo cosas muy interesantes pero parece que el sistema actúa con ellos de una manera centrípeta, los empuja a los márgenes porque no están dispuestos a someterse a aquellas exigencias del mercado que limitan su creatividad.

 

Viven, infortunadamente, de otros trabajos y se juntan. Puntualmente, para realizar su obra. Han rodado La reconquista, premio El ojo crítico, Los exiliados románticos, Todas las canciones hablan de mí, con dos nominaciones al Goya, o la película Los ilusos.

 

Tienen una trayectoria consolidada pero en este momento se encuentran algo perdidos en el proceloso océano, con marejada incluida, de las instituciones. Así las cosas, a punto de tirar la toalla y diluirse en el oleaje, han decidido plantarle cara al viento y buscar la manera de resistir sin otorgar demasiadas concesiones, de afrontar el reto de vivir del arte. Y para buscar el camino más adecuado a sus creativos fines decidieron hacer una concentración intelectual de dos días, encerrados, pensando e intercambiando pareceres. Y aquí llegaron, al Molino de Cela, y no han dejado de trabajar ideas mañana, tarde y noche.

 

“Llevábamos ya tiempo con la idea de poder sentarnos a hablar un poco más seriamente de la posibilidad de hacer una cooperativa, de transformarnos en una pequeña estructura que nos permita hacer cine como nosotros queremos.  La realidad es que hasta ahora hemos hecho todos bastante lo que hemos querido. En ese sentido hemos sido relativamente afortunados, hemos ido haciendo las películas que hemos querido como hemos querido, un poco a lo loco, un poco a lo bestia, un poco inconscientemente”, dice Jonás. “Y renunciando a muchas cosas”, apostilla Laura.

 

“Y renunciando a muchas cosas.”-Sigue explicando Jonás- “Tanto Alberto y Bea en su distribuidora, como nosotros con Los Ilusos, hemos empezado a hacer este tipo de películas casi a la vez que empezaba la crisis más brutalmente, que había un cambio de modelo no sólo social sino también cultural.

 

El sistema cinematográfico en España, la manera de hacer cine en España, ha cambiado mucho. Entró muy fuerte la crisis. Es verdad que a la vez entraron posibilidades nuevas de producción más baratas, más económicas, y nos hemos movido ahí mal, bien y regular, intentando entender la situación, intentando hacer las películas que queríamos hacer con libertad.

 

Lo que dice Laura. Hemos renunciado a casi todo para preservar nuestra independencia a la hora de trabajar, de hacer las películas, porque es verdad que ahora el cine se financia dependiendo mucho de las televisiones, o de grandes empresas, o de un sistema que, digamos, ha fraguado en el estado de ayudas al cine que de nuevo tiene mucho que ver con que tengas apoyo de las televisiones, de grandes productoras, de grandes distribuidoras, de agentes de ventas, blablabla. Se ha creado un sistema que básicamente favorece el que cuanto más tienes más te dan”.

 

 

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Lorena - es un poco como todo ¿no? Cuanto más dinero tienes más facilidades te dan.

 

Jonás - Cuanto más acreditas pues mejor

 

Mercedes Unzeta – Sí, es la filosofía del sistema social que tenemos ¿no?

 

Jonás– Sí, exacto. Eso afecta al cine también y… nuestra obsesión es que no podíamos depender sólo de cómo estaba hecho el sistema, porque nos hemos dado cuenta de que el sistema no nos acoge. No queríamos depender sólo del sistema porque nos parece deprimente tener que esperar a hacer una película tres años en función de si te dan una ayudas, en función de si unos ejecutivos de televisión te dan la luz verde…

 

Mercedes Unzeta – ¿El sistema pretende intervenir en vuestro trabajo?

 

Jonás-  El sistema lo que quiere es que se hagan unas películas en unas condiciones determinadas de producción y también de contenidos, y…, digamos, que básicamente no encajamos ahí. En realidad es una situación difícil por los dos lados, osea, que nosotros no encajamos para ellos y viceversa, ellos no encajan para nosotros.

 

Mercedes Unzeta– ya pero ¿no crees que eso ha existido siempre?

 

Jonás– Sí, pero lo que pasa es que se ha ido haciendo más perverso.Cada vez tiene que ser todo más pensado desde el éxito, desde el éxito garantizado, que es falso, como las grandes producciones… Entonces como que nos hemos ido dando cabezazos contra una pared. En realidad no queremos estar fuera del sistema, ni ser exactamente marginales, pero un poco te empujan a eso.Entonces nos planteamos cómo podríamos hacer, cómo podríamos llegar a  la manera de seguir trabajando como hasta ahora pero intentando ganar un poco más de espacio, de solvencia, de capacidad… Estos días aquí hemos estado dando vueltas a todo, a la manera de hacer las cosas y en realidad no lo vemos tan claro.

 

Yo creo que hay que reivindicar. Porque si te van marginando, y tú también te automarginas, al final acabas no sabes dónde. No, de hecho, nosotros somos un caso raro porque no estamos, ni claramente, en lo que se conoce como los márgenes de la industria del cine. Los exilados, es una película que hicimos de una manera impulsiva en doce días, muy divertida y loca e inconsciente y lo bonito de esa película, por ejemplo, es que estaba hecha desde la amistad y la risa, y luego nosotros nos lo tomamos muy en serio y acabamos estrenándola en salas. Hicimos un estreno modesto pero, vamos, a la altura de otras muchas películas que a lo mejor obedecían a un plan previo de producción, exhibición y distribución. Es decir, que muchas veces hemos conseguido colocarnos como cualquier otra película cuando en realidad veníamos de haber hecho las cosas de una manera muy diferente. Y que, por ejemplo, al ver tu idea te decían, “venga, vamos a estrenar tu película primero en pases, durante el verano, en salas abiertas al aire libre, en cines de verano”. Cuando cualquier distribuidor convencional te decía que eso no lo podías hacer porque ese es el circuito residual al que tienes que ir después de haber explotado totalmente la película; y cuando ya la has quemado vas ahí. Nosotros empezamos por ahí y acabamos entrando en el circuito normal de salas dos meses después, demostrando que se podía hacer. Osea, hemos tenido pequeños aciertos que por lo menos nos hacen intuir que podemos permitirnos esta personalidad. Pero es verdad que estamos en un extraño limbo que a veces también es preocupante.

 

Y en el limbo vamos a estar un poco… pero la intención es que el limbo se convierta en espacio natural. Porque si no estás haciendo películas con un marcado carácter comercial, que se basan a su vez en personajes que interpretan actores que vienen de las televisiones, que han decidido los propios ejecutivos de las televisiones, y si tampoco estás haciendo un cine de marcado carácter social, reivindicativo o histórico, o como muy cultural… tienes otro tipo de legitimidades. La verdad es que nosotros nos movemos en unos márgenes un poco extraños que creo que son los interesantes.

 

Mercedes Unzeta – Imagino, por eso os movéis ahí, porque os interesa.

 

Jonás–  Claro, claro. El problema es que no hay un movimiento generacional donde podernos ubicar.

 

Mercedes Unzeta -  Pero ¿no hay más gente de vuestra edad que esté tratando de o haciendo cine?

 

Jonás– Si hay mucha y está guay. Hay gente más o menos de nuestra generación que de otras maneras tienen los mismos problemas que nosotros y los están resolviendo de otras maneras, mejor o peor, pero cada uno a la vez es de su padre y de su madre, que está bien pero no se ha creado un movimiento, un género que de alguna manera pueda ayudar. Eso ayuda. Por ejemplo el nuevo cine rumano, de repente surgen unos nuevos directores que tienen unas líneas estéticas bastante parecidas,  y eso ayuda porque desde fuera se percibe un movimiento y puedes decir: “ah, vale, es esto”. En España, esto, nuestra generación, no lo ha hecho. Lo cual por un lado es interesante porque hay más diversidad pero por otro no es un movimiento que se pueda explicar, englobar, etiquetar… lo que al final eso, a  ayuda. Los compañeros de viaje no están tan claros. Eso lo pienso mucho. Teniendo más hermanaje sería más fácil hacer fuerza.

 

Mercedes Unzeta – En esta reunión donde habéis puesto sobre el tapete las dificultades que tenéis ¿habéis sacado algo en claro? A dónde habéis llegado con todo esto.

 

Jonás– Nos queremos dar una oportunidad porque consideramos que nos la merecemos, que tenemos derecho a pensar que podemos. No nos creemos geniales, ni nada, pero pensamos que podemos tener un lugar, un hueco en este país haciendo cine, haciendo un cine que es el que queremos hacer nosotros. Que tenemos legitimidad para hacerlo y que hasta ahora hemos demostrado que podemos hacer películas sensatamente, que están bien, que pueden tener una cantidad de espectadores razonable y que esto nos basta. Y nos hemos juntado aquí para ver si nos podíamos dar esa oportunidad, porque, si no, te dan ganas de tirar la toalla.

 

Alberto -  Nos hemos marcado el punto de partida y el de llegada, ahora falta la parte de en medio, el camino, definir bien el camino.

 

Jonás -Al final lo que queremos es hacer películas a nuestra manera, libres, con rapidez, con agilidad, dándonos nuestros propios ritmos.

 

Mercedes Unzeta - ¿Qué es lo que no es viable en el sistema para que con vuestro espíritu desarrolléis vuestras creaciones? ¿Qué miedo hay?

 

Jonás-  No hay ningún miedo si el sistema se adapta a nosotros (risas).

 

Mercedes Unzeta–¿Perovuestro sistema no puede encajar en el sistema?

 

Jonás – Nosotros no somos inflexibles, estamos hasta cierto punto a medio adaptarnos con el sistema. Osea que no tenemos una vocación antisistema exactamente. De hecho nosotros intentamos acercarnos al sistema, entenderlo, sacar de él lo que creemos que puede ayudarnos, pero también esperamos que el sistema acabe de alguna manera amoldándose.

 

Yo - También a los sistemas se les puede forzar a que se abran y se adapten.

 

Jonás – Claro, pero a este sistema le cuesta mucho.

 

Mercedes Unzeta -  Ya, la política influye mucho en las normas del sistema.

 

Javier -  Claro que influye. Y lo que pasa es que la política cultural de los dos partidos mayoritarios son muy parecidas, llevan  décadas que se acercan bastante entre ellos y que se alejan mucho de la idea de cultura que había hace 30 años. Una política cultural más como un derecho que cómo un recurso, que es lo que se está utilizando estos últimos años. Se ha perdido la visión cultural, y el derecho a una diversidad cultural, por un recurso que se puede explotar, como los Panero en Astorga, por ejemplo. Muchas veces la política cultural acaba siendo eso, acaba mezclándose con el turismo, mezclándose con cosas que no están mal pero… Se trata de ponerla en valor más que defenderla, protegerla, de crear un ecosistema en el que se pueda hacer una cultura diversa y rica.

 

Jonás - En general, la gente que está en la política culturalde  los partidos, no proviene del mundo cultural por lo que no entiende cómo están hechas ciertas cosas, no entiende los mecanismos básicos de cómo se hace cine, o cómo funciona el mercado editorial. Cuando han anunciado algún plan para favorecer la red de librerías, por ejemplo, las propuestas nada tienen que ver con sus necesidades y, al final, a las librerías no les interesa. Y lo mismo ha pasado muchas veces con el cine. Eses es el mal. Pero bueno, siempre hablamos de eso y, o te vas y miras para otro lado, o estás aquí y tratas de cambiarlo.

 

Mercedes Unzeta – Y¿tenéis idea de cómo pasa en otros países? ¿Si esto se maneja de diferente manera?

 

Alberto – Sí, claro, Francia siempre es un ejemplo aunque también tienen una dirección cada vez más hacia esto. Realmente desde los años de Margaret Thatcher en Inglaterra todo ha ido muy hacia esta dirección. Creo que era ella, o su asesora de cultura, la que decía que los programadores de los museos tenían que seguir “la dictadura de los pies” que se refiere a la cantidad de gente que entra en una sala o no. Era esa filosofía de “vamos a hacer aquello que más gente atraiga, lo que más se llene, independientemente del valor que tenga en sí el contenido. Y yo creo que está pasando en todos los países.Que es una tendencia general. Pero es cierto que los países que tenían una cultura más fuerte, medidas culturales más sólidas, están sufriendo menos esta tendencia, como Francia, por ejemplo.

 

Jonás -  Pero también hay ejemplos en países de políticas culturalesnuevas, ¡que ya nos gustaría!En Latinoamérica, por ejemplo, en Colombia, en México en Argentina, en Brasil han puesto en marcha políticas culturales con respecto al cine que ya quisiera el modelo español acercarse mínimamente a eso. Siempre invocamos Francia pero sin ningún problema resulta que en Argentina, que en Chile, que en Brasil, que en México, se han tomado medidas que son claramente apuestas por fortalecer la industria cinematográfica que en España no las ha habido.

 

Javier-  Si esos países son ahora como los ejemplos a nivel mundial en política cultural, con una dirección decidida y apropiada.

 

Jonás – Sí, sí claramente. Yo siempre digo que a ver cuándo España es un modelo de algo. Estaría bien no tener que estar siempre invocando: a ver si lo hacemos como en Francia, como en Colombia. Que alguna vez algún país pueda decir: a ver si hacemos como en España. Eso sería estupendo.

 

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