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Astorga Redacción
1/10/2017

Leopoldo Panero lee en voz alta a Crémer, Vallejo y Rosales

 

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Victoriano Crémer

 

El primer libro de Victoriano Crémer, ‘Tacto sonoro’ se publica en León por el año 1944. El planteamiento crítico de Leopoldo Panero sobre este libro pretende ser riguroso. Aparte de su tratamiento el de las originalidades, Alberti, García Lorca, evidentes en un libro casi antología y perteneciente a varias épocas para precisar que en Crémer lo que hay que considerar es su originalidad, su autenticidad en la poesía.

 

Aunque el libro sea la resultante de otros libros que tienen su personalidad. Aunque desiguales, hay una unidad honda en ellos. Tratando de descubrir la personalidad poética de Crémer, Panero se aproxima a ella con estas palabras: “no parece residir en nada concreto, ni en esta palabra ni en aquella, ni en este verso que se asemeja a tal otro ni en el hallazgo de aquel tema que ha sido mil veces repetido, sino en el conjunto vivo, en el resultado espiritual, en la síntesis de una suma de valores”. Se fija después en sus sonetos. Haya como característica que ninguno tiene unidad y forma clásica, que es lo de los garcilasistas, faltos de intimidad, sino una violencia bronca, un modo especial de encarar la situación anímica de modo que no reacciona sobre las cosas con el estereotipo preconcebido.

 

Tras de su violencia y originalidad, frescura, “timbre de voz inconfundible”. Entra entonces la zumba paneriana preguntando si no se deberá esta actitud original frente al paisaje y a las cosas por vivir en provincia y si no habría que ir pensando en que los escritores de la metrópoli se distribuyan por las regiones españolas. Añade luego que  ”el secreto de su poesía no escriba solo en el apartamiento físico:  “tiene raíces más hondas y seguras”. Precisa tres notas: la primera se refiere a un “cierto desdén por la forma, un tanteo  desamparado de la palabra, una búsqueda sincera y angustiada de la virtud expresiva”,  con un ritmo hasta inhábil pero dócil a la consecución de la violencia verbal.  Es característica su ironía, a veces ya sarcasmo,  por la qué pasa de lo serio a lo pintoresco, siguiendo a sus maestros más característicos los Tristan Corbiere y Jules Laforgue. Se Sirve de la ironía como instrumento de exploración de su soledad de poeta desterrado del mundo y sus cosas.

 

Por último su toque desgarrado, sin el gulusmeo de la belleza en sí, siempre dramático y desamparado, huyendo interpretaciones virgilianas. No hace falta arañar mucho para hallar en esta poesía, el desamparo y la sangre propia.  No es capaz de la poesía de Cremer de alegría ni gracia. A lo sumo “su gracia es triste y despiadada;  es decir, no es gracia, es sarcasmo”. Tal Precisión no obsta para que Panero reconozca en este su primer libro “delicadeza y ternura, y el estremecido tono de nana”. Sin Embargo lo radicalmente distintivo en su poesía “es puro testimonio de su angustia de hombre, y sus versos mejores como un amargo desahogo de la voluntad de pureza que vive en su alma”.

 

'La poesía de Victoriano Cremer' en Escorial, marzo- mayo 1944 págs. 455- 457.

 

 

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César Vallejo

 

Hablando de la libertad del verso frente a la mayor atadura del versículo o del "verso tipográficamente disociado o compuesto", Panero encuentra una excepción en su amigo y admirador César Vallejo.

 

Vallejo “lograba mantener siempre esa vecindad de alma y palabra... y que aún en los versos más entrecortados y balbucientes ( cómo aparentemente torpes),  en sus frases sueltas, en sus arcaísmos lingüísticos deliberados, en sus grandes llamadas de ternura, en todas y cada una de sus palabras... guardaba... esa comunicación en carne viva y sin más artificio del que el hombre pone en la caricia o en las lágrimas, porque también ellas, sus desvalidas palabras históricas, estaban sobre todo hechas de amor”.

 

 

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Luis Rosales

 

Cuándo presenta Panero la lectura del poema de Rosales ‘La casa encendida’ se pregunta por la esencia de la poesía; qué concreta más tarde en “el arte de reducir a personalidad y unidad, espiritual y estética la muchedumbre de las cosas creadas”. El poema ‘La casa encendida’ se muestra “pululante de cosas, dramáticamente objetivado en la palabra nocherniega y fluvial, alumbrado continuamente por el corazón y la inteligencia.”

 

‘La casa encendida’ según el testimonio paneriano agrupa “figuras y nombres, años y minutos lejanos centrados -en tres etapas sucesivas y simbólicas- en torno a la amistad, el amor y el cariño filial.” Es  la suya una “casa de memoria total” iluminada de ventanas, pero en cuya “ascua elemental” radica la poesía. Panero Fue testigo de la vida de Luis Rosales desde 1933. Tenían amigos comunes. Vivían en Jorge Juan y bajaban juntos Juan, Leopoldo, Waldo Rico y Luis,  juveniles en la primavera para matar el tiempo en el Lyon.  Pasaban junto al retiro y frente a Espartero acudían a un estanque, donde Luis compraba” por 35 céntimo un puro ‘Farias’ que fumaba después toda la tarde y que le duraba más conforme los días iban siendo más grandes, abril y mayo arriba; y ya avanzada la estación lo tiraba”.

 

( Cuando miro en mi memoria)

 


Autocrítica de sus poemas 

 

En una lectura de su libro ‘Epístolas a mis amigos y enemigos mejores’ sugiere que al ser publicados los poemas en libro llevarán un prólogo orientador de “las alusiones y referencias biográficas que muchos de los poemas contienen”.  Precisiones como la de la caja de plata firmada por todos los poetas asistentes al Congreso de Segovia, que regalaron a Joaquín Pérez Villanueva: “ Escrito en plata”. El nacimiento Soriano - Burgo de Osma-  de Ridruejo y “que su nombre es contracción de río Duero”:  ‘La vida entera en nuestra casa’ . El gran cazador que era el padre de Luis Felipe Vivanco y el poema de su hijo: ‘Jilguereando el agua solitaria’. Preocupado por el ripio, aclara que Luis Felipe Vivanco es escurialense, para desterrar la oportunidad de armadijo endeble en el segundo de estos dos versos:

 

“y eres arquitecto de tu infancia / igual que El Escorial de poco endeble”.

 

 

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El distanciamiento amistoso y temporal con el escritor abulense Aranguren: ‘Carta secular’. Todas estas son previsiones panerianas para oyentes no advertidos de sus poemas.

 

Sobre El hecho de no leer ninguna carta a enemigo se explica así: “Comprendo que hubiese sido divertido traer alguna de enemigo para especiar el recital, Pero preferí conservar la calidad unidad e intimidad de una lectura cómo está”.  

 

“Todos Los poemas que voy a leer”.  Presentación del libro “Epístolas a mis amigos y enemigos mejores”.

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