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Astorga Redacción
8/10/2017

Panero en voz alta: Luis Cernuda

 

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Luis Cernuda I

 

Se lamenta Panero de que la poesía cernudiana sea de las menos sopesadas y valoradas, siendo así que merece atención. Recuerda Panero al Cernuda de los años 30 con su poesía vaga y misteriosa. Le recuerda indefenso a los 20 años, atraído por lo heterogéneo, por cualquier ‘misteriosidad’ de lenguaje a condición de que se le comprenda inteligentemente. Uno de los valores más definidos que Panero reconoce en Cernuda es que hay “en su verso un trozo de realidad inteligiblemente misteriosa y nos lo comunica”. La adherencia paneriana a Cernuda, al tener 20 años, está en relación con el afán de pureza. Cernuda comunica y el joven quiere salir de su prisión. Hasta es posible que se haya influido por medio de la poesía en su propia vida “desprendida, temeraria, enormemente triste y vencida”. Entre el balbuceo y la luminosidad ya es una originalidad el que haya sido su poesía “creadora de su propio lenguaje, de su propio ritmo comunicativo”.  Como Juan Ramón Jiménez, la suya es una poesía de adolescencia.

 

Hay ternura en su Palabra, que luego se muere; como hay también un cierto demonismo en que el hombre se percibe como “escindido entre el mal y el bien”. Hay el drama del envejecimiento tan dramático como abocado a morir.  Sí es el drama eterno del hombre, como dice Panero, tampoco tuvo suerte Cernuda, pues su poesía a estilo de Keats y de Shelley debía haberse truncado en predestinación.  Piensa Panero que no  habría  asistido Cernuda al espectáculo de estar destinado a “sobrevivirse, a contemplarse, a cerrar el círculo de su soledad y de su vida”.  El tema fundamental de Cernuda estribaba en el erotismo, en “el deseo de dejar de ser hombre”. Aparte del erotismo, otro de los temas más cernudianos es su esteticismo.

 

Es claro el afán de concreción de las cosas y de mitos para dar forma a sus deseos de convertirse en “cosa”. A pesar de todo lo que tenía en predestinación, Cernuda ha proporcionado el gozoso espectáculo de sobrevivirse, de responder como un resucitado, dramáticamente “ de su propia y cotidiana muerte, el verse apartado y resignado del viejo y loco afán de la vida”.


Cernuda por sobrevivirse, se salva en su soledad y su satanismo juvenil conforma “con su devenir fatal, con su melancólico fluir hacia una edad vagamente entrevista y rechazada, aceptada después en la pura alegría” de la despedida y del recuerdo de la verdad poética, “fuerte a través de su inmediata debilidad, de su balbuciente expresión humana”. Bécquer es sin duda mucho más fuerte que Espronceda, que Núñez de Arce o Zorrilla.  La poesía sevillana de Luis Cernuda se renueva ahora con una nueva densidad humana hasta el punto de que “ no truncan está poesía delicada, transparente, tan levemente luminosa y real. Al contrario la acrecentarán, la harán mayor, la dotarán de un poso, de una centro dramático, simple, huidiza, inmaterial y dramático, pujante y total como la vida misma”. 

 

 De “Llega a nuestas manos…

 

 

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Luis Cernuda II

 

La interpretación lírica que da Panero al concepto de poesía en Luis Cernuda, ante la lectura de ‘Ocnos’ es la de hallarnos con “algo  inasible y misterioso, oculto casi a la realidad de los sentidos, algo que nos transporta fugazmente a un mundo deseado, insistente, verdadero, hecho a imagen y semejanza de nuestra imaginación, como quería, y creía -con religiosa fe poética-, otro gran lírico romántico John Keats. Por eso la palabra poética de Cernuda es suscitadora, sugeridora, mágica, adivinatoria y alusiva, muy cercana a la traición becqueriana de las leyendas y cartas, por cuya dicción poética discurre una “feliz elegancia y líquido encadenamiento de cláusulas, con sus radiante ámbito de sugerencia, con su gusto espontáneo por el matiz delicado y la expresión metafórica simple e intensa”.

 
Panero conoció a Luis Cernuda en el exilio londinense: su pequeño cuarto sobre los árboles de Hyde Park y las escapadas al Cornualles céltico. Tenía también la sensación de que nada tan antisevillano como el hollíniento Glasgow”. Los poemas de ‘Ocnos’ surgieron como contraste biográfico y nostálgico de la vida londinense. Y este modo de invención explica “su índole íntima, su anhelante fuerza profunda, como de hombres desterrados entre el tiempo y las cosas, entre la vida y su recuerdo”, contrapunto sin duda de “su habitación quimérica y minúscula”. Cernuda es esa clase de poetas -la única verdadera- que ha de hacerse comunión con el propio paisaje y los hombres donde naciera para tener el don pleno de la poesía. Solo Shelley y Keats fueron románticamente evasivos de su suelo natal, pero es que su poesía estaba especialmente residenciada en la fantasía y “buscaban fuera de  la realidad circundante el clima paradisíaco propicio a sus ensueños y a la belleza intelectual de su canción”. Incluso ocurre que puede uno profundizar en la propia tierra escribiendo de otra como el caso de  Hölderlin, tan germánico “en su genial interpretación mítico-poética del mundo griego”.


La influencia de lo vernáculo en la poesía cernudiana la rastrea Panero y la observa en “Elegías”, “Las nubes”,  “Ruiseñor en la piedra”, y “Atardecer en la Catedral”. Ya en la primera hay intimidad espiritual española pero en la segunda su lenguaje de gracia sevillana se convierte en “uno de los lenguajes poéticos más perfectos de nuestro tiempo” y en los dos últimos libros citados aún se robustece y adensa más la observación.


Comenta Panero la segunda edición de ‘Ocnos’ con 15 poemas más que la primera y dónde es toda España la que se beneficia de esta contemplación con el uso más intensivo de la ‘Wordswortiana’ “mirada interior “Proyectada hacia paisajes y cosas más huidiza de los hombres con la supresión de la ternura, que a veces escapa hacia la cordialidad. Cita Leopoldo el poema al viejo maestro de retórica.

 

En una palabra: “su visión del mundo es muy otra y no entran fácilmente en ella ni la directa simpatía por el hombre ni la experiencia de humanidad que ella comporta”.

 

Una de sus características innegables es la de la receptividad sensual cernudiana comunicando a la palabra “el fluir y la sensación misma de las cosas. Nadie le iguala en eso, en la cristalina inocencia de su lenguaje, puesta siempre al servicio de una segurísima intención poética y de un sentido de la composición poco menos que infalible”. Sus poemas son nostálgicos y nítidamente sevillanos y por supuesto “nítidos, perfectos, naturales como la belleza misma”.

 

Panero.  ‘Ocnos’ o la nostalgia contemplativa. Cuadernos Hispanoamericanos, agosto de 1949 número 10 - página 183-187

 

 

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La melancolía


Es un tema que hace reaccionar a Panero no solo en su poesía sino en sus íntimas anotaciones personales. La melancolía diaria de comprobarse finitos, mortales, perecederos la siente sobre todo cuando se encuentra con los ojos, la sombra, el dolor de la esposa o del propio poeta que siente la revelación instantánea de esos momentos de tristeza de la naturaleza, de animal acariciado.

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