Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/11/2017
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Arnaut Daniel
14/10/2017

Subirse a la escoba de bruja de Antonio Manilla

Antonio Manilla, Ciberadaptados, La Huerta Grande, Ensayo, 2016

 

 

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‘Ciberadaptados’ es un libro breve de 104 páginas que hace un recorrido por los temas y la bibliografía del nuevo monstruo, también amable, que han generado los nuevos instrumentos de comunicación y sus aplicaciones.

 

Son ocho intensos capítulos con títulos muy sugerentes.

 

En el primero: ‘La hora de Bizancio’ comenta la amenaza a la alta cultura y a las culturas étnicas desde la homogeneización que se realiza por las nuevas formas de comunicación e Internet.

 

En ‘El pilar invisible’, segundo de los capítulos, aborda el término ‘cultura’, su origen y sus polisemias y la dificultad o imposibilidad de definirlo.

 

Los asuntos en cada uno de los capítulos semejan un viaje en hipertexto, tal es la profusión de detalles y de citas, solo que el enlace que nos desplaza de un lado al otro es más evocador que indicativo, radica en la mente del autor. ¿Cómo  se realiza un viaje de hipertexto fuera de Internet? Alguien lee o escucha un relato,  pongamos por caso ‘Celeste’ de Luis Goytisolo y pasa de inmediato a la lectura y/o escucha de una ‘cantiga’ de Arnaut Daniel o al ‘Cantico espiritual’ de San Juan de la Cruz o a la mitología grecorromana y hasta a la emperatriz Escarlata desembocando en tan solo doce líneas, en que “todo en amor sigue vigente”. 

 

Todo en la cultura es hipertexto, tal vez el hipertexto ‘internetiano' deje en suspenso la arribada a esa última playa. Tal vez a esa playa llegue cada cual, si llega.

 

Nos desplaza entonces Antonio Manilla desde la antropología y su vaciamiento del término ‘cultura’ hasta el aserto de Finkielkraut: “Un par de botas equivalen a Shakespeare” o hasta el chascarrillo despectivo de Gustavo Bueno sobre el “disco labial de los botocudos”. Nos deja asistir el autor a su propio viaje hipertextual por la cultura del término cultura, sin que fuera un recorrido nuestro; aunque esto dependa de cada cual. En alguna ocasión mientras leía, me levanté a buscar ‘La derrota del pensamiento’  o ‘La era de la informática’, que ni siquiera, y ya es extraño, se citaba  aquí. Podría haberse trabajado el tema al modo spinoziano, quiero decir ‘more geométrico’,  y así hubiéramos dado nuestro paseíllo por la cárcel del pensar de la edad de la razón.

 

¿Cuál  es la edad de nuestro paseo de ahora?  La de la cultura de la rendición de la palabra a la imagen. ¿Será posible que tantas imágenes arrebaten al ser humano de su capacidad de abstracción?  Una cultura 'mainstream', de la que se halla ausente el sentido, banalizada.

 

Tal vez, aventura el autor, estemos viviendo un periodo de paralogismo como ya les sucediera a los griegos mientras Aristóteles no dio solución a las paradojas del cruel Zenón, (m`as-tu percé de cette flèche ailée).

 

En el capítulo ‘Del árbol que creció en un espejo’ trata de las semejanzas de la revolución de Internet con otras revoluciones como la renacentista y los miedos que convocaron, de las posibilidades que anunciaba Internet y la opción que ha venido tomando por el ‘parque de atracciones infinito’. Tal vez, dice, sea el inicio de una nueva cultura, no libresca, comunal  y universal.

 

 

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En cuanto a las afecciones e infecciones de estas tecnologías sobre los medios de comunicación señala la instantaneidad, la reactualización, la interacción que comenta y matiza un mensaje siempre abierto; pero también la crisis de la mediación y la falta de certificación, de veracidad que puede disfrazar la propaganda y el publirreportaje como información veraz.

 


En ‘El bazar y el bullicio: Internetización y telesociedad’ se pregunta si con esto hemos mejorado nuestra calidad de vida.

 

Compruebe las pantallas y cámaras que hay a su alrededor, nos sugiere como punto de partida: más que los que son ustedes. Unas para mirar y otras que les están mitrando. Detalla entonces los inconvenientes de internet: redefinición de las relaciones sociales, que han llegado a ser de bolsillo (léase el cuento de 'El medio amigo' en 'Disciplina clericalis' de Pedro Alfonso); la pandilla como una amistad a distancia, deterioro de las relaciones sociales en “una soledad muy concurrida”, interiorización y domesticación del ocio; en fin: enclaustramiento, desustantivación del yo, dilución en la tiniebla digital, objetualización.

 

En ‘El gallo y la lechuza’ Trata sobre el posible deterioro de la capacidad cognitiva como efecto de la red. Parece ser que cuanto menos está siendo modificada. Sin embargo hay quienes cómo Joshua Greene y Steven Pinker rebaten estas hipótesis.

 

Denuncia del 'internet-centrismo' y de la enorme confianza en su poder y sabiduría, pues tras la estela de las sugerencias del algoritmo 'internetiano' y de lo más popular, nuestra navegación por Internet es un juego de dados trucados. Un dios/niño jugando a las tablas. Quien juegue será arrastrado por corrientes irresistibles, a lo largo de la ancha avenida del rebaño. Es inevitable. ¿Qué clase de sabiduría obtendremos de  la red?: la de las manadas. Pero también, en este ‘proceso de deshibridación’, surgen diversidades culturales centrífugas que pululan y se asientan en los márgenes del gran discurso digital. (de un niño es el poder real).

 

 

Reseña entonces los aspectos sociales positivos: Crowdfunding, cibercuestación, alterconsumismo responsable y sostenible, formas cívicas en defensa de derechos etc.

 

En el ‘Lector salteado’, penúltimo de los capítulos, aborda las disputas sobre el libro en digital o en papel, en paralelo con discusiones similares y desconfiadas que hubo en el pasado con respecto a la escritura, o más adelante con la imprenta.

 

No parece convencido de ‘la muerte de la literatura’, pero sí reconoce que está naciendo un nuevo tipo de lector bajo el influjo de lo hipertextual: Un hipertexto sin jerarquías, sin dirección única, con propuestas de desvíos a cada paso; un paseo inadecuado para ‘caperucitas’, con una información no lineal, en racimo, donde el usuario sigue un reclamo qué opta o/y rechaza mientras reconstruye un texto al que no siempre terminará por encontrarle un sentido.

 

Presiente sin ningún tipo de melancolía la desaparición del libro en papel, pero no de la literatura.

 

En ‘El sexto continente: el octavo día’ saliendo al paso de las posturas catastrofistas percibe un espacio en la cultura global para el sincretismo: “se están produciendo intersecciones de culturas en las que el proceso de hibridación acaba creando algo nuevo”; pero dada la rapidez con la que esto acaece conllevará la pérdida de tradiciones regionales, y el desarraigo local.

 

Regresa el autor continuamente a los pros y los contras de Internet para concluir que de Internet no ha surgido todavía un género creativo propio, pero paciencia, pues aún estamos viviendo en los albores de la red, en el octavo día, el primero tras la creación de Internet. 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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