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Mercedes Unzeta Gullón
19/10/2017

¡Los manzanos florecen en otoño! ¿Florecerá el entendimiento?

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Seguimos en este tour de force en el que llevamos inmersos desde hace una infinidad. Atascados en un diálogo que son monólogos, en lecturas que son subjetivas interpretaciones, en convocatorias que no son convocadas, en preguntas directas que son respuestas veladas, en una unidad que está dividida, en una declaración que no es declarada, en un Parlament frente a un Parlamento, en el Dui frente al 155, en una declaración de independencia que no es expresada...¡Todo un alarde de paradojas, enredos y extravagancias!

 

Tenemos la casa patas arriba. Los únicos temas de conversación, de discusión, demanifestación,de exhibición, de argumentación, de emoción, de información,de suposiciones, de delirio cotidiano en las últimas  semanas, son, en este punto del camino,el entretenidísimo y suspicaz tema de si sí o si no, si Puigdemont dice o no dice, si Rajoy entiende o no entiende. Si vamos o no vamos. Interpretaciones infinitas y exaltadas alteraciones anímicas ondean los espíritus de todos los habitantes de esta reseca (e incendiada) piel de toro. Y… la casa sin barrer y la buchaca sin rellenar.

 

Pero estamos en una situación de maricón el último, y a machito no hay quien me gane. Imposible entendimiento. En este duelo ninguna de las dos partes quiere decir la última palabra, ni avanzar en primera línea. Estamos en una situación de acción/reacción y nos perdemos en márgenes, discursos, amenazas, veladuras, bla, bla, bla. A mí me recuerda bastante a una pelea de dos pandillas juveniles tratando de quedarse con el dominio del patio del colegio. Yo te amenazo, y yo me paso tus amenazas por el forro y te contra amenazo. Pues yo te vuelvo a amenazar y utilizo mi fuerza que es muy grande. Pues me importa un pito, si cumples tus amenazas te vas a enterar. Pues te fastidias y me llevo a dos de los tuyos. Pues vale, pero conmigo no podrás. Yo tengo muchos amigos, pues yo más. Te voy a vigilar, pues me voy a esconder…Y así vamos.

 

El resultado de las condescendientes y apremiantes treguas para romper el ritmo de tantas uñas afiladas era de esperar. No creo, a pesar de las miles de opiniones constantes en las cien miles tertulias sobre el tema, que alguien esperara, este jueves, una carta desde el Gobern que satisficiera al Gobierno. Ambos Presidentes tienen las testudes tan enfrentadas que en este baile de fuerzas, que empuja a los contrincantes hacia adelante y hacia atrás como en las luchas de los grandes mamíferos, no parece que vaya a haber un ganador. Ninguna de las dos partes quiere aparentar flojera. No hay posibilidad de alguna rendición.

 

La imagen es muy importante, fundamental. Y lo que en el fondo se está dirimiendo en este pugilato es quien levanta más las plumas y queda triunfante como el único gallo del gallinero.

 

Este culebrón, hoy jueves, no se ha acabado, ni parece que terminemos con este combate en poco tiempo. Así que paciencia y relajación de cabeza y de ánimo para los espectadores. Esperemos que resulte como uno de esos culebrones latinos que, a pesar de los difíciles avatares de los protagonistas, siempre acaban bien.

 

Estamos en octubre y mis manzanos,sorprendentemente, están floreciendo.

 

Tras una profunda helada en primavera que abrasó los primeros brotes de crecimiento y los futuros frutos, y una terriblemente agresiva pedrada en el verano que acabó dañando y tirando por tierra la frondosidad de los árboles, llega el otoño y, asombrosamente, florece el manzano. Es una vuelta atrás de la naturaleza, como si quisiera volver a  la fase en que la helada le dejó sin prosperar su proceso. Están floreciendo como si estuviéramos en primavera, olvidándose de los contratiempos existenciales, han decidido recuperar el tiempo perdido y florecer. ¿No es encantador este advenimiento a destiempo? ¿Acaso es presagiador de algo?

 

Se me ocurre  que si miramos los acontecimientos de la naturaleza y hacemos una correspondencia con lo que está pasando en estos momentos con el país catalán (perdón, es “país vasco” pero no es “país catalán”, ¿o si?, no sé, ya me pierdo), pues vemos que van acompasados.  Ambos están enloquecidos.

 

Primero unas conversaciones heladas, congeladas, bajo mínimos posibles, que acabaron abrasando todas posibilidades de entendimiento. Luego un inesperado enfrentamiento a pedrada limpia despejando la frondosidad de las calles. Y ahora, según los pasos de la  naturaleza, deberíamos estar en la fase del florecimiento. En la fase de volver al punto de congelación y empezar a descongelar lentamente, que es como aconsejan que debe hacerse con los productos congelados. Y, una vez en el punto de partida, esperar a que el calor propicie el florecimiento.

 

¿Será posible? ¿Veremos alguna floración en este clima nacional? Y si lo hace ¿con qué tipo de brote nos van a sorprender aquellos que tienen que alimentar su nacimiento? Ojalá que sea con una deliciosa flor blanca y rosa como la flor del manzano,  pequeña pero muy atractiva.

 

Si el manzano ha florecido a estas alturas ¿por qué no va a poder florecer algo en una sociedad que se supone tiene más sabia que el manzano?  Veremos.

 

O témpora, o mores

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