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Juan Antonio Cordero Alonso
20/10/2017

El independentismo balconario

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Es 19 de Octubre, y ha amanecido, como anocheció ayer, con importantes tormentas y chaparrones. Y además llovía y un tiempo de perros.

 

Las cosas no sólo pueden ir a peor sino ya que están yendo. Hay gente que no lo sabe, ni en Barcelona, ni en Madrid, pero esto es así. Y van a ir a peor para todos, aunque claro les/nos tocará más a unos que a otros. Sólo están felices con la situación los del cuanto peor, mejor, que por cierto, no son pocos, ni aquí (con esteladas) ni allá (con coletas o aguiluchos).

 

Los de aquí, que me son más cercanos, aunque igual de queridos que los de allá, son el nuevo Carlismo. Y la que estamos viviendo su primera revuelta del Siglo XXI.

 

Obviamente se trata de un Carlismo actualizado y engloba dentro de sus filas desde la Burguesía Catalana que no ha sabido evolucionar e intenta mantener su universo fuera de los controles democráticos, hasta los Cuperos de papá que aspiran a vivir sin trabajar, con o sin política, porque ellos son así de chachis y el mundo así de guay, pasando por los políticos golpistas y editorialistas tevetreseros o cataluña-radieros, que actúan como mayordomos y/o palanganeros de esa Burguesía que lleva moviendo hilos e hilos años y años, o jóvenes radicalizados tras el paso por las adoctrinadoras aulas de Infantil, Primaria y Secundaria, obligatoria o no, que puede que apenas no sepan leer (me refiero a entender un texto, no a silabearlo) pero si han aprendido que España nos roba, que Jaume I fue el primer rey catalán y que la Guerra Civil fue una guerra entre España y Cataluña.

 

Como el día está lluvioso, mi paseo diario de jubilado, que es sagrado, ha sido por los alrededores de casa, con paraguas y por si acaso.


Pasear por las calles de una gran ciudad, para mí, es aburrido, pero no siempre tienes a mano un buen paseo marítimo, un buen parque, el campo o la montaña y cuando no lo tienes, algo has de ir haciendo, oír música o escuchar inglés para hacer oído... aunque tu oído siga casi igual por mucho que escuches, escribir o grabar alguna ocurrencia (que crees que es buena aunque no lo sea) para que no se te olvide… como si perdieras oro. 

 

Claro, cuando existe un asunto que ejerce una presión sobre ti, sin quererlo, el pensamiento va entrando en una espiral de la que cuesta trabajo salir tan entero como entraste. Me explico.

 

Hoy estuve caminando por la Avenida Meridiana de Barcelona. Para los que no la conozcan diré que en esta Avenida está la tienda Hipercor, donde hace ya más de 30 años los terroristas Troitiño y el 'comando Barcelona', también secesionistas, pusieron una bomba un viernes por la tarde. Mataron a 21 e hirieron a 45. Yo vivía entonces a 100 m de Hipercor que era nuestra tienda de referencia. Mi mujer y mi hijo podían haber estado allí haciendo la compra semanal, como tantos otros viernes a esa misma hora.

 

Es una barriada populosa y la Meridiana es una ancha avenida de acceso al Vallés, Gerona y Francia.
La elección de esta zona para la "Diada-mani del 11S de 2015" por los jordis (Sánchez había sustituido a Forcadell meses antes) se debió de hacer en base a que la parroquia independentista de la zona era significativa (lo tienen en cuenta todo, no como el Estado) o cuanto menos no estaban en zona hostil como el barrio de Vilarroja de Gerona. La Meridiana es ancha, muy ancha.

 

Tan ancha que los independentistas metieron tropecientos millones de manifestantes con sus sonrisas y todo, decorados con camisetas de colores que simbolizaban (son muy de símbolos) las bases del nuevo estado o estadillo... que diría un andaluz... con gracia. Yo creo que no llegaban a tropecientos millones, que eran alguno menos, pero ellos, que por cierto saben contar, son algo exagerados en eso de los números. Acostumbrados a burlarse y pisotear la realidad cada día, el hecho de hinchar y exagerar los números puede ser percibido, incluso, como un acto de refinamiento por su parte.

 

Una manera muy chabacana de tomar el pulso al nacional-separatismo es mirar el comportamiento de los balcones estelados, en sus distintas vertientes. Suelen ser muy obedientes (los independentistas y los balcones) y hay muy pocos de los primeros que no exhiban tal condición con orgullo e incluso con ostentación, y menos que paguen una estelada para tenerla en el cajón... que para algo la han comprado.

 

Últimamente, puede que el arranque haya sido el 8 de Octubre, vengo observando que en las fachadas de Barcelona se va produciendo un extraño fenómeno, como si fuera una especie de vasos comunicantes de banderas: cuando se muestran unas tienden a ocultarse otras. Como si a los indepes les diera inseguridad alguien distinto de ellos tan osado como para no callárselo.

 

Mis primeras sensaciones tras el 1-O fueron que, de los tropecientos millones de esteladas balconeras caían algunos, eso sí, sin dejar de ser tropecientos, que siguen siendo muchos.


Tras este primer shock en plena virulencia indepen, otro segundo unos días después. Se veía alguna señera colgada, constitucional, sola, sin las estrellas blancas sobre triángulo azul de los del Pdecat, ni las rojas sobre fondo amarillo de los de la Cup, sin globos del Si a colorines... 

 

Supongo que era la primera gente que se desmarcaba del 1-O tras conocer lo de los dedos rotos, lo de los videos de gente sangrando… de manis de hace años, lo de la utilización de los niños como escudos...
En fin, creo que muchos no pudieron seguir dando por buenas las trampas de nuestros tahúres golpistas, porque la otrora potente y prolongada propaganda secesionista, sin dejar de serlo pero flojeante, no pudo aniquilar el último rincón de la racionalidad. Y desde donde hay un resquicio de razón, el nacionalismo puede ver visto como es, no como quiere ser visto y eso es el fin de su engaño.

 

Unos días después, ya no en shock sino intuyendo una cierta lógica, más balcones con señeras muchas de ellas recicladas de las esteladas (ciertamente es sencillo enrollar una estrella para convertirla en señera). Incluso comienzan a aparecer algunas banderas dobles, con la bandera de España y la señera, una al lado de otra o una dentro de otra.

 

El caso es que me entretuve mientras caminaba por la Avenida Meridiana, entre Fabra y Puig y Sagrera, donde la avenida es más ancha. La distancia es algo menos de un kilómetro, y estuve mirando balcones y haciendo fotos.

 

Ya en casa, pensando y escribiendo sobre mi paseo, llegué a las siguientes conclusiones:

 

1.- Desciende el independentismo balconario, que a veces se oculta y otras se reconvierte.


2.- Se ha roto el monolitismo secesionista en las fachadas de Barcelona.


3.- Hay miedo, pero es posible que ya no todo el miedo esté en el mismo lado. Es como si unos empezaran a tenerlo y otros a perderlo.


4.- La transición del miedo al no miedo y viceversa es lenta... pero inexorable.


5.- Es muy importante para muchos catalanes saber que en Cataluña existe un Estado, y que puede actuar. Aunque no tengamos costumbre de ver hacerlo.


6.- En 700 m. he visto, fotografiado y contado 19 banderas de España, 30 o 40 señeras y los tropecientos millones de esteladas... aunque menos que ayer. 

 

Quizás todo esto le parezca poco a muchos, pero a algunos pocos nos parece mucho. Ya saben, cuestiones cuánticas.


Tal vez dentro de unos días dé otro paseo por el mismo sitio, una especie de re-test de la situación con control de las variables espacio y tiempo. Ah, y si sale bien, y  vamos ganando los buenos, no duden que les mantendré informados.

 

Saludos

 

 

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