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Antonio Guerrero
22/10/2017

Nicolás Salmerón, un filósofo práctico

Nicolás Salmerón Alonso fue un político, abogado y filósofo español, presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República durante mes y medio en 1873. Renunció al cargo alegando problemas de conciencia ante la firma de unas condenas a muerte.
Ya anciano, fue el presidente de la coalición 'Solidaridad Catalana' que se había formado en mayo de 1906 como respuesta a la aprobación de la Ley de Jurisdicciones y en ella se habían integrado los republicanos (excepto el partido de Alejandro Lerroux), los catalanistas (la Lliga Regionalista, la Unió Catalanista y el Centre Nacionalista Republicà (CNC), un grupo escindido de la Lliga unos meses antes), y hasta los carlistas catalanes o el Partido Integrista.
Los éxitos de convocatoria de la Solidaritat fueron espectaculares con manifestaciones masivas como la celebrada en Barcelona el 20 de mayo de 1906 que congregó a 200.000 personas. "Gracias a la Solidaritat -Borja de Riquer- el catalanismo, que apenas había tenido presencia institucional, se extendió rápidamente".​ Tras su triunfo en las elecciones de abril de 1907, en las que obtuvieron 41 de los 44 escaños —aunque solo un 67% del total de los votos—, "ya nada sería igual en la vida política catalana, y los gobiernos de Madrid, y la propia corona, deberían asumir el hecho de que la cuestión catalana se había convertido en uno de los problemas más preocupantes de la vida política española."

 
 
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A pesar de ser una figura no tan comentada como debiera, y de no contar con la misma cantidad de textos escritos que sus contemporáneos, de todos los ejemplos no cabe duda de que Salmerón es el mejor para perseverar y ambicionar  hermenéuticamente réditos de la idea de una filosofía práctica en España. Fue una persona multidisciplinar y muy vinculada a los problemas sociales de su momento histórico. Para empezar tuvo el temperamento necesario para ello. Su biografía de forma fidedigna lo atestigua: durante su infancia tuvo contacto ya con la política. Tanto su padre como su tío fueron pioneros del Liberalismo en Almería, en ese contexto en el que ‘Los Coloraos’ suponían la oposición. Por otro lado conoció el clímax ideológico democrático en su instituto de secundaria donde se encontraban, en la ratio, algunos de los miembros del Partido Democrático Almeriense. Tiempo después estudió derecho y filosofía en Granada donde conoció a Giner de los Ríos, sentando la base de su actitud también pedagógica. Ya en Madrid, al continuar sus estudios, se introdujo de lleno en el Krausismo siendo miembro de la segunda hornada de discípulos de Sanz del Río. A partir de ahí su vida estuvo ligada a diferentes actividades de las que vamos a dar fe en este ensayo. En todas hay un nexo común: la filosofía, por ello su vocación de filosofía práctica queda patente.

 

Hemos dicho que tuvo el temperamento necesario para ser un filósofo práctico, lo que nos faltó decir fue que además supo llevar el pensamiento a la acción para alterar la realidad. Lo hizo a través de unas trasformaciones sociales (hechos ahora históricos). Creó en 1866 el Colegio Internacional, claro antecedente de la Institución Libre de Enseñanza, en la que también tomaría parte junto a Giner de los Ríos (transformación pedagógica de lo social). Con su apuesta por la enseñanza privada dio respuesta a la política educativa del Partido Moderado. Por otro lado estuvo integrado al mundo docente universitario como catedrático de metafísica entre otros cargos. Su vocación como filósofo, y por el aula, estuvo clara desde el primer momento, allí esbozó su krausismo propio. Además colaboró con la prensa del momento (trasformación mediática de lo social) en medios como: La democracia, La discusión. Fue también cofundador del periódico: La justicia. En el terreno político comenzó a darse a conocer, por su ‘democratismo’, en las tertulias del Café Universal y en los debates del Círculo Filosófico de la calle Cañizares.  Entonces se introdujo de lleno en el Partido Democrático (transformación política de lo social).  De todos los krausistas, Salmerón, fue el que más se hizo notar en el terreno político. De hecho perdió su cátedra por negarse a firmar un documento de adhesión a la Reina Isabel II. Las conspiraciones en las que estuvo metido contra ella le llevaron a prisión unos meses.

 

Entonces era un radical.  Con el Sexenio Democrático tuvo mejor suerte.  Ya ostentando cargos en el Partido Demócrata, y bajo el debate sobre el republicanismo, trató de ser diputado por su tierra, Almería, pero no lo logró. Finalmente si pudo serlo por Badajoz y entrar así en las Cortes Constituyentes.  Al poco fue nombrado ministro de gracia, destacando como brillante parlamentario. Colaboraron con él: Gumersindo Azcarate, Concepción Arenal y Giner de los Ríos. Su protuberancia le llevó a ser jefe del ejecutivo, presidente de la I República, en 1873, aunque solo durante 50 días. Dejó el cargo al negarse a firmar una sentencia de muerte, siendo fiel a su ideario. Desde ahí paso a ser presidente del Congreso. De esta época destaca su talante moderador y equilibrador entre las fuerzas políticas, un rasgo del Krausismo obviamente.  Tras varias agitaciones políticas, y el golpe del General Pavía, paso al Partido Republicano Progresista. En ese momento gozaba de la simpatía de sus paisanos de Almería y trató de ser diputado otra vez desde esa provincia.

 

 

 

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Sin embargo fue el Caciquismo quién se lo impidió. Lo intentó en varias ocasiones pero sin éxito. Los Caciques fomentaron el fraude electoral para impedirle su objetivo.  Poco tiempo después volvió a ser diputado por Cataluña, donde tuvo más suerte. Su discurso era claro: perseguir al Cacique y luchar por la democratización y modernización de España. De esta época han quedado registrados sus discursos parlamentarios en un sensacional libro titulado Obras de Don Nicolás Salmerón que fue prologado por Gumersindo Azcárate.  En ese manuscrito aparece, como mensaje, su deseo de trasformar los problemas sociales, implicando eso una conexión entre pensamiento, acción y realidad.

 

«El sentido del Sr. Salmerón, por lo que hace al problema social, bien claro se muestra en el primero de sus discursos que figuran en este volumen, pronunciado en el célebre debate sobre la legalidad de la Asociación Internacional de Trabajadores. Reconociendo con severa imparcialidad los prejuicios, vicios y errores, así doctrinales como prácticos que alientan este movimiento»[1]

 

 

 

JUSTIFICACIÓN IDEOLÓGICA

 

Si bien hay que decirlo todo, el krausismo al que pertenecía Salmerón ya era de por sí una filosofía bastante cercana a los problemas sociales (pretensión de transformación pedagógica, política y mediática). De hecho le dio cobertura al Liberalismo y parió a varios presidentes de la I República. Y todo porque este movimiento conectaba con Erasmo de Rotherdam y la libertad de conciencia, entroncando con el tema de la libertad individual. Krause predicó un realismo racional: un equilibrio entre el ser, el pensamiento y la acción (lo que  es de por sí un síntoma claro de filosofía práctica: pensamiento-acción-realidad). Lo real es descubierto por la razón, bajo un realismo racional. Desde ahí es posible cualquier presupuesto que vincule al Krausismo con la acción social.

 

Como sabemos fue Sanz del Río el difusor en España, tras conocer a Ahrens (discípulo de Krause). Muy en el fondo Sanz del Río llevó a nuestro país ese espíritu socrático del que contaba esta filosofía. De ahí saldría una defensa y apuesta por la ética y la praxis (otro síntoma de filosofía práctica) desde su punto de partida el ‘yo individual’ hasta llegar a la ‘realidad  del cuerpo’, ‘el espíritu’, y etc.

 

 

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El Krausismo en España supuso la verdadera apertura del pensamiento español a lo extranjero, filosofía alemana en este caso. En el terreno pedagógico destacó con Giner de los Ríos y la Institución libre de enseñanza y en el terreno político con Nicolás Salmerón. En otro orden de cosas Salmerón desarrolló una línea propia dentro de este sistema filosófico: el krausopositivismo. Con ella se separó de la línea de Sanz del Río. Los principios fundamentales, en su postura, estaban en la ciencia empírica: la ley de la evolución y de la relatividad del conocimiento. Según Salmerón estos cuerpos ideológicos deben estar en la filosofía  y mantener dentro de ella una relación armónica.  Esto le conducía a la psicología filosófica que unía razón y experiencia. En definitiva Salmerón trató de buscar en su línea filosófica una conciliación. Pretendía ir de la ontología del pensamiento y realidad hacia el conocimiento racional y la ciencia, con la experiencia (metafísica inductiva).  La experiencia era fundamental para sus ambiciones, como se ve (rasgo de filosofía práctica).

 

 

 

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Bibliografía.

 

  • Historia de la Filosofía Española Contemporánea. Manuel Suances Marcos. Editorial Síntesis. 2010.
  • Obras de D. Nicolás Salmerón. Tomo primero. Discursos parlamentarios. (Prólogo de Gumersindo de Azcárate). De  Gras y Compañía Editores. Madrid. 1881.
  • Nicolás Salmerón. La vida de un presidente de la Primera República Española. (Prólogo de  José Luis Rodríguez Zapatero y Manuel Chaves González)  María Carmen Amate Martínez y J.M. Beltrán.  Arráez Editores. Mojácar  2008.

 

 


[1] Obras de Don Nicolás Salmerón. Discursos Parlamentarios. Gras y compañía editores. Madrid 1881.

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