Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/11/2017
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Tomás Néstor / Eloy Rubio
5/11/2017
CONVERSACIONES SIN RED...con David Esteban Hernández, grafietero

Dadospuntocero: "Miro atrás, la primera noche que salí a pintar y ni me planteaba que iba a llegar a donde estoy"

Continúa la serie de entrevistas 'Sin red' de Tomás Néstor, organizadas mes a mes por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Villarejo de Órbigo. La de noviembre, a modo de fugilato amable, muy amable, ha sido con David Esteban Hernández, más conocido por 'Dadospuntocero', el grafitero/muralista que va dejando rastros de su obra en muros, paredes y fachadas de la provincia de León.

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Presentó Tomás Néstor a David diciendo que estaba en una posición ajena a la habitual, de espaldas a la pared, allí donde estábamos nosotros.

 

Tomás Néstor salió con una engañifa en doble juego: “yo creo que tú no pintas todo lo que dices que pintas”, y  retó en ese momento al artista a que le hiciera allí mismo un retrato...Así, a pelo, “sin preparar.”


Con ello  empezaba una lucha a muerte entre dos fúgiles, uno de la palabra y el otro de la imagen. Eso sí, el boxeador de la palabra se tomaba una ventaja, se decía sin red pero enarbolaba en su mano derecha una tupida y enredadora urdimbre tejida de azagayas. 

 

La finta del  boxeador de la palabra fue que David Esteban le hiciera allí mismo sobre una tabla un retrato. No sabía Tomás que el ‘grafitero’ entendía el amago convenientemente y guardaba un directo del cual Tomás podría quedar tocado por lo que restaba de velada.

 

El retratista da instrucciones minuciosas para que Tomás mostrara su mejor cara, bien dispuesta a ser abofeteada. El público reía las gracias. David Esteban agitaba sus maracas de pintura de colores en una danza que desconcertaba al modelo.

 

De repente un extraño en forma de ‘swing’, un derechazo escupido desde lejos a esa bienencarada cara: “¿Nunca lo habías oído? un seis y un cuatro, ahí está, tu retrato.”

 

Tomás Néstor acusó el golpe que no había sido mortal, trastabilló un poquito pero salió hacia atrás como queriendo atraer hacia sí al rival; entonces soltó un ‘jab’ muy largo, de débil potencia pero que consiguió lo que pretendía: mantener alejado al rival, probar los reflejos y defensas del contrincante. “¡Ostras, un poco calvo pero voy camino de ello! Un retrato anticipatorio. Bueno, luego te pediré un detalle más, por ejemplo un fondo azul, o rojo o verde”, le dijo Tomás Néstor.

 

Aquí  repicó la campana como una soledad sonora sobre un charco, una campana que no oían y un repiqueteo que se confundía con la lluvia. Hubo que halar de los rivales hacia sus asientos. Ahí relajados, serenos comenzaron a amagarse en las palabras, en las mejores palabras.

 

 

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Tomás Néstor: ¿Tu casa, el papel pintado del pasillo lo pintabas en ratos libres o no?

 

David Esteban: Era papel repintado.

 


Pero repintado por ti.

 

Sí…

 

 

Por tanto te dedicabas a pintar, ¿no te reñían?

Siempre, (risas).

 

 

Y tú ¿cómo reaccionabas?

 

Agachando la cabeza, cómo si no. He sido bastante bueno, no pienses. Practicaba en muros donde tenía acceso y me dejaban y en los papeles que tampoco causaban molestias.

 


Pero los muros de casa no.

 

Bueno, alguna cayó. La habitación propia, luego pase al garaje, luego ya pinté la puerta de fuera, hasta que ya decidí marchar de casa y empezar con otra.

 

 

Y entonces era cuando por las noches salías con 17 o 18 años armado de algún spray, a pintar por ahí paredes y quién te viera diría y este vándalo qué irá a liar ahora por ahí.

 

Más de una vez me ha pasado, de hecho alguna vez haciendo algún trabajo me han preguntado por el permiso... Es verdad que como los buenos ‘grafiteros’ empecé por las noches y mirando hacia atrás por si venía alguien, pero enseguida vi que no era lo mío. Lo descarté tras un par de noches y empecé a trabajar de día, tranquilo, buscando lugares donde nadie me fuera a cortar para pedirme que me identificara como ha ocurrido a veces en algún caso.

 

 

O sea que te ven sospechoso…

 

Sí forma parte del oficio, en cuanto te ven con los ‘sprays’ la gente sospecha…

 

 

Pues yo me quedé tan tranquilo, ahora cuando te vi con los ‘sprays’.

 

Eso es porque tenía dónde pintar.

 

 

A ti te parece que las cuevas de Altamira son la primera manifestación de grafiti o qué piensas...

 

Yo creo que sí, y muy claro además, porque era la forma de expresarse que tenían y de que permaneciera para los venideros. De hecho lo han conseguido.

 

 

Pero tú no los imitas no, o sí…

 

Bueno cada uno tenemos nuestro estilo, de los pintores primitivos me quedé solo con lo de la pared.

 

 

Pero siempre pintadas en paredes ajenas.

 

Hombre, si es posible sí.

 

 

Oye lo tuyo que es, arte al aire libre, vandalismo, apropiación de fachadas ajenas. ¿Qué es esto?

 

No sé muy bien cómo definirlo. Muralismo porque está en la calle en un muro, pero vandalismo no sé hasta qué punto. Cuando pinto me siento a gusto, me siento bien, no considero que esté haciendo algo vandálico algo que esté molestando.

 

 

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Ya porque tú estás ya dentro del sistema. No eres un fugitivo que anda ahí buscando...

 

De hecho, yo siempre dejo mi referencia. Quienquiera puede llegar a encontrarme,...

 

 

Entonces contigo y en ti se puede confiar. Por tanto cualquiera de los que estamos aquí, yo mismo si un día se me ocurre pintar una pared, puedo llamar a David y decirle, "eh, David ven para acá". 

 

No, no habría ningún problema.

 

 

Recuerdo una entrevista no hace mucho con otro grafitero que decía que al final acababais siendo de la familia, porque estaba pintando y lo invitaban a comer, lo invitaban a cenar, se lo ponían todo allí. Decía que era como formar parte de una gran familia, al final todo el pueblo te tutea y te agasaja.

 

Eso ocurre cuando llevas mucho tiempo en un lugar pintando muros grandes, la gente llega a conocerte, el primer día a lo mejor se mantienen un poco alejados, pero a medida que va pasando el tiempo eres uno más.

 

 

Y entonces aquí, en Veguellina, que tienes tres obras por lo menos, ¿también te encuentras como en casa?

 

Desde el primer día me trataron como uno más del pueblo…

 

 

¿Qué se siente cuando uno pasa por delante de una obra suya y de allí el nombre? Por ejemplo hoy cuando veníamos por la plaza de Elena Santiago y viste allí dos obras tuyas ¿qué sentiste?

 

Me sentí muy a gusto de poder hacer un trabajo para los demás, porque al final cuando pintas en la calle es para que lo vea el resto de la gente y que además esté gustando tanto como está gustando… Cuando lo veo me reconozco en mi trabajo en la pared porque queda ahí para el resto del mundo. Me siento estimado en esta situación.

 

 

En el Imperio Romano también se hacían pintadas, algunas provocadoras provocativas, otras satíricas, o de crítica social, y muchas eróticas, por ejemplo en las ciudades de Pompeya y Herculano, el volcán que hizo de las suyas, nos salvó pintadas. ¿Lo tuyo no son pintadas, solo es imagen? Me refiero a los textos, porque hay quien dice que son escritores al aire libre. ¿Tú te limitas solamente a la parte gráfica?

 

Cuando yo empecé lo hice como todos los grafiteros que la gente conoce, escribiendo mi nombre con letras e intentando darme a conocer en mi barrio, luego te vas abriendo un poco más y al final llegas a donde estoy. Pero empecé como todos haciendo letras. Son unos antecedentes que están ahí. Está claro que el trabajo de la calle tiene un encanto especial y yo es con lo que me he quedado del grafiti. Lo he sabido enfocar a mi forma de vida y a mis gustos. A mí salir por la noche y pintar con presión, con el agobio de hacer algo mal y de que te van a pillar no me satisface. He optado por disfrutar de la pintura y trabajar de esta forma, por suerte he tenido una salida profesional que me ha abierto las puertas para poder vivir dedicándome a ello. Pero el grafiti está y siempre al final como un sustrato.

 

 

¿Y por qué firmáis con nombres tan raros: Cobra, Muelle, Banksy, etc.?

 

La base del grafiti es el seudónimo, es el darte a conocer como un nombre, no como una persona. No es ocultar un nombre, es crear un nombre; algo así como un apodo. Dentro del mundillo nos llegamos a conocer por este seudónimo.

 

 

Se podría denominar también como perteneciente a la cultura urbana, cercana a los grafitis lo que la gente hace en los baños. ¿Eso son textos creativos, textos que todos hemos leído y alguno a lo mejor habrá diseñado? ¿Eso forma también parte de la cultura ‘grafitera’ o es estropear paredes y puertas?

 

Yo creo que no tiene nada que ver, aunque esté hecho en una pared, no tiene el sentido de dar a conocer tu movimiento, una expresión artística ni mucho menos. Hay veces que las pintadas que ahí vemos son incluso despectivas. 

 

 

Hubo también en el siglo pasado momentos importantísimos para los grafitis, pintadas y demás.  Aparte de Nueva York con la rebelión de los barrios más deprimidos que se dedicaron a hacer pintadas; me estoy acordando por ejemplo del Mayo del 68 en París, de la primavera de Praga, del Muro de Berlín por supuesto del lado oeste, porque el lado este del Muro de Berlín estaba impoluto. Ahí no pintaba nadie. Todos esos momentos son precursores del arte de la cultura mural de los graffitis...¿No es así?

 

Sí, por supuesto, el grafiti ha estado ligado a distintos momentos de la historia y se ha usado como forma de expresión, en algunos casos ha sido políticamente reivindicativo y en otros tan solo por la necesidad de expresarse de la gente, de dar a entender una idea o una filosofía, por ejemplo usar el Muro de Berlín que era algo que pretendía dividir con la intención de unir a la gente…

 

 

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Tus comienzos fueron con otro ‘grafitero’…

 

...de una manera profesional, sí. Me asocié con un compañero y fue una etapa muy bonita y productiva, nos dimos a conocer rápidamente, pues hacíamos algo que encajaba muy bien, y luego cada uno encontramos nuestro camino y de ahí surgió en mi caso ‘Dadospuntocero’, con una visión nueva, un enfoque mío personal de lo que es el grafiti, el muralismo y el aprovechamiento de esos espacios que están sucios o afean una ciudad. Se les puede sacar mucho partido.

 

 

¿Existe entre los grafiteros algún mal rollo, alguna picadilla entre unos y otros o sois un sindicato que os lleváis maravillosamente bien?

 

Aquí en León nos llevamos todos muy bien, no hay ningún tipo de problemas ni de rencillas. El mayor problema que puede haber entre ellos es a menudo esa falta de espacio para pintar. Empieza a haber problemas cuando alguien entra en un territorio ajeno, entonces empiezan sus picadillas. En León no hemos tenido esas problemas y mantenemos muy buenas relaciones. Cuando hay algún tipo de evento, concurso, exhibición nos juntamos todos y hay muy buen ambiente.

 

 

Entonces ¿nadie ha ido detrás de algo tuyo y ha empezado a repintarlo intencionadamente?

 

En todos estos años solamente he tenido que retocar un par de ellos que me han pisado. Se podría decir que ha sido gente ajena al mundo del grafiti quién ha hecho esto.

 

 

Villamor de la Vega debe de ser el pueblo de tus cariños, porque tienes ahí paredes y paredes.

 

Allí pasé varios meses pintando, hice un mural bastante largo sobre las tradiciones y la cultura del pueblo, y desarrollamos un mural bastante curioso de unos 70 metros de largo y gustó tanto que luego se hizo otro muro igual de largo.

 

 

¿Nunca pintarías un vagón de tren?

 

Sí, he pintado algún vagón de tren, pero no me lo pasé bien porque el trabajo se hacía de noche y por tanto no ves y te sale una birria y además no disfrutas con tanta presión, con esa tensión de que me van a pillar. No salen las cosas a gusto. 

 

 

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Sonó se nuevo la campana para que los fúgiles volvieran al ruedo. Lanzó Tomás un directo, un ‘jab’ con acompañamiento de cuerpo y aplicando su gran fuerza: “¡remata eso!”, le dijo, refiriéndose al retrato que David había comenzado.


Se agitaron de nuevo las maracas de la pintura, el ritmo de pies seducía y tenía hipnotizado a Tomás, que se desvahía en los laberintos, en las fintas, hasta que un gancho vertical al mentón casi consigue derrumbarlo: “me llaman el de los triángulos, el de los cuadriláteros, el de los ganchos al mentón”, espetó David. 


Hubo de venir de nuevo la campana a salvar el traspié en el que había caído Tomás Néstor, fue un momento de relax para disfrutar de un montaje fotográfico animado del proceso de pintura de la plaza de Elena Santiago, en Veguellina. Vuelta al redil.

 


Yo he leído en algún sitio que te consideran uno de los mejores muralistas de España. ¿A ti esto como te suena?

 

Me suena demasiado grande. No creo que esté a este nivel. Considero que hay mucha gente en España que pinta mucho mejor que yo, con una trayectoria mucho más amplia y un reconocimiento. Ojalá algún día consiga llegar a ese nivel, pero tendré que trabajar mucho para llegar ese reconocimiento nacional. En León ha sido más fácil, es pequeño y me he hecho rápido un hueco, quedan muchas paredes que pintar.

 

 

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Comentaban el otro día en Astorga que cuando pintabas las cajetilleras, había un montón de gente ociosa, jubilados, espectadores que constantemente te indicaban cosas o…

 

Eso que antes los jubilados iban a ver las obras, pero como ahora no hay muchas, pues van a ver a los grafiteros.

 

 

 ¡Qué cambio más genial no!

 

Es fantástico. Ver cómo la gente hace suyo el mural, y como a veces incluso te dan indicaciones valiosas…

 

 

¿Y tú como reaccionas?

 

Hay que saber escuchar todas las opiniones. Hay veces que pueden ser valiosas y otras te hacen darte cuenta de que lo que estás haciendo está bien…

 

 

¿Y en La Bañeza participas todos los años en un encuentro…?

 

Sí, se está haciendo un festival en verano, ya van por la 5ª edición. Y nos juntamos mucha gente. La verdad es que la lían muy parda, esta gente lo hace muy bien. Se hace algo especial para la provincia de León y de gran magnitud. Creo que de aquí a unos años La Bañeza va a sonar fuerte fuera de España porque la magnitud del evento es impresionante. Setenta personas pintando paredes. En Fitur se ha promocionado mucho el evento y en Intur también con muy buena acogida.

 

 

¿Cuándo te enfrentas a una pared normalmente te dan libertad temática y te dicen haz lo que quieras? ¿Te dan un tema concreto

 

Hay de todo, a veces me dan hasta la imagen que tengo que pintar, te ves limitado en cuanto a ese desarrollo personal de tu trabajo, pero tampoco hay que despreciar nada. Todo tiene su punto positivo. Lo más bonito es cuando simplemente te dan la pared y a partir de ahí buscas el qué y el cómo desarrollarlo. En el caso de La Bañeza yo me siento muy a gusto por eso mismo, porque tienes esa libertad total a la hora de trabajar y es muy bonito. Te ves completo desarrollando tu propia idea sin tener ningún tipo de trabas. A veces te dan indicaciones y también es un reto llegar a desarrollar tu idea con esas pequeñas pautas que te marcan, y cuando terminas el trabajo y ves que has cumplido los objetivos que buscaba al cliente desarrollando unl enfoque y una idea personal te sientes satisfecho. 

 

 

¿Alguna vez te han planteado algún tema que digas no…?

 

Hasta ahora no he tenido problemas, todo ha sido fácil a la hora de enfocar, pero no sé qué es lo que me deparará...

 

 

Cuando tienes un encargo ¿cómo surge la idea primera?, ¿estarás dándole vueltas a la cabeza durante un tiempo?

 

Eso sí, la cabeza enseguida empieza a ver opciones, ver qué encaja y qué es lo que mejor va a quedar. Cómo le podemos sacar el máximo partido a esa pared, es algo que te atrapa. La misma cabeza te despierta a las cinco de la mañana con una idea y la tienes que plasmar, no puedes perderla.

 

 

 Y nunca has rechazado una obra ya terminada que hayas dicho: ¡vaya, vaya lo que me salió…!

 

Me ha pasado, pero sobre todo cuando me he visto demasiado limitado a la hora de trabajar. Cuando las condiciones no han sido buenas, el trabajo al final no es bueno.

 

 

Entonces quedamos en que esto es un arte…

 

Es un arte, porque al final eres considerado como un pintor y pintas creativamente.

 

 

Pero ¿alguna habilidad habrá que tener?

 

Yo creo que no, pienso que lo que tengo lo he conseguido a base de esfuerzo y de mucho trabajo. No me vi en un primer momento como un artista, como es el caso de amigos que tengo que sin darse cuenta están haciendo una obra de arte. A mí me ha costado mucho llegar a pintar como pinto y a conseguir lo que estoy haciendo, por eso cuando alguien me dice 'ya me gustaría a mí pintar así', simplemente le invito a que pinte y a base de pintar y pintar podría llegar a salir. Creo que es algo de paciencia y de constancia. Está claro que hay cosas que en un principio no podría haber realizado, por ejemplo el mural de la cecina de Astorga es un trabajo realista en el que te hace falta mucha técnica, ya no es cuestión de querer…

 

 

Es que ahí son variaciones siempre del mismo color…

 

Se trata de distintos tonos, hay que jugar muy bien con las luces y las sombras, entonces todo eso está claro que lo vas adquiriendo a base de hacer. En un primer momento, miro atrás hace diecisiete años, la primera noche que salí a pintar y ni me planteaba que iba a llegar a donde estoy y mucho menos a pintar lo que pinto. Yo veía los dibujos de otra gente y me parecía fascinante e imposible para mí. Y poco a poco te vas dando cuenta de que a base de trabajar duro llegas a donde ni habías soñado...

 

 

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¿Qué prefieres el realismo otro tipo de…?

 

 Siempre me llamo mucho el realismo, sobre todo de cara a trabajarlo con spray. 

 

 

Nunca rematas con pincel ni nada…

 

No sé ni usarlo.

 

 

Y cuando el aerosol se expande, ¿nunca ha pisado lo que ya habías pintado?

 

Está claro que cuando tú dominas el spray dejas la pintura donde quieres. Hay que aprender a manejarlo.

 

 

¿Tú crees que Miguel Ángel, el de la Capilla Sixtina, hoy en día se atrevería a ser artista pintor muralista al aire libre?

 

Yo creo que sí, que ese hombre no tenía barrera ninguna, solo pensar que estaba pintando tumbado. Me quiero imaginar que cualquier lienzo vertical no le pusiera apremio.

 

 

¿Tienes algún referente?

 

Me considero autodidacta, pero referentes siempre he tenido. En cuanto a pintura McLein es un grupo alemán que para mí siempre ha sido un referente. Nunca he tenido la opción de tener alguien a mi lado que pudiera guiarme. Mi caso es de completa autoformación, pero hay cosas que evidentemente me gustan, podríamos llamarlos mis referentes. Pero me ha llamado más la atención la escultura, por ejemplo la de Rodin, que la pintura más tradicional.

 

 

La velada terminó de manera cordial, la pelea había sido un amago de pelea, Tomás no era más que un 'sparring', un muñeco para facilitar el aprendizaje de la lucha, que es una lucha al final por la vida, de David Esteban. Unas palabras bien dichas pueden valer por mil imágenes, sobre todo si desbordan la imaginación, como las dichas en la tarde del sábado en Veguellina por Tomás y David Esteban , para los amigos 'Dadospuntocero' .

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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