Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/11/2017
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Max Alonso
10/11/2017

Catalanes y catalones

                         

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Un buen  amigo catalán protesta porque a los catalanes se les engloba en un paquete como si todos fueran iguales. Así ocurría hasta ahora con los catalanes, mientras que los andaluces han sido folclóricos, los aragoneses cabezones y los gallegos gallegos, los valencianos coheteros y falleros, ellos han sido siempre serios y responsables. Eso por las definiciones tópicas porque los andaluces, en verdad tienen una facilidad especial para el baile y la fiesta, pero puestos a ser serios lo son. Los aragoneses son nobles y tesoneros,  mientras que los catalanes han aparecido ahora desdoblados como con una doble personalidad. La del ‘seny’ o sentido común y los que carecen de él.  De repente han emergido los otros catalanes, que para entendernos yo prefiero llamarles ‘catalones’, que no atienden a razones sino a sentimientos e ilusiones puramente subjetivos y diferenciarlos de los catalanes, que siguen siendo como eran,  sólo que ahora víctimas de los ‘catalones’, que es una nueva especie, que se ha desarrollado rápidamente, como la maleza,  agostando al trigo. 

 

Los ‘catalones’ carecen de ‘seny’, el desarrollado sentido común que les investía a los catalanes y se han investido de lo que más que valores son contravalores. Han resultado así innobles, desleales, como se les ha calificado,  gregarios, acríticos, insolidarios, egoístas y tontos. Aunque José Luis Sampedro pudiera decir que no son tontos, sino que están manipulados, al alcanzar el nivel que han alcanzado la verdad es que se han convertido en tontos peligrosos, porque  hay muchos, aunque no tantos a pesar del ‘puigcherazo’ para ganar una parodia de referéndum. No era un  referéndum lo que hicieron, no porque fuera ilegal, además,  sino que careció de las notas distintivas de neutralidad por parte de los ejecutantes, contó con propaganda única y unilateral, y no partió de un censo cierto y público. 

 

Ya se sabe con la propaganda política lo que pasa. Ahí está lo de  Trump y lo del Brexit, que es de nota, muy mala por supuesto, pero lo ocurrido en Cataluña  con los que han participado hace dudar de que sean un pueblo serio y maduro cuando comulgan encantados con  las mentiras de sus líderes, -que si la balanza fiscal, que si los diecisiete mil millones que se iban a ahorrar, que si los bancos no se irán,  que las empresas tampoco,  que no nos iremos de Europa –toma que no- que tendremos más inversiones.  No ha hecho falta que echaran  el globo a volar, que por dos breves momentos lo han hecho,  para que  esté por los suelos y el expresidente haciendo el ridículo por Europa, como si no fuera europeo y tuviera derecho a hacerlo o que va tan noqueado que no sabe si es que sopla el aire o han dejado una puerta abierta.

 

Otros argumentos de los únicos que se escuchan son además de falsos  muy negativos, pues les convierte además de papanatas en insolidarios, ambiciosos, xenófobos y ridículos. Los que son delincuentes, porque incumplen las leyes para ellos son perseguidos, y así siguen con la cantinela de víctimas, que es lo que son ellos, o se hacen siempre, nunca verdugos. Todo eso no importa. El proceso no era racional sino sentimental y cuando un poseso escucha lo que quiere todo vale. 

Es verdad que en democracia uno puede pensar como quiera pero si piensa mal se equivocará. Lo que los catalones quieren está por encima de la ley. Esa aberración solo la sostienen los antidemócratas, porque la ley es la esencia de la democracia y si lo pueden decir es porque impera la ley y no la voluntad del pueblo. El fascismo como totalitarismo –ese descalificativo que echan en cara los que lo son- siempre es y será malo, por experiencia, aunque está tan devaluado su uso que esta invalidado. Por eso yo prefiero la diferenciación de catalanes, los que sieguen siendo como eran y sometidos a la ley no a sus contrarios, dentro de su sociedad que la han dividido,   los catalones, que dejan cultivar en su interior una utopía, victimas del delirio, sin miedo al ridículo. Con tan falsos argumentos como disparates. Convertidos en fanáticos se enfrentan con la ley, sin darse cuenta que si se dejan llevar por los sentimientos en volandas de la irracionalidad, con la que han perdido el “seny”, pueden ser ellos las primeras víctimas de la ley que les protegía. Así,  a sus delincuentes los convierten en perseguidos, cuando son sencillamente políticos presos, como corresponde a todo delincuente. Basta  ya de privilegios, que ya era hora.

 

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