Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/11/2017
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Isabel Llanos
10/11/2017

Días que duelen

 

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Hoy duele. Hay días así, que duelen sin más. Es un dolor físico que inunda el pecho y se escapa hasta los pensamientos, y no deja descansar. El desasosiego se incorpora a la taza del desayuno y parece ahogarse conmigo mientras agito maremotos de cafeína con la mirada distraída por encima de la cucharilla. No sé por qué. Tampoco importa. No cambiaría nada, por otra parte. Con el tiempo, uno se acostumbra a vivir con ellos. Hay quien los llama días grises o días tontos, ¡pobrecitos ellos, como si lo fuesen a propósito! Pero cuando asumes que vienen en el ‘kit de vida’, aprendes también a paladearlos. No están precisamente suculentos, pero es en el contraste dónde se degustan los matices. Podría decirse que son como los picos o galletitas que se mordisquean entre los diferentes vinos en una cata. Los grandes sabores serían aquellos llenos de fusiones, como los buenos recuerdos, con múltiples capas y variadas reminiscencias. Pero se puede hacer un elogio de la amargura, de la nostalgia. Si a veces no nos atravesase el pecho como un puñal, no nos retorciese las entrañas como si nada más importase en la vida y pareciese que no va a haber futuro, no creceríamos.  Es como el dolor de los huesos cuando somos niños, el dolor del crecimiento, tan necesario y tan preciso, concomitante a la vida en sí.

 

En ocasiones pienso que yo sólo se escribir con dolor. Me conecta con ese lugar íntimo y personal al que sólo yo tengo acceso. Y es en ese dolor en el que me reconozco, en el que contemplo las heridas, algunas cicatrizadas, otras enquistadas, algunas gangrenadas… Mi lado imperfecto, mi lado más yo. Cuando aparece no lo rechazo, me duele pero lo acojo con los brazos abiertos porque quizás es donde más siento casa. Es tentador y seductor, como el veneno camuflado en gotas dulces, como la muerte desangrándose en una bañera de agua caliente. Me apetece tanto dejarme llevar por él… Este vampiro recurrente es el útero templando mis sollozos, aguantando mis lágrimas rotas, suavizando las náuseas en el vientre. Me gusta encerrarme en casa y dejar que me posea siendo esposa fiel y asceta. Solos él y yo, y nadie más. Cuando está no me gusta compartirlo, ni presentarlo. Anulo toda la agenda posible y nos quedamos a solas. Y nos miramos a los ojos, oscuros y hondos, y así nos podemos pasar horas. El tiempo no cuenta, sólo mira desde fuera. 

 

A veces jugamos al despiste con el mundo. Subimos un post chistoso a las redes, ‘retwitteamos’ un mensaje positivo y ponemos una fotografía con enjambre de colores en ‘Instagram’. Y nos reímos. A veces salimos a pasear de la mano. Entonces buscamos paisajes solitarios, o callejeamos de noche. Las citas más especiales suceden cuando llueve: salimos sin paraguas y dejamos que lágrimas y lluvia bailen juntas por nuestro rostro. Como a los mejores amantes, no le gustan las despedidas. Se va como aparece, sin decir nada. Y por eso mismo tampoco lo echo de menos, sé que volverá el día menos pensado, así, siempre sin esperarlo, porque también es posesivo y celoso, afiliado a las filas del ‘ni contigo ni sin ti’.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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