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Astorga Redacción
12/11/2017

Panero en voz alta: Vicente Aleixandre (I)

 

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Vicente Aleixandre (1)

 

El mundo poético de Vicente Aleixandre, según Leopoldo Panero, se llena de su clara voz y vehemencia. Su lírica, hondamente genuina deriva de la intimidad hasta el punto de que apenas hay objetividad en su poesía, pues “apenas existe en su creación poética ese mínimo desdoblamiento apariencial impuesto al espíritu por la realidad”. Sí la poesía de Alexandre es panteísta lo es en sentido poético, estético, mejor dicho, imaginativo, “artístico, virtual”, “No trascendente”. Su misteriosa palabra es poética y romántica más que mística o religiosa. Y aunque palpita el sentido de la muerte y de la aspiración a Diós, características de lo religioso según Panero, no obstante su poesía es “un deleite casi físico en la sensible hermosura de la creación”. La angustia se fundó en el origen de las cosas y su melancolía se levanta hacia la inocencia. Su poesía al  modo de la de Shelley  es paganamente panteísta, nostálgica y si tiene emoción es la divina, “de un mundo anterior al pecado”. Uno de sus símbolos es el de la mujer como río fluyente aunando la identidad de la belleza externa con la interna. La misma materia original de la poesía de Gabriel Miró es la que vale en esta ocasión para Aleixandre. “Desnudez y encendimiento elemental” es lo que Panero dice resumiendo. La poesía de Miró es mucho más concreta que la de Aleixandre en búsqueda de lo inexpresable, tan romántica, escasamente descriptiva. Ese enajenamiento es expresado de modo rotundamente negativo: “Ninguna poesía se acerca tanto a la inocencia última de lenguaje, a la expresión mágica del espíritu”.  Y lo mágico en este contexto es lo misterioso e inexplicable. 'Criaturas en la aurora' de 'Sombra del paraíso' no puede expresarse, arrancando belleza y claridad. Y una vez más se plantea el problema de la intraducibilidad de la poesía y muy en  concreto de esta poesía lúcida. El arranque de la poesía aleixandriniana  ha contado siempre con un origen misterioso, expresado de manera más plena ahora, porque en 'Espadas como labios', en 'La destrucción o el amor'  no hay  un pleno desarrollo estético de la intuición poética. El léctor había de completarlo y percibía "el dramático forcejeo con la expresión”, que la hacían impopular, ya que era dramático el desasimiento entre expresión e intuición, entre materiales originarios y espíritu transparente, entre “alumbramiento virginal” y “fuerza desvariada”.

 

Lo que no conseguían las anteriores obras de Vicente se plenifica en 'Sombra del paraíso' o al menos eso es lo que se deduce de la lectura de este artículo paneriano, pues Vicente Aleixandre cuenta con estas y otras muchas cualidades: “El latido ciego de su palabra poética alcanza artística plenitud, sin perder humana intensidad”; “ vigilancia expresiva, voluntad formal más acentuada, tanto en los poemas anchos y desbordados como en los otros de afilada composición interior”. Son observaciones críticas, que no acaban ahí pues es importante creer en el material imaginativo, en la intuición del poema, en “la transmutación de las palabras en espíritu, en increíble gracia poética, en verdad lírica, el misterio”.

 

 

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La poesía aleixandriana se acerca más a la poesía de Rimbaud  o del mejor Alberti qué a la de Mallarmé, Guillén o Valèry. En aquellos dos hay sobre todo magia y sentimentalidad, poesía casi musical. En los tres últimos será otro fenómeno de rigurosa construcción de poesía pura, eliminación a posteriori “ardiente y fría de elementos de escasa significación musical o expresiva: una ordenación sistemática del mundo poético”. Esta  musicalidad de Aleixandre está conseguida por la gracia poética, pues ni tiene rima ni medida tónica, pero la inocencia la instrumenta hasta convertirla en “leve son sin materia, intenso y vago sonido que nos arrebata sin palabras, sin significación”.  Aún precisa más: “incluso la emoción humana directa y desnuda,  el recuerdo filial, el sentir elegíaco, la ternura imaginativa fluye... entre la invisible resonancia de las palabras, hacia otro plano remoto y mágico, hacia otra dimensión estética menos dramática, menos real que el recuerdo mismo. La emoción llega hasta nosotros como una ráfaga de sentimiento, como un soplo lejano de hermosura y ausencia infantil, como una caricia vehemente de la nada, más universal que personal, más solitaria que íntima”. Con este libro que le sitúa en la cima de la lírica contemporánea pasa de la violencia anterior a la diafanidad, a la fluencia, a la inocencia, al sosiego, a la invocación estremecida, inefable, “terrible y solitaria, dulce y misteriosa.”

 

La poesía de Vicente Aleixandre, 'Sombra del paraíso', 4 de julio de 1944

 

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Vicente Aleixandre (2)

 

Panero recuerda dos experiencias personales sobre un mismo poema de Vicente Aleixandre. Cuando el poema 'Madre, madre' , de 'Espadas como labios',  lo leyó en un momento en que, por moda, “lo que más me apasionaba era la rotura con la forma, su valentía” , Le pareció un poeta formal y estético. Cuando ahora al cabo de los años,  con otra estimación, menos fanática realiza una segunda lectura percibe “un poema transido de emoción” que antes no veía.

 

Releer, revivir.

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