Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/02/2018
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Mercedes Unzeta Gullón
23/11/2017

Y sé todos los cuentos

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Me veo perdida en una zozobra emocional y existencial. Esta imposibilidad de actuación, de reacción interventora al ambiente social, político, humano y hermano que nos rodea, me achicopala (como diría un mexicano), es decir, me deja entumecida y apresada en una gran incertidumbre.

 

¿Cómo afrontar mi vida en este escenario nacional del que soy parte pero no imparte? ¿Cómo asumir sin conmoción esta percepción, más bien certeza, de que la clase dirigente, esa a la que todos elegimos y pagamos para que gestione nuestra cosa común, me está tomando por idiota? Me engaña, me dice mentiras, manipula y se queda con mi dinero. Y yo ¿qué puedo hacer? me pregunto, y me respondo: NADA, aguantar lo más dignamente posible a la constante situación de que el agredido es culpable y el que agrede es la víctima.

 

No hay dinero en las arcas nacionales, nuestra hucha común, para repartir, entre otras muchas cosas, unas pensiones dignas a los que han trabajado mucho y les toca disfrutar un poco del tiempo (ya menguado) de su vida; pero son muchos los que han trabajado poco y disfrutado mucho de la vida y han podido meter la mano en esa hucha y sacarse unos buenísimos dineritos para seguir disfrutando ellos y sus bisnietos (porque las cantidades que sacan cubren con creces una, dos y tres generaciones a todo dar). Y claro, el dinero no se multiplica por arte de magia, como los panes y los peces, y se reduce enormemente si muchos meten la mano a escondidas, sin permiso.

 

Estamos asistiendo una, y otra, y otra vez más, y cada día más, a nuevas desviaciones de millones comunes hacia bolsillos particulares y… no parece que pase nada. El socio de esta comunidad, el pringao (que somos muchos), asiste con resignación a dar sin recibir, a confiar en unos gestores que gestionan de pena y que, además, malversan y saquean. Pero lo peor de todo es que cuando les pillan in fraganti en lugar de bajar la cabeza, como correspondería a una persona de bien, estiran el cuello y alzan la barbilla.  Se crecen desacreditando al que ha tenido la osadía de sacar a la luz sus bribonadas. “Nunca caja B”, “no sé, no conozco”, “nos acosan”, “ese jefe inspector de la UCO se lo inventa todo”, “son los socialistas los culpables”, “hay conversaciones, no hay conversaciones”, “justicia igual para todos”, bla, bla, bla

 

Todo es mentira en este mundo
Todo es mentira la verdad
Todo es mentira yo me digo
Todo es mentira, por qué será?

 

Así nos cantaba hace años Manu Chao y podemos seguir cantándolo sin pudor.

 

El hecho de mentir se ha instalado en la conciencia de los que están arriba como medio de supervivencia del poder. Seguir estando en la cumbre es la máxima prioridad y, para ello, acomodar las mentiras como verdades es un arte que se ha ido introduciendo poco a poco en las actitudes y tácticas de los gobernantes mundiales. Es un método que, yo creo, nos viene del Oeste, allende el Atlántico, de dónde vienen el Halloween, la Barbie y el Rock and roll.

 

Mentira no se borra
Mentira no se olvida
Mentira, la mentira
Mentira cuando llega
Mentira nunca se va
Mentira la mentira
Mentira la verdad

 

No sólo las mentiras sirven para disfrazar las verdades, sino que también se han fabricado grandísimas y terribles mentiras como estrategia para conseguir unos fines determinados. Ya que me he referido a ese gran país del otro lado del Océano (grande porque nunca ha tenido escrúpulos para avanzar en su crecimiento), me viene a la memoria el conocido hecho histórico de la propia voladura de su acorazado Maine, en la que murieron 261 tripulantes, para justificar, culpando a los españoles, el arrebatarnos Cuba a esta España nuestra. Esa es sólo una pequeña gran mentira histórica. Las famosas armas de destrucción masiva que nunca existieron y que era evidente, en su momento, que no existían, es otra mentira como estrategia para abrir camino en el Oriente Medio a sus trapicheos con el petróleo y los gases. Y profundizando algo más en el tema podemos poner cada vez más en cuestión el famosísimo e impactante 11S. En la red circula una entrevista al General Mayor USA Albert Newton, responsable de todas las fuerzas de inteligencia estadounidenses de todo el planeta en aquel momento, en donde el general analiza este famoso supuesto atentado e interpreta su mentira. Murió a los pocos días de hablar. Recomiendo escucharle (https://falsasbanderas.wordpress.com/2017/11/09/general-mayor-usa-muere-justo-despues-de-dar-esta-entrevista/).

 

A estas tremendas y constantes manipulaciones de la población se les llama eufemísticamente ‘Falsas banderas’.

 

Y estas son poquísimas de todas las mentiras que nos tragamos continuamente. Hace unos días me lo comentaba un político nacional decente: en política todo son mentiras.

 

Verdaderamente hay un enorme deterioro de la humanidad. Los valores más básicos como el respeto y la honestidad hace tiempo que han desaparecido de la faz de gran parte de la humanidad.

 

Y ¿qué vamos a hacer? ¿Dónde podemos ir a vivir sin que nos roben, ni nos cuenten mentiras que parecen mentiras ni mentiras que parecen verdades, ni nos humillen tratando de manipular nuestras conciencias. Difícil. El mundo rural ya no sirve como refugio ni aquí ni en Tombuctú.

 

No sé si hay vuelta atrás, por eso estoy existencialmente deprimida.

 

O témpora, o mores

 

 

 

 

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