Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 13/12/2017
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José N. Fuertes Celada
26/11/2017

Rilhafoles: Verso y reverso

Rilhafoles, en su número 4, ha dejado de ser un misterio en cuanto que no es averiguable. Toda búsqueda es cansina y retrae indefectiblemente al buscador. Miro la revista Rilhafoles en 'Internet y me encuentro con mis propias pesquisas. Pienso cada vez con más ahínco que Rilhafoles es como una vuelta a la palabra misma y que donde habría que buscarla es en el interior de sí misma.
Rilhafoles se proclama 'Revista del Círculo de Lisboa' y está al cuidado de V. Karbajc.
En León solo puede buscarse de primera mano en la 'Librería Galatea'

 

 

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Dice Gadamer que dice Paul Valèry que la poesía es la palabra oro, la que vale en su propio peso, sin fianza de otras, siendo el referente de las que utilizamos habitualmente en la comunicación corriente: “La palabra poética no desaparece en cuanto palabra frente a aquello que evoca.” Es pues, sugiere Gadamer, aquello que significa al tiempo que lo significa: “La distinción peculiar de la palabra poética consiste en la forma en que se presenta a sí misma al presentar algo”. Es la forma oro a la que vienen a tasarse todos los valores comunicativos y expresivos del lenguaje.

 

Ya dijimos en otra ocasión que Rilhafoles era el patrón áureo de las revistas de poesía futuras. Rilhafoles es a las revistas de poesía que vendrán lo que la palabra poética es a la palabra funcional, la cobertura de su realización.


Este número 4, como los precedentes, está encomendado a Ângelo de Lima, de quien Pessoa publicó en su mítica revista Orpheu un par de poemas, y del que dijo que: “no siendo como nosotros, llegó a convertirse en uno de los nuestros”. Ângelo de Lima fue un inquilino de honor de Rilhafoles y, si queda memoria de semejante panóptico, lo seguirá siendo. 

 

Vayamos pues al Nº 4 del desplegable, cuya contraportada es una fotografía de la entrada de la librería Galatea de León, como una invitación a pasar adentro, un homenaje tributado por los 20 años que cumple desde su inauguración, casi nada para los tiempos que corren, “que nos harán más malos y nos harán más torvos”.


La portada, que por ser una revista plegable y plegada, queda una vez extendida del mismo lado que la foto de contraportada, es una fotografía succionadora, como de remolino que asusta y enmudece, un picado de un patio de interior de un edificio de viviendas de muchos pisos, “un empozamiento en el alma” hacia un Erebo que no nos dejara morir de ahí para abajo por miedo a muerte tan oscura. Veremos que esa fotografía es una copia literal de un poema del reverso. (aunque esta cara sea también reverso y copia cuando la miremos desde el otro lado)

 

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En esta cara, de 're-verso' se hace un homenaje a las librerías, o siquiera a los libros, con seis poemas objeto, tal vez falsos poemas objeto. Se aprovechan los títulos de los libros en el lomo para componer haikus. Participan estos poemas del Ready-made, al menos en lo que se refiere a los versos, siendo los haikus resultantes obra de una composición más intencionada; nada del azar, nada de juego de dados con los ‘composibles’, nada de ‘listo para usar’ en cuanto al poema se refiere. Evoca no solo las librerías, sino también las bibliotecas personales, con un aire a biblioteca de Babilonia, perdón a la borgiana de Babel. Acudo a mi biblioteca y recorro los títulos en los lomos de los libros. Muchos son descartables a primera vista pues sobre el título aparece montado el nombre del autor, otros son demasiado prosaicos, aunque quién sabe, pues nadie le pide a un poema contemporáneo que las relaciones de sentido se manifiesten con claridad. En cualquier caso van surgiendo versos en los lomos que serían ‘composibles’ con otros, tuvieran o no sentido manifiesto. Parece que al azar de esta extracción tendríamos que exigirle más que al que surge de la imaginación, de la imagen dad(á) en la boca.


Del mismo modo que los libros de una biblioteca podrían proporcionarnos datos sobre la forma de ser de su propietario, la composibilidad intencionada de sus títulos en haikus o, quien sabe, en tercetos asonantados, constituiría un buen test de la personalidad del coleccionista de esos libros: “¿El género incómodo? / Todas esas muertes / Carne y piedra / Un armario lleno de sombras.” O este otro sin título: “No se lo digas a nadie / A la luz del secreto / La oscuridad es otro sol.” No hace falta registrarse los bolsillos en ‘retrospectivo inexistente’ para darse cuenta de quien fui yo. (Siendo este yo, un yo poético)


Hay un sentido superior al sentido que componen los títulos de los libros como versos de haikus, algunos de los cuales han resultado pequeños y felices hallazgos: “La orilla del mar / el rumor del oleaje / la voluntad de ser feliz.” El sentido es el que decía arriba que escapaba a la visualidad para volver desde ella a la palabra;  un retorno, una aparente concesión a la imagen como regreso a la palabra, eso que se denomina ‘vuelta a la palabra misma’. Aquella de oro, que diera cobertura a los miles de imágenes tantas veces desenfocadas. Estos haikus de estantería son obra de Juan Luis García.

 

 

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La otra cara no es anverso sino la cara del verso. Insiste en ella de manera explícita en su homenaje a ‘Galatea’, con un recuadro que publicita su ‘20 anniversary’, tras el que añade una sentencia maniquea y demoledora de ‘el polaco’: “El buen lector se reconoce, menos por los libros que lee que por los muchos que deja de leer”. No sabemos quién sea el polaco pero sí que es sentencioso y peor escribidor de haikus.  El homenaje se amplía con el breve relato de Nuria Viuda ‘Galatea o el canto de Calíope’, Calíope, la de la bella voz ‘melismando’ al oído de Galatea un canto de amor a los libros, a los lectores y a sus costumbres y/o supersticiones. Donde enumera las sensaciones sinestésicas y cenestésicas, los aromas, las rugosidades táctiles e imaginarias de estos compulsivos especímenes dependientes de los libros y las novedades editoriales: “Zona novedades y sucumbir extendiendo los dedos con lujuria de goloso, quebrantando la ley autoimpuesta del; Ni uno más.” Un canto al libro de papel blanco como la leche blanca que se diría de la piel de Galatea.


Ocupando la mitad de esta cara del desplegable leemos lo que parece extracto de un diario, un diario fingido de Magalí Labarta, un diario a contra corriente, hacia atrás; lunes, después domingo. ‘FELIZ TRAVESÍA’: He soñado, repite insistentemente como una cantinela gaseosa de ácido eléctrico que ha de ser conjugable con la de Luther King; al tiempo que la travesía o fuga es la de un alma astral transportada por las sonoridades homófonas de las palabras ensamblando significados. Con esos mecanismos acostumbrados del sueño, pero sin surrealismos: condensación, simbolización, negación. Para hacerse en el centro de la escena: NO duermo / No sueño / IMAGINO. Un diablo cojuelo contemporáneo que se metamorfoseara en cualquier cosa animal o humana, disponiendo los resortes de las sincronías y de las ‘supercuerdas’. Por supuesto que la feliz travesía es libresca con resabios de Tom Wolfe y a rebufo de la fantástica y equinoccial aventura de los Merry Pranskters. Añádase la sabiduría onírica de los Yaquis de Sonora al emético de las enseñanzas de Don Juan, para que el despertar sea el de la conciencia de la inestabilidad y de lo efímero, el despertar de un sueño. Como dice Enrique Cabezón, en cita que encabeza 'FELIZ TRAVESÍA': “tuvimos un sueño / y desaparecemos.” (SOÑÁNDO(ME)).


‘Patio interior’ es un poema-espejo de la fotografía de la portada, en la otra cara (del espejo), una fotografía de una fotografía, lo que pinta muy bien, si leído desde el otro lado, como la fotografía de un poema, que es lo que se hacía en los haikus de Juan Luis García. Es un relato ‘minimal’ de Sophia Velho da Costa, en el que la mirada busca luz abajo del todo, en lo más oscuro de los patios interiores (“ …-here I opened wide the door;- / Darkness there and nothing more.), donde se agazapa la muerte, con la que no irá a encararse sin ‘verse’ antes la cara, ni morir con yo intercambiado…(¿De qué lado el espejo?)

 

No sé de que lado del espejo situar la ausencia de escritura de La Maga, autora de la foto de portada, voy de un verso al otro, a su reverso y vuelvo al punto de partida para regresar expelido al otro lado, como la hambre viva de la literatura, sin principio ni fin. Y sin embargo esa escritura de 'no' en el centro de la escena daría la clave de la mirada que se mirase a sí misma, el espejo en el espejo, los pasos perdidos, el secreto del arte.

 

Completa la revista  ‘Una canción de cuna’ y lo firma ‘un poema de Ninotchka’, entiéndase, no lo firma Ninotchka, lo que llevaría a una autoría, sino que lo refiere a alguien, aunque no sepamos  en calidad de qué. Tal vez una canción de amor a sí misma, si es que, como dijera Lacan, “yo es otro”, una canción cuya súplica es la de ‘clausura’, una nana que durmiera hacia el no ser o la nada.

 

 

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La revista no es redonda, pues tenía un tema casi completo, a punto, apuntado, bien apuntalado: el de la exaltación y la riqueza vital que facilitan la escritura y adláteres, librerías reales e imaginarias. Solo algunos poemas escapan al tema dominante o, quién sabe, tal vez haya sido mi incapacidad de reintegrarlos a ese nivel superior en que adquieren unidad y su paradoja escupan.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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