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Astorga Redacción
26/11/2017

Panero en voz alta: Vicente Aleixandre (II)

 

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Vicente Aleixandre (3) 

 

El juicio crítico sobre Vicente Aleixandre lo emite esta vez Leopoldo Panero en un artículo de prensa (Arriba, 4 de julio de 1944) en el que enjuicia la personalidad del poeta desde su más reciente creación ‘Sombra del paraíso’.

 

Halla vehemencia, claridad, renovación en la voz, especialmente comparada con la obra previa. Pero siempre genuinidad. Su espíritu apenas si tiene que desdoblarse para referirse a las cosas. De dónde una especie de panteísmo más que religioso, romántico, desesperadamente misterioso. Su mundo resultante es virginal y recién nacido, auroral. No siendo una poesía declaradamente religiosa comporta los dos elementos de cualquier religiosidad que son la muerte y Dios como ‘esencia última’. Pero a más de este anhelo religioso se goza en la poesía Aleixandriana de ‘Sombra en el Paraíso’ de “un deleite casi físico en la sensible hermosura de la creación”.

 

Su angustia se resuelve en alegría o tristeza, melancolía, o romanticismo inocente. Panero acredita que “la hermosura natural es un símbolo (...) de su alma”, como en Shelley, paganamente lírico. Este símbolo se desenvuelve en la mujer identificada con la belleza exterior de las cosas. La vinculación entre las cosas y las palabras al servicio de la descripción es característica de Gabriel Miró. El poema de Aleixandre se resuelve más en “dulce materia virginal”, romántica y anímica, arrebatado fluir de lo inexpresable. 

 

Establece a continuación el concepto de 'mágico' en esta poesía, por misteriosa, por lenguaje intrínsecamente inexplicable, intraducible. La intraducibilidad de la poesía se da en ciertos grados. Desde luego el buen poema es traducible, pero hay poemas de Shelley, de Keats y  por supuesto de Aleixandre  -Analiza el caso de Criaturas en la aurora-  en donde las palabras son como el alma misma, como respiración, producidas por la “temperatura secreta del espíritu” abrazado de “angustiadas palabras que el amor ilumina y revela”. “No es traducible está poesía lírica aunque se pueda traducir el pensamiento, la línea discursiva, la acción dramática”. No es traducible la gracia, la lucidez, la matinal fragancia del poema “no puramente verbal”,  pero  tan íntimo de lenguaje como lleno de “apasionamiento entrañable y sustancial de la verdad poética”, de la “irrupción última del espíritu lírico”. 

 

Los otros libros de Aleixandre tenían una común intuición de arranque -se refiere a ‘Espadas como labios’  y ‘La destrucción o el amor’- pero “el poeta no siempre lograba desarrollar estéticamente su vehemente intuición poética” adivinable solo en dramático forcejeo del lector. En ‘sombra del paraíso’ ya no hay ese “dramático desasimiento”. El inicial romanticismo, la violencia inspiradora es la misma, solo que aquí manifestada de “modo más jugoso, unitario y formal”. Sus primeros libros están alumbrados virginalmente y con “generosa fuerza”, ‘Sombra del paraíso’  se perfecciona y se intensifica. Hay en el nuevo libro mayor “vigilancia expresiva, una voluntad formal mucho más acentuada y firme”. En unos poemas se desborda por la palabra, en otros se interioriza y recompone hacia ‘Ámbito’, “aunque dentro de la nítida experiencia poética de los últimos años”.

 

 

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Varias cosas cuentan en ‘Sombra del paraíso’, la belleza romántica, la “virginidad de sus materiales imaginativos”,  “la intuición generosamente única del poema”,  pero también y lo que es más la capacidad de  convertir  “las palabras en espíritu, verdad, misterio y gracia poéticos. Si  la poesía pura operaba por eliminación, por lima, rayendo cuando no fuera “escasa significación musical o expresiva” u “ordenación sistemática del mundo poético”, -el caso Aleixandriano es más el de Rimbaud o Alberti que el de los clásicos Mallarme, Valèrie, Guillén-, Alexandre construye perfectamente la arquitectura del poema, pero la deja llena de impurezas románticas. Es rigurosa y equilibrada a la par que “ninguna poesía tan allegada a la música como esta”. Mágica sentimental con palabras y sentir fundidos en una estrecha e indisoluble unidad.  El poeta sintiendo y el instrumento manejado son tan una cosa como la emoción, hermosa e infantil, “directa y desnuda”.

 

Sabe bien Panero que este Libro de Alexandre le sitúa en las primeras posiciones de la lírica española. Se halla “el íntimo sosiego espiritual” frente a la dureza y la violencia anterior.

 

En 'La Poesía de Vicente Aleixandre.'

 

 


Vicente Aleixandre (4)

 


Se trata esta vez de la prosa. La prosa de Aleixandre en ‘Los encuentros’. La definición de esta prosa  Aleixandriana la matiza desde el principio Panero: “En la palabra de Vicente Aleixandre hay siempre como un dentro de luz: un dentro vivo que las ilumina de soledad y de silencio. Se ve enseguida que son palabras que han llegado a la prosa por el camino de la poesía, y más concretamente aún del verso, que en cierto modo perdura en ellas, condensado, apretando, dibujando finamente el sentido y la expresividad del lenguaje. Las Palabras no están sueltas, sino situadas”, “y su orden es tan riguroso, en la aparente libertad de la narración, como en el verso mejor cincelado.”

 

El procedimiento técnico a qué se refiere ya estaba en ‘Sombra del paraíso’,  en ‘Historia del corazón’  y “remotamente procede de Miró, de su parada narración poetizadora (y tan bella, por lo demás; pero a Alexandre le viene directamente de sí mismo y de su magnífica retórica versolibrista”.

 

Afirma Panero que el verso libre es ya de por sí una contradicción, pues ni existe ni es capaz de existencia.

 

Porque lo que realmente es “la diáfana y trabajada prosa de Vicente Aleixandre es, sí, una prosa rimada por dentro, y todo lo contrario por consiguiente de la otra: de la que un tiempo se llamo prosa rimada, hoy en feliz desuso e irrevocable decadencia. Las que Alexandre emplea son palabras interiores, escogidas por el alma, pero sabiamente conducidas por la mano que las domina”. En cuanto al contenido del libro, afirma que Alexandre es un hombre por cuya casa “han desfilado la mayor parte de las personalidades literarias, jóvenes hoy o ayer, que ahora proyectan su sombra en estas recreadoras páginas”. “La visión en dos tiempos de Azorín, rezuma ternura y palpita humanamente “. “Don Antonio Machado no está visto, pero si entre-soñado en el vago espejo de su memoria juvenil”. Otros muchos escritores  “sirven a Aleixandre para la variedad en el acierto, y para el logro, improvisado y continuo del lenguaje rimado por la vida y con la vida, por eso mismo, con la muerte.”  No se  atreve Panero a definir estos capítulos eligiendo entre retratos, instantáneas, semblanzas literarias y humanas. 

 

 

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La lectura de estos admirables encuentros produce... sensación de sorpresa, “como hablando a solas y en voz alta a criaturas de su imaginación: y ¡qué palabras, sí, tan reales, en una fantasía, toda verdad!”

 

 

Vicente Aleíxandre  (5)

 

 

También hay alusiones temáticas a Vicente Aleixandre. No es la menor la que se observa con los animales que aparecen en sus versos y que poco tienen que ver con el toro de Villalón, Hernández o Morales, con las moscas de Machado o el lobo de Rubén. Y es que Aleixandre “ha poblado sus versos de nombres de animales, próximos o remotos, feroces o mansos, de su jardín o de su jungla. Pero la función del animal en su poesía: ‘el tigre del tamaño del odio’, la cobra, el pez espada, el toro, la paloma, y más genéricamente todavía sus Criaturas en la aurora, del libro ‘Sombra del Paraíso’ se vincula a otro orden y a otra medida: son palabras equivalentes a otras, valores entendidos de su expresión poética, entidades abstractas, inmortales y paradisíacas: tigre por odio, paloma por beso; pájaro por inocencia”.

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