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Astorga Redacción
2/12/2017
ENTREVISTA / Alejandro Gallo, escritor y jefe de la Policía Local de Gijón

Alejandro Gallo: el escritor comprometido que bucea en las cloacas sociales y de la historia

Siguen pasando escritores y escritoras por las 'Tardes de autor en Astorga' organizadas por la Concejalía de Cultura en colaboración con el profesor Luis Miguel Suárez. El último ha sido Alejandro Gallo, un paisano y viejo conocido de los astorganos, cuyas novelas policíacas están teniendo un éxito notorio. En Astorga Redacción no desaprovechamos la oportunidad de conversar con él.

 

 

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Astorga Redacción: La primera pregunta es obligada, dada su condición de policía, ¿le ha ayudado su profesión a la hora de escribir novela de género negro?

 

Alejandro Gallo: Sí te ayuda, te ayuda porque ya no tienes que documentarte, lo que te proporciona una cierta ventaja, pero no nos engañemos, aunque conozcas los procedimientos no deja de ser literatura  y eso no te lo da la profesión de policía. Te ayuda en el arranque, por decirlo de alguna forma, te eleva al primer peldaño; de todas formas si analizas los escritores del género negro que hay en Estados Unidos y en Europa verás que hay una serie de profesiones que están sobrerrepresentadas: policías jueces, fiscales, periodistas o abogados.  Y eso porque el primer peldaño ya lo tienen andado. Los abogados por el tema penalista, los jueces, los fiscales, los periodistas también,  por sus investigaciones. 

 

 

¿Y cómo se lleva en el día a día esa doble condición de escritor y policía?, sobre todo siendo jefe de la Policía Municipal de Gijón, capital española de la ficción policíaca.

 

Se lleva bien, por lo menos yo lo llevo bien. Date cuenta que empiezo en el mundo de la literatura precisamente por el gran festival de novela negra que es la ‘Semana Negra’, que lleva 30 años en Gijón. Cuando llego en el año 2001 tomo contacto con los grandes escritores españoles y extranjeros que allí iban. Conocí entonces a Donna Leon,  Anne Perry,  James Ellroy, a los españoles como Juan Madrid, Lorenzo Silva, Andreu Martín, y a partir de ahí empieza mi afición, luego me influiría mucho Justo Vasco, un escritor cubano que había escrito novelas a cuatro manos con Echevarría, en Cuba, y me animaba a escribir novela negra. Su frase era, dado que yo ya escribía ensayos y artículos, “puedes contar lo mismo que en tus ensayos y llegar a más gente”;  y yo creo que eso fue lo que me animó. Y escribí la primera novela en estas condiciones que salió en el año 2004.

 

 

¿Qué tipo de ensayos escribía por entonces?

 

Yo había escrito sobre el tema de religión, sobre Marx y el marxismo, sobre el absurdo camusiano. Sobre todo ensayos filosóficos y además impartía lecciones en la escuela de formación de policías locales de Asturias y había escrito también en manuales policiales, etcétera. Era un mundo muy restringido en el cual yo escribía mis ensayos.

 

 

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Tampoco es muy frecuente encontrar en una novela policíaca a un personaje que cite a Popper o a Guillermo de Ockham. ¿A santo de qué vienen este tipo de citas?... lo de santo en el caso de Ockham es imperdonable, pero lo de Popper tendrá que ver con eso de su 'búsqueda sin término', ¿o no?

 

Cuando yo empiezo en el 2001 con esto de la Semana Negra, empiezo a investigar, porque yo no había leído casi novela negra y curiosamente lo primero que publico, después de dos años leyendo novela negra, no es una novela, es un ensayo que publico en varias entregas en el diario ’A quemarropa’ y que sirvió de base para una conferencia que impartí en varias universidades concretamente en el ‘Primer Congreso Internacional de Ficción Criminal de la Universidad de León’, que versaba sobre la metodología de la investigación criminal en el  género negro. Defendía en esa tesis que un investigador criminal hace lo mismo que un investigador científico: busca la verdad. Por esto mi conferencia estaba muy vinculada con la filosofía de la ciencia, la historia de la ciencia y la propia metodología de la investigación. Porque al final ambos buscan lo mismo, la verdad. De ahí la relación entre filosofía de la ciencia, metodología de la ciencia y la investigación criminal. Yo entonces acabé enlazando toda aquella conferencia con Khun, Popper, Lakatos, etc, etc.

 

 

Entonces como dice Popper,  la verdad está al final ahí a un saltito pero no acabamos por darle un abrazo, ¿no? 

 

Por eso voy con Kant que decía que al final la verdad es lo que la mayoría suele aceptar. Una especie de consenso, lo que dicta el sentido común por decirlo de otra manera.

 

 

Y a cuento de qué viene Ockham, porque Ockham no deja de ser un filósofo menos conocido, un poco sofisticado.

 

Ah, pero Ockham es por lo de ‘la navaja de Ockham’, porque es el primer filósofo de la ciencia. Él dice que cuando hay varias opciones teóricas, hay que elegir la más sencilla. Si tienes dos teorías para interpretar una misma cosa y una fuera muy sencilla de entender y de explicar y la otra resulta muy compleja, hay que ir a la sencilla, pues es la que más puede acercarte a la verdad. Guillermo de Ockham es el que formula más claramente este instrumento de  decisión, esta forma de  elegir entre hipótesis.  Un principio muy útil en el caso de la investigación criminal.

 

 

Usted incluso ha inspirado un personaje de ficción, el jefe Alex del Toro creado por Andreu Martín.


Realmente he inspirado dos. Uno es el jefe Alex del Toro y el otro fue creado por un escritor asturiano que se llama Laudelino Vázquez en una novela que era ‘Nada que hacer en Marasmo’.  La novela de Andreu Martín en la que aparezco como personaje de ficción es ‘El blues de la semana más negra’. Laudelino Vázquez me convirtió en un investigador de la memoria histórica, en una especie de detective de la memoria histórica.  Ya van dos que me colocan en la ficción como personaje y como protagonista.

 

 

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Después de Leopoldo María Panero en Astorga, que es personaje de ficción también muy repetido, es usted el que está ahí a la cola y tal vez por poco tiempo…

 

Dentro de 20 días marcho a Atenas por la traducción de ‘La muerte abrió la leyenda’, que ganó el premio ‘Letras del Mediterraneo’. Para el año que viene cerramos el guión de la película ’Una mina llamada infierno’ que es la primera novela negra que transcurre dentro de la mina, ‘Cosecha roja’ de Hammett ya toca el tema minero, pero no desde dentro de la mina. Esa novela ha tenido mucho éxito, ya ha pasado al cómic y espero que el proyecto que hay para la gran pantalla se lleve a cabo.

 

 


Bueno yo me refería a ‘Alejandro Gallo personaje de novela’... Analizando su propia trayectoria como escritor desde aquel primer título 'Asesinato de un trotskista', ¿qué cambio más importante observa en su forma de escribir?


Yo creo que aprendes que el mundo en el que vivimos es un mundo visual. Es algo que al comienzo no lo tienes tan claro, pero luego te vas dando cuenta. Por ejemplo, ‘Guerra y paz’ hoy no sería posible pues todo el mundo ha visto cañones en la televisión, entonces no ha lugar a escribir toda una página que describiera esos cañones. Antes el mundo lo veíamos a través de las novelas, las novelas nos enseñaban lo que había en el mundo; entonces el escritor tenía que describir porque no había otra forma. No había televisión, no había Internet y esa novela nos acercaba a otras realidades, a otros mundos, a otras vidas. Pero hoy vivimos en el mundo de la imagen y tienes que aprender a escribir sin perder mucho tiempo, lo justo en descripciones, pues dado el nivel técnico alcanzado en la producción de imágenes serían redundantes. No puedes perder el tiempo empleando páginas y páginas en describir algo que la gente ya sabe lo que es porque lo ha visto. Es por esto por lo que aprendes a evitar las descripciones morosas. Tampoco puedes perderlo en la descripción de los personajes, tienen que ser los propios personajes en su acción, en sus palabras y en sus diálogos quiénes se definan y que cada lector vaya sacando sus propias conclusiones. Al lector no hay que dárselo todo preparadito, sino proporcionarle una serie de hilos para que sea él quien devane la madeja de su realidad a partir de lo ahí escrito.

 


La novela policíaca está pasando por un momento de gran éxito incluso en países como Suecia, que no tenían gran tradición, y también en España, de tal manera que al parecer nos encontramos en una especie de edad de oro del género, por el gran número de autores y por la calidad de ellos. ¿Está de acuerdo con este diagnóstico? 


Las novelas de género negro más tradicionales eran más bien novelas de enigma, el detective iba a buscar al malo, al asesino etc. Las novelas de Agatha Christie eran novelas de enigma, pero a raíz de la Gran Depresión en Estados Unidos, Chandler, Hammett etc. construyen una novela en la que interesan también al lector, no solamente seguimos el cerebro del detective buscando al malo ni esa lucha de cerebros entre el malo y el detective, sino que ahora lo que interesa también es la descripción del mundo, ese mundo en el que se produce el crimen. Por ejemplo, es más accesible el conocimiento de la Transición española desde las novelas de Manuel Vázquez Montalbán que cogiéndote un libro de historia. La novela negra tiene que acercarte a una realidad, de ahí el ‘boom’. No se trata de una lectura pesada y además te proporciona un conocimiento de la sociedad en que transcurre. Es más, para conocer la realidad en la historia, ya no llega con investigar en los archivos, sino que también hay que leer la literatura. Podemos saber como era la Francia revolucionaria, la Francia del Romanticismo a través de las novelas de Víctor Hugo, de Balzac, de Zola etc. Eso mismo es lo que está ocurriendo con la novela negra actual, una novela policíaca adaptada a la sociedad, que nos hace ver como son esa sociedad y sus costumbres. La novela negra actual se ha convertido en la novela social contemporánea.

 

 

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 ¿Cuáles escritores de entre los más jóvenes de novela negra destacaría usted?

 

A mí personalmente me gusta Víctor del Árbol que también fue policía, ahora en excedencia. Es una de las promesas de nuestro país como escritor de novela negra y algo más.

 

 

¿La novela negra para ser auténtica ha de ser comprometida?, o de otra manera, ¿usted no concibe la novela negra sin el compromiso social o incluso ideológico?


A mí es lo que me gusta escribir, no entiendo una novela que no sea social, pues si no escribiríamos de los ángeles, o del cielo…

 

 

Hombre, pero hay novela lírica también, hay hasta Nobeles recientes con novelas extremadamente descriptivas y/o líricas cpmo son Claude Simón o Robbe Grillet o, en Astorga, Martínez Oria en su ‘Más allá del olvido’. Se pueden disfrutar de muchos tipos de novelas ¿no cree? 


Efectivamente, pero a mí me gusta observar la sociedad, el comportamiento de los seres humanos, y ahí necesitas ese compromiso, necesitas introducirte en esas alcantarillas de la sociedad, de la historia para poder saborear y conocer.

 

Por ejemplo las novelas de Andrea Camilleri te acercan absolutamente y como nadie a la cultura siciliana, no necesitas un libro de historia. En esas novelas se va más lejos que en la asepsia de la narración de la historia, se reflejan las costumbres, su forma de hablar o de callar, sus formas de comer, de ser infelices o de ayudarse en el desamparo. Lo mismo hacía Simenon en Francia, cada vez que Maigret comía, nos estaba mostrando Francia, su gastronomía, su cultura a través del comportamiento de su comisario. Y es algo que Montalbán traslada, pues tanto Carballo, su detective, como el propio Vázquez Montalbán eran unos grandes gourmets. De ahí que un buen escritor sepa provocar el tránsito desde lo culinario o desde cualquier otro aspecto cultural al resto de la cultura. No hay nada de inocente en la novela negra, en el uso que se hace de estos detalles, digamos, secundarios; observa como Truman Capote es capaz de mostrarnos a través de la comida dos Américas distintas, la América de la fritanga y la América de la tarta de manzana horneada. Eso son las dos Américas. Y no necesita contarte nada más. Es a través de la gastronomía que te puede hablar de cómo una sociedad está dividida y de cómo la propia cocina es reflejo de ello, un reflejo que en la novela es capaz de mostrarnos la diferencia social.

 


Se habla mucho actualmente de la 'novela autoficticia', pero bueno esto no parece más que un nuevo membrete para explicar que en algunas novelas hay un poco más de la vida de quien las escribe, cosa que yo creo de la que no carece novela alguna. Vamos, que toda ficción tiene mucho de autoficción, si es el caso de que un yo exista. García Pavón hizo protagonista de sus novelas a un policía municipal de Tomelloso. ¿Sería factible otro policía municipal como protagonista de una serie de novela negra actual?


En España, en Portugal, en Italia o en Francia no sería posible, pues la Policía Local no tiene competencias para la investigación criminal. En otros países como en Estados Unidos cuando vemos en las películas que quienes investigan son policías locales, es porque allí tienen todas las competencias. Depende entonces del país. En España solo podrías poner de protagonistas a policías nacionales o incluso a miembros de las fuerzas de defensa como la policía militar o la Guardia Civil, caso de Lorenzo Silva.

 

Pero el gran mérito de García Pavón es el de que, en aquellos momentos en los que empieza a escribir sobre Plinio, hace una novela original. Todos los autores en aquel momento en España están copiando a los norteamericanos, todos. García Pavón trabajó con lo que había aquí, incluso con todo ese costumbrismo de época, al leer esas novelas que están tan bien escritas llegas a conocer la sociedad rural de aquel momento.  

 

 

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Quiero que para terminar nos hable de su vinculación con el mundo republicano,  con la reivindicación de la memoria histórica que es evidente en alguna de sus novelas.


En las novelas mías quise hacer ese cruce, no solo investigar en las cloacas sociales, sino también hacerlo en las cloacas de la historia. Me parecía un campo de investigación extraordinario todo lo relacionado con el maquis, el asunto de los republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial. Había todo un mundo desconocido, un mundo además muy heroico porque los republicanos que luego se alistaron en las fuerzas de combate fueran francesas, rusas o inglesas, ya habían combatido a los nacionales. Hay que decir que tuvieron tres años de guerra aquí y seis en el otro frente. Nueve años en guerra que se dice pronto. Gente que había cogido su fusil con 17 años. Descubres entonces vidas que han estado en esas alcantarillas de la historia durante muchísimos años y que resultan todas ellas dignas de ser contadas y escritas… Son vidas que vivieron un momento histórico impresionante, y es que el siglo XX ha sido un siglo de los más sanguinarios con dos guerras mundiales, Hiroshima y Nagasaki, los campos de concentración y de exterminio. Es impresionante. Entonces no escribir de eso en una persona muy comprometida como es mi caso, era un delito, de verdad… 

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