Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 23/04/2018
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Mercedes G. Rojo
5/12/2017

Iablena Petrova: Tejido con manos de mujer

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Conocí a Iablena Petrova hace ya varios años con motivo de una exposición de sus obras textiles que durante algunos días llenaron de vida, color y calor la astorgana capilla de San Esteban, en ocasiones (más antes que ahora) utilizada como emblemática sala de exposiciones para mostrar su arte a quienes transitan el Camino, desde dentro y desde fuera. Fue en el inicio del  verano de 2012. Iablena llegaba desde las lejanas tierras de Bulgaria, pasando por Val de San Lorenzo, pueblo textil donde los haya, para acercarnos su propia obra, un trabajo que trasciende de lo artesanal a lo artístico  

 

Se define a sí misma como una persona que vive por y para el amor, en su más amplio concepto y así dice “Amo  amar”. Si eso puede definirme de alguna manera, intento ver todo lo bueno que existe a nuestro alrededor, la naturaleza, las personas, ...”, y observando su obra, el mimo con que elige y trata sus materiales, la armonía con que los combina, no puede cabernos la menos duda de ello.

 

Nació  y se  formó  en Sofía (Bulgaria), lugar donde la presencia de la cultura y el arte se pierden en la noche de los tiempos, eligiendo la faceta artística ya desde el bachillerato que cursará por la rama de Artes Aplicadas para completar luego su formación en el Instituto Superior de Artes Plásticas ‘Nikolay Pavlovich’ de la ciudad. Desde 1990 a 2004 realiza diversas e interesantes exposiciones, tanto de arte  textil como más ligadas a la moda y el diseño, todas ellas en Sofía, hasta que abandona Bulgaria en aras del amor que la traerá a España hace alrededor de diecisiete años, siempre trasladando con ella un telar para hacer tapices, la otra pasión de su vida.

                                                                                                                                                          

Tras varios y duros años recorriendo varias ciudades españolas, periplo durante el cual consigue participar en varias exposiciones más a lo largo de nuestra geografía y en desfiles de moda y diseño, pero sobre todo en pequeñas ferias de artesanía que la ayudan a sobrevivir, acaba recalando en Val de San Lorenzo, tras descubrir información sobre su feria en Internet. "Pensé que ese pueblo era lo que yo necesitaba. Vine a una feria y durante los tres días que estuve encontré que era mi lugar. En todas las casas había un telar". Se instaló en él durante dos años, hasta que posteriormente se trasladó a nuestra ciudad, donde sigue viviendo.

 

Y aunque ahora mismo comparte inquietudes artísticas con un grupo de personas con las que sale a pintar todos los sábados, reconoce que lo suyo sigue siendo el textil, técnica de la que está totalmente enamorada. Reconoce haber elegido el tapiz como forma de expresión artística por ser “una de las artes más antiguas y al mismo tiempo más cercana a la mujer”, una técnica que nace como artesanía pero que puede llegar a ser arte si quien la lleva a cabo tiene alma de artista, algo en lo que según ella han de confluir varios aspectos: tener cultura general, saber dibujar, saber de colores y, por último, dominar la técnica. Cuando hablamos de artesanía la técnica se utiliza como una herramienta, “cuando haces una obra artística ésta expresa tus sentimientos, tus pensamientos, da igual como lo hagas con pintura o con textil”. Se define a sí misma como una artista moderna que se mueve a través del arte abstracto que aplica a través de técnicas artesanales, yo añadiría que en una conjunción perfecta entre la tradición y la modernidad, entre la técnica y el concepto que dota a sus obras de vida propia.

 

 

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Sus sentimientos con respecto a cómo se vive el arte en estas comarcas es sin duda contradictorio. Partiendo de la idea de que personalmente en su desarrollo artístico le han influido más las gentes y las historias que ha vivido que los lugares por los que ha pasado, siente que Astorga, “una ciudad pequeña y elegante”, vive de forma ajena al arte, al menos al actual. Hecha de menos alguna galería que lo presente y lo venda, donde al margen de los artistas más conocidos en relación con la propia ciudad – hacia los que sí se mira un poco más – se pueda hablar también de otros.  Y, por supuesto, condiciones institucionales desde las que estimular una adecuada educación artística, que es el caldo de cultivo adecuado para conseguir en el futuro artistas en los distintos campos. Hay gente como ella dando clases, por ejemplo, de dibujo y pintura (también en otras áreas), a jóvenes y también a adultos, pequeños y grandes artistas con los que  hay que arreglárselas como se puede puesto que no hay un apoyo oficial, como el que podría suponer que desde las instituciones se pudiera contratar a gentes del mundo de la literatura, el arte, la música (fuera de los ámbitos más formales de Conservatorio o Escuela Municipal), del campo actoral,…, “temporalmente, para que puedan enseñar su arte para los niños y adultos”, algo que no lleva un presupuesto excesivo y que podría dar lugar a la organización de diferentes actividades, incluso al aire libre, siguiendo la línea – por ejemplo – del grupo con el que cada sábado  sale a pintar y a dibujar por los pueblos de alrededor, con compañeros profesionales, aficionados  y  gente a la que le gusta el arte, y que ya han hecho alguna exposición para mostrar sus trabajos. Un grupo que crece más y más y que  es una manera de aprender  y disfrutar de una actividad artística.

 

También echa de menos una sala especialmente dedicada a usos artísticos, más allá de las meras exposiciones. Si hay salas de fútbol, de deportes en general ¿por qué no también para el arte? La única más accesible es la del edificio de la Biblioteca y en ella no se puede hacer de todo. Por su parte contemplaría la posibilidad de utilizar edificios abandonados, o casi, que pertenecen al ayuntamiento o a otras instituciones públicas, para dejárselos a bajo coste – con alquileres razonables- a artistas que puedan ofrecer en ellos sus talleres.

          

Ya hemos apuntado antes cómo recaló en el Val de San Lorenzo, una etapa transitoria que duró un par de años antes de instalarse definitivamente en Astorga, y que le atrajo por la realidad textil que parecía presentar,  una zona de larga tradición textil pero donde  las generaciones se van agotando.

 

Le preguntamos por su experiencia durante ese tiempo, por si ve soluciones al respecto. Comienza mostrándonos el profundo respeto hacia la gente que trabaja en estas tierras, pero también la desilusión que le ha supuesto el trato recibido, quizá fruto de lo especialmente desconfiadas que son las gentes de este entorno. “Respeto mucho a los artesanos porque son unos maestros de la técnica textil. Y cuando me instalé en  Val de San Lorenzo tuve la ilusión de poder contribuir a revivir, reactivar y transformar una tradición en una artesanía moderna con buen futuro  (como está ocurriendo en su país de origen). Ofrecí mi conocimiento artístico gratis, pero nadie quiso probar a cambiar los diseños, colores o algo. Creo que todos han pensado que he ido a quitarles el negocio o algo parecido.  No sé, en mi opinión la gente de esta zona es muy cerrada en este sentido”. Aunque en lo personal la cosa cambia porque también reconoce con satisfacción “la verdad es que en esta tierra he encontrado muy buena gente, tengo muchos compañeros y amigos y me siento como en casa”.

 

 

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Y como una cosa lleva a la otra, en un lugar donde la presencia femenina ha sido siempre tan particular, hablamos del trato que las mujeres tienen en el arte, especialmente en esta zona en la que ya lleva tantos años viviendo, y siente que – igual que ocurre con otros sectores de la vida – ese trato es diferente, que no se las trata de la misma forma. Educada en un sistema socialista como ha sido el de Bulgaria, donde todos tenían los mismos derechos y obligaciones, bajo la tutela del estado, nos comenta “creo que aquí son las propias mujeres las que silenciosamente han hecho mucho por si mismas”. Un tema muy largo sobre el que tal vez tengamos ocasión de departir en otras ocasiones.

           

Cree en la importancia que la presencia del arte tiene en cada ciudad, en cada comarca “cualquier tipo de arte contribuye siempre a incrementar la riqueza cultural de quienes habitan en una zona. Si nuestros hijos crecen con arte van a ser más sensibles y, por tanto, más humanos”. Y tal vez por eso, cuando le preguntamos por sus proyectos de futuro solo nos habla de uno, ligado precisamente a la importancia que para ella tiene la formación, encontrar espacios en los que la gente más joven pueda desarrollar su talento “el próximo año quiero realizar una exposición de mis alumnos en Astorga. Hay  niños con mucho talento y yo quiero demostrar eso.” Esperemos que pueda encontrar el espacio y las condiciones adecuadas para ello.

 

 

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Como resumen diremos que Iablena es una profesional de las artes textiles en el más amplio sentido de la palabra. Y, aunque opina que  “ser artista es un trabajo muy solitario”, tal vez por eso, lleva su vocación más allá del hecho de crear, también a compartir sus conocimientos con otros para que éstos puedan aprender las técnicas y llegar incluso a sus propios procesos  creativos. Su vocación es la de intentar que el arte avance y a veces eso no es solo un trabajo individual. Aunque el camino se haga lento y difícil. En sus tapices se enredan, con maestría, los ecos de una larga y antigua tradición con la modernidad de la técnica que ha ido perfeccionando, con la magistral combinación de colores en abstractas composiciones que convierten su obra en puro arte, donde prima la calidad, que se imprime hasta en el más mínimo de sus detalles. Hace un tiempo una periodista decía de ella “Iablena sueña con colores”, yo iría aún más allá para decir que los colores con los que Iablena sueña y juega en sus tapices, nos llevan a un mundo de sensaciones donde el ser humano se vuelve uno con lo más hermoso que tiene, la naturaleza y sus raíces en ella. No dejen de descubrirla.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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