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Anuncia Rodríguez del Río
10/12/2017

Gato y cuesta

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Anuncia Rodríguez del Río es maestra en el Colegio 'González Álvarez' de Astorga y muestra en su narración una especial sensibilidad por la pobreza, como si tuviera que contársela a un niño muy pequeño, tan pequeño como nosotros.

 

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El gato que sube por la cuesta es un gato cansado del cansancio. Gato viejo que se agarra al bastón igual que un niño primerizo en la piscina se agarra a la tabla azul, en otro tiempo flotador.

 

El gato tiene los ojos verdes del oscuro similares a veces al océano. Suele vestir pantalón vaquero ya gastado, alguna camisa de cuadros atontados, y algún jersey de los que se compran en los mercadillos, de esos que tienen un color indefinido que va del gris al color café con leche corto de café y que terminan en un pico montañero.

 

El gato viejo anda también corto en su vida particular y personal.  No ha podido pagar entrada en una residencia para gatos cansados, mínimo 1.121 Euros para la entrada.

 

Su amada y compañera gata murió hace cuatro años, tres meses y veinticuatro días ¡los lleva tan contados!

 

Lleva una pequeña bolsa de plástico que a veces arrastra sobre su mano izquierda y otras sobre su mano derecha.

 

¡Precioso gato viejo!

 

Y digo viejo con el mayor de los cariños y respeto. No puedo decir abuelo porque no tuvo nietos y si digo mayor o persona mayor… y en fin esas cositas que quieren disimular de una manera de tonto maquillaje. Cuando era joven se llamaba gato joven. Ahora es viejo y se llama gato viejo.

 

El problema no estriba en la “denominación que califica”.

 

El verdadero grano de la espiga está en cómo vive mi adorado gatito.

 

Trabajó 50 años trabajados en la fábrica de su ciudad destripando sardinas y envasando las raspas en bolsitas de plástico amarillo llenadas al vacío y cerradas a  lo hermético. 

 

Y después de todo esto recibe una mensual pensión de 444 Euros.

 

Casa, casa lo que se dice hogar, tiene una pequeñita: cocina, salón, baño pequeño y dormitorio pequeño. Con escalerita exterior y derecho a subir y trepar por el tejado 3 o 4 noches semanales, depende de si el mes trae 28 o 30 o 31.

 

Cartilla de salud del Estado también le ha sido asignada. Hace un año tuvieron que operarle  de una patita mala y no le costó nada.

 

El gato que sube por la cuesta es un gato que se cansa y está triste. Ya no le queda esposa. Es un gato melancólico que añora un pasado mejor.

 

Sube la cuesta hasta la tienda que está justo arriba de la calle. Compra dos latas de raspas de sardinas de la marca ‘CUESTA’, de las que envasó durante toda su vida.

 

Baja la cuesta, entra en la pequeña casa. Abre una lata y con un poco de pan merienda sobre la mesa.

 

Se sienta en su sillita de color verde.

 

Enchufa la tele. Ponen un reality sobre gatos cantantes de ópera.

 

Bebe un sorbito de cerveza sin alcohol.

 

Una lágrima de color verde océano se despega despacito de su lagrimal.

 

Y el gatito tan bello y de color anaranjado, con sus bigotes como la nieve blancos sube bastante el volumen de la televisión para no darse cuenta de la tristeza triste y de esa lágrima que duele y que se seca.          

                                                                    
                                           

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