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Max Alonso
10/12/2017

El relato mágico de los cántabros y astures en su guerra con Roma

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Luciano Claro, Chano, astorgano, ha ido escalando y coronando etapas. Sus orígenes se remontan a su etapa de zapatero remendón establecido en  la calle Manuel Gullón de Astorga. Después comenzará su peregrinación en la que sucesivamente es modelista y patronista de calzados en Madrid; comerciante y fabricante de muñecos regionales; colaborador de ‘Moda y Línea’ en Palma de Mallorca;  vidriero y heraldista aficionado. Comentarista en El Pensamiento y El Faro. Enamorado de su tierra, Astorga y sus comarcas. Se ha sentido atraído por la historia antigua desde muy joven y de ahí que se lanzara a escribir la novela que comentamos.

   

Luciano Claro Blanco; Bajo las cumbres de Europa; Lobo Sapiens, 2017; León

 

 

Existe un notable precedente en ‘Gárgoris y Habidis’ de Fernando Sánchez Dragó,  que se propuso escribir  la historia mágica de los orígenes de España en forma de ensayo. En el caso de Luciano Claro es novela y es mucho más.  Situada en los lejanos tiempos y escenarios de lo que luego fue Astúrica Augusta es también historia mágica de esta tierra.

 

‘Gárgoris y Habidis’ era el trabajo de un joven intelectual,  que dio la campanada con su trabajo en 1978 y que fue reconocido con el Premio Nacional de Ensayo al año siguiente. Luego ha jalonado su biografía  con hechos mediáticos y libros superventas y erráticos que hacen de él un auténtico ‘enfant terrible’, en  el que se encuentra de todo menos la coherencia y el rigor intelectual y la honradez de pensamiento. Partió del marxismo comunista y ha evolucionado al anarco individualismo, a través de un neoliberalismo personal y radical y una filosofía  ecléctica entre griega y oriental, con una visión tan personal como contradictoria.

 

En ‘Gárgoris…’ mezcla las leyendas y los mitos buscando su personal interpretación de los orígenes de España. Por el contrario Luciano Claro, Chano,  que tiene también una biografía sorprendente pero coherente, ha ido  escalando y coronando etapas. Sus orígenes se remontan a su etapa de zapatero remendón  establecido en  la calle Manuel Gullón de Astorga. Después comenzará su peregrinación en la que sucesivamente es  modelista y patronista de calzados en Madrid; comerciante y fabricante de muñecos regionales; colaborador de ‘Moda y Línea’ en Palma de Mallorca;  vidriero y heraldista aficionado. Comentarista en El Pensamiento y El Faro.

 

Enamorado de su tierra, Astorga,  en donde nació en 1940 y su comarca. Atraído por la historia desde joven especialmente  de la Antigua. Como vidriero realizó obras en el Cuartel de Santocildes así como otras varias para particulares. Desde su preocupación histórica solicitó al Ayuntamiento de Astorga la celebración del bimilenario de la romanización de la ciudad y se ocupó de recuperación del patrimonio histórico y  artístico de la zona de Puerta de Hierro y el Melgar.

 

Con estos antecedentes no debería sorprendernos su último paso. La publicación de ‘Bajo las Cumbres de Europa’, primera incursión literaria de este autodidacta En su día fue presentado por la concejala de cultura  María Emilia Villanueva en un marco muy adecuado: La Ergástula del Museo Romano. Se trata de un volumen importante de más de 450 páginas en gran formato y muy bien editado por Homo Sapiens. Consta de la novela y de  más de quinientas notas de lectura  imprescindible y obligada con la novela. No  están a pie de página, lo que la hace manualmente complicada de leer, pero la  complicación se supera por el interés de las mismas y se complementan con apéndices y mapas.

 

Luciano se centra en lo que posteriormente sería el reino Astur-Leonés, en los tiempos de sus enfrentamiento y sometimiento al Imperio Romano,  buscando desentrañar sus costumbres como explicación de su devenir. Penetra con sagacidad en la Maragatería y en lo que fue Astorga cuando surgió como Astúrica Augusta y construye un relato mágico a través de sus personajes, especialmente los jóvenes protagonistas Cillius, Pelgus, Cardus, Crespo, Carro.  Más otros dos centenares de personajes entre inventados, históricos y míticos que hace desfilar  por su relato, marcando situaciones y comportamientos que van dibujando su vivir y condicionado su futuro, a la vez que explican el origen de hechos y cosas de hoy.

 

 

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El relato se abre con Vironus, el druida,  con el joven Cilius, aprendiz de druida,  que viajan en barco hasta Santander en tierra de cántabros. Con esto, describe el paisaje y los escenarios. Todo el  bosque tupido por el que podían transitar las ardillas de una punta a otro,  como en la España del Cid,  y que si te salías del camino entrabas en  el ‘caos’ y te perdías.

 

Introduce  ya un tema importante, el de  los druidas de origen celta,  especie de santones que representan una primitiva religión, como explicación de sus creencias y convicciones. La pérdida del líder espiritual, con el ceremonial funerario,  marcará uno de los goznes sobre los que va cambiando la historia en la que queda la imagen de la yegua blanca que monta el druida, como un claro antecedente del  caballo blanco de Santiago.

 

En el desarrollo del relato se van introduciendo apuntes como el  de los hijos del viento para explicar aquellos embarazos que no tenían explicación. Tras el parto la criatura era sometida a la prueba del pesebre. Colocada en el suelo, a las patas de los animales,  tenía que sobrevivir la noche. Los enfermos eran sacados a  los cruces de los caminos en busca de un viajero que conociera el remedio de su enfermedad. Un apunte notorio  sobre sus guerreros. Apresados, cuando son crucificados, cantan himnos de guerra y libertad hasta que mueren.

 

En la escritura de Luciano Claro se notan sus anteriores oficios, el de vidriero, en la  composición de los relatos  y su encadenamiento y su construcción sólida, a la vez que sencilla,  a la que no son ajenas las técnicas de puntadas del remendón. Al mismo tiempo se manifiesta su preocupación histórica ejercida durante toda la vida y su dedicación y admiración por lo que ama.

 

No deja de incluir apuntes etnográficos. Vestidos de blanco para bailar hacen  un círculo y los hombres dan  un salto en el aire en el que se quiere ver el origen de la zapateta maragata. La organización matriarcal de la familia y lo de la boda y la dote,   en la medida que son citas de  autores romanos,  tratan de explicar la forma de ser de los maurellos. La descripción de los miembros de la familia en la que los hombres vagan mientras las mujeres trabajan. Los partos en los que las mujeres paren solas, lavan a la criatura en el arroyo y continúan su faena. La cobada, esa costumbre del noroeste peninsular en la que tras el parto el hombre se mete en la cama con el niño y los vecinos le agasajan, tal como cuenta Estrabón, quizá para reconocer su obligación de socorrerle.

 

La autoridad de las mujeres está clara en una comunidad entre iguales, con bienes y tareas compartidas, dirigida por los mayores, en la  que la abuela o la madre ostentan el poder familiar, en la que es desconocida la codicia. Habitan en catanias, agrupaciones de chozas en las que viven permanentemente, a diferencia de los castros, varias familias e incluso un clan o tribu y pueden equivaler a lo que posteriormente  se irán conformando más como pueblo.

 

 

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Cuentan con hórreos, pequeños almacenes elevados sobre columnas, para preservar las cosechas. Alquerías, construcciones de campo dedicadas a la agricultura. Usan y comparten el arado de vertedera, con tiro de acémila. Hachas que habían traído los romanos. En las casas usan utensilios de barro para el hogar: cántaros, vasijas, ánforas y jarras. De piedra: para moler. De pizarra: fogón. De madera: cuencos y morteros, platos y vasos. De asta: pinchos,  y conchas.

 

Luciano se adentra en el relato con una erudición magistral que la acredita como el más importante autor de una obra de ficción sobre temática asturicense que por encima de la novedad se quedará como testimonio de un buen trabajo serio y a conciencia.  Busca ese contexto mágico referido. Atado a la historia pero con libertad, esa que él define como la verdadera. Que no es hacer lo que cada cual quiere, sino no depender de otros. Descubre el pasado de esta tierra común con un propósito mayor, en el que incurre en la utopía, que la ficción elegida como medio de expresión se lo permite, para bosquejar el hacerse de Astúrica.

 

Describe minuciosamente la Roma de aquellos tiempos paseando por sus calles. Nos encuentra con el poeta Virgilio cuando escribe la Eneida,  con el  viaje de su protagonista tras la destrucción de Troya, en compañía de  Astur y Teucro, que le acompañan. Mientras Eneas queda en la península  Itálica Teucro fundará La Coruña y Astur dará nombre a los astures y fundará Astúrica. De la epopeya épica de Virgilio a la realidad. Augusto leyó la obra en su convalecencia en Tarraco y luego viajó a la tierra de los astures y decidió la construcción de la ciudad, que será convento jurídico, capital administrativa del territorio. 

 

Describe la  batalla de Accio y la victoria de Octavio sobre Marco Antonio y su amada Cleopatra y se adentra en los misterios eleusinos de Dionisio, a través del mismo Augusto,  que se introdujo.  Luciano apunta la versión que circuló del dios griego como precursor de la historia, pasión y resurrección de Cristo. Lo mismo que revive la peculiar historia del Edén, situado en estas tierra, y el dios Atalante decidido a castigar a la humanidad pero en reconocimiento a las mujeres de la falda del Teleno, tierra dura y vida sacrificada, las salva y las denomina Carameliñas, como fueron conocidas las maragatas por los siglos.

 

Un tema en el que reincide es el origen del Juego de la Oca que se juega con dos dados sobre un tablero en el que se sigue un camino con casillas. Su uso está claro entre los templarios y se le conoce al mismísimo Felipe II. Él lo remonta a un origen mucho más antiguo. 

 

 

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Los romanos trazaron desde Astúrica el Itinerario de Antonino o Gran Vía desde Tarraco (Tarragona) a Burdigala (Burdeos) y a Bracara (Braga) sobre los que se basó más adelante  el Camino de Santiago. Con aquellos  orígenes es un camino esotérico en el que las casillas se identifican con lugares como Valle de Ansó, en el Pirineo Aragonés,  en la casilla número 5, Oca. Puente la Reina,  en la número 6. Puente San Juan de Ortega (Logroño),  en la 14, Oca. Río Oja. Montes de Oca,  en la número 23. Ages, oca, en la número 27. Atapuerca en la número 30. Pozo en la catedral de Burgos,  en la número 31. Tarajos, oca,  en la 32. Castrogeriz, oca,  en la 36. En la 41, La Bañeza. En la 42 el Laberinto, Astorga. Astúrica fue el centro más importante del noroeste peninsular. Contó con cinco vías, con catorce bifurcaciones y dos caminos de herradura. Un verdadero laberinto para el viajero.

 

El Ganso en la 45. En la 50, oca, Río Cúa, Cacabelos. Cárcel en la 52, en la zona de Valcárcel. La muerte, tumba de Santiago,  en la 58. En la 59, oca, San Esteban de Oca y en la 63 el Océano Atlántico, rumbo a las homéricas  Islas de los Afortunados, en donde se había refugiado Ulises, emparejado con la bella Helena.

 

Uno de los personajes de Luciano Blanco, Palarus, el maurello de El Ganso, muestra a Cilius, el que fuera ayudante del druida, un tablero que enseguida este reconoce como el de su maestro. Palarus afirma que se trata de un juego habitual entre los norteños hispanos, con el que se confían secretos y al que conocen como el Camino con varios nombres. El de Finisterre o fin de la Tierra. La Ruta de las Estrellas y entre ella la principal, el Sol. EL Camino Celta o Camino de la Oca, porque los celtas señalan los lugares de rezo de este camino y mantienen en ellos las ocas.

 

“Para  mí, afirma, representa el camino de la vida. Nacemos y unos hacen el camino en nada de tiempo yendo de oca en oca y de puente a puente. Otros caminan más lentos, incluso disfrutan de la posada donde todo se les da hecho. O pierden el tiempo en la cárcel. También puedes caer en el laberinto y regresar a tu pasado y puedes hacer el camino más rápido con lo que has ganado en velocidad lo que pierdes en tiempo o  puedes morir en el intento. Siempre será, quieras o no, el camino del ocaso. Quizá sea lo que los iniciados ocultan.

 

Prosiguió: Mi tierra es donde abunda la pepita de oro. Hay montañas en las que los rayos que caen durante las tormentas los ponen al descubierto…

 

El oro, el que los astures no podían recogerlo porque lo tenían prohibido. Sabían que estaba distribuido por el rio Argañoso, Duerna, Eria, Jamuz, Jerga, Tuerto, Turienzo y Omaña y en los montes Teleno, Aquilanos, y en Maragatería,  Cabrera y Bierzo. Había oro y otros metales.

 

También se refiere a los romeros como una reminiscencia de los tiempos anteriores a la agricultura,  cuando los hombres primitivos no se habían fijado a ningún lugar y vagaban en busca de la caza. Como en las tradiciones de antiguas religiones, ya por entonces desaparecidas, y de sus llamadas al camino como en el relato de Homero que los reconoce en sus poemas.

 

Sobre la seriedad del peregrino en camino emerge la del romero como más festiva y en contextos entre los que aparecen los antecedentes de las romería de Castro Tierra, aunque esta en realidad sugieran siglos más tarde por el consejo de Santo Toribio a los agricultores  que padecían las sequías.

 

Luciano sitúa este origen en los astures y sus celebraciones paganas en  la época de Beltaine, la luna llena de gianomonos (abril y mayo),  al comienzo del universo diurno y la vegetación  naciente. Acudían con pendones de colores hasta el sagrado manantial y ofrecían sacrificios a la Madre Tierra y cuando llueve los romeros regresan con sus pendones y celebran una gran fiesta popular a la que acuden los astures del llano,  cuando todavía no han llevado su ganado a la montaña.

 

 

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Relata cómo se consigue la  dureza de las falcatas en la forja de Compludo introduciéndolas en pieles sangrantes de animales, mientras los griegos tomaban el alma de los gladiadores.  Frente al intenso frio de las cumbres, las de los Picos de Europa, que es nuestra Europa,  permanecen  en las cuadras al calor de los animales y del estiércol. Como viven bajo el  acecho de la manada de lobos y aún desciende al relato del martirio de Gudina, la druidesa. Su religión fue prohibida y al iniciar ella una mañana el rito del culto a Lug, el sol, fue rodeada por una centuria de legionarios. Los fieles huyeron y los soldados despiadados clavaron sus lanzas en su cuerpo. Ensangrentado lo arrojaron a un estercolero y lo dejaron abandonado mientras agonizaba.

 

Sus devotos repartieron sus cenizas por el bosque, junto al Jerga y ante el cerro del santuario,  y en ese lugar se hizo un jardín que fue conocido como Eragudina.  Siglos más tarde, en el que había un estanque,  se convirtió en el de recreo de los marqueses y siguió recordando por su nombre a la druidesa martirizada, que había ocupado un lugar en el corazón de los astures.

 

Luciano Blanco construye así en texto en el que une lo divulgativo y lo explicativo, sin abandonar los datos concretos que le suministran los autores de aquellos tiempos. En su relato apunta muchas cuestiones que fueron señaladas como un cierto canibalismo, la promiscuidad, que fue reconocida, la costumbre de los pies descalzos y la  fertilidad. La celebración de la noche de amor. La pelea de animales y jóvenes como espectáculo. El descubrimiento del manjar de las castañas. La creencia en la reencarnación, etc. etc. sin dejar de ilustrarnos. El origen de los tejidos por el arca de Noé de la que también han recibido el cultivo de la vid y la relación con el vino. La creación de tejidos prensados  de lana y el posterior hilado. El origen de los teñidos con el vino y óxido  de hierro.

 

Ni por su ambición ni por su desarrollo se trata de una obra menor, sino de un trabajo concienzudo y sorprendente que dará mucho que pensar y hablar. De cuestiones menores, como los tejidos, pasa a mayores como la formación del universo. El vacío siempre ha estado, puesto que tiene nombre. Sobre el vacío surgió el humo o el vapor,  que girando se endureció y  formó un huevo que por la presión  tuvo una explosión. Las estrellas y el sol son las chispas de aquella explosión que todavía no se han apagado…

 

En su esfuerzo no se escapa  su propósito de explicar y aclarar la Maragatería por lo que apunta muchos datos que hace de su visión una de tantas sobre su origen pero que  no es puramente casual,  ni vana tal como la relata.

 

Se propone  con su novela un homenaje a las catorce ciudades madres de Hispania,  embriones de las naciones española y portuguesa y que son: Córdoba, Mérida, Tarragona, Astorga, Braga, Cádiz, Cartagena, Écija, la desaparecida Clunia, Lugo, Sevilla, Beja, Santarém y Zaragoza y lamenta la desaparición de Clunia, en Burgos, y el menoscabo de Astorga.

 

Trabajo importante y admirable el que ha hecho Luciano Claro en el que es mucho lo que aporta, sugiere y aventura. Que nos deja con voluntad de permanencia para la posteridad.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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