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Mercedes Unzeta Gullón
15/12/2017

Tristes pensamientos de almohada

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Que penoso es ver a una persona envanecerse, alardear de sí misma para sentirse importante.


Que penosa es la necesidad de despreciar públicamente al vecino para hacer aumentar la propia valía.


Que penosa la persona que necesita utilizar el insulto como argumento.


Que penosa la ostentación. 


Que penoso es ver que una persona necesita repetir y repetir sus débiles teorías creyendo que con ello las hace fuertes y válidas.


Que penoso observar la debilidad intelectual en personas situadas en puestos para cultivados.


Que penoso el  balbuceo y los galimatías de los envanecidos oradores.


Que penosa es la adulación, suele llegar a ser patética.


Que penoso es ver a una persona crecerse en la vanidad con muy pocos motivos para ello, y más penoso es ver el infinito número de personas que crecen en ese abonado terreno.


Que penosa es la ambición mal entendida, tan exageradamente desenvuelta. Y  qué lamentable el ordinario egoísmo.


Que penosa es la muy ejercitada soberbia y qué poco constructiva.


Que penoso es verificar la sistematizada falta de ética, de honestidad y de moral. 


Que penoso el inmenso vacío espiritual.


Que penosa la limitada capacidad intelectual interpretada como potencial de horizontes lejanos.


Que penosa la impudicia.


Que penoso es ver que ha desaparecido el concepto de dignidad y también el del honor.


Que penoso la falta de un discurso coherente, inteligente y razonado en todas las extensiones de la vida.


Que penosa la puerilidad instalada en los adultos.


Que penosa la ausencia de empatía y que irritable los empecinamientos.


Que penoso es sentirse engañado por unos y por otros y por todos y sentir la impotencia del desengaño.


Que penoso es observar que la manipulación, a pequeña y gran escala, obtiene suculentos beneficios.


Que penoso es constatar el adocenamiento  generalizado.


Que penoso es comprobar la mediocridad que nos envuelve, nos alimenta y nos gobierna.


Y no hay manera de escapar de este lamentable escenario ¡Qué tristeza!

 

O témpora, o mores

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