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Mercedes G. Rojo
17/12/2017

Margarita Carro: La escritura como eslabón fundamental de un ADN

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Margarita Carro González, Marga como le gusta que la llamen,  es una omañesa que reside en Astorga desde  hace prácticamente 30 años, lugar al que llegó por matrimonio tras haber pasado por localidades como León y Valderas, pero sin perder nunca de vista su pequeño pueblo de Garueña, de donde se fue con 14 años llevándose consigo la riqueza de su mundo infantil, de sus leyendas, de su mitología, en un sentimiento totalmente omañés que quizá se hace aún más presente cuando sientes que en el lugar donde vives no terminas de encajar del todo, donde no siempre te hacen sentir que formas parte del mismo a pesar de que a estas alturas de la vida lleva más tiempo vivido aquí que en ningún otro lugar. Dice el refrán que uno no es de donde nace sino de donde pace, pero cuando un lugar y sus gentes no consiguen que -a pesar del largo tiempo transcurrido en él, alguien se sienta del mismo, al menos en un porcentaje importante- es que seguramente algo está fallando en esa relación. Pero volvamos a Margarita y al motivo por el que hoy hemos traído su figura a esta sección, y este no es otro que su íntima relación con la literatura, relación en la que cobra una importancia vital la literatura infantil.

 

Buscando que se defina a sí misma en relación con esta capacidad literaria reconoce la dificultad que tiene de definirse a sí misma – seguramente la que tienen muchas otras personas al respecto – y lo expresa diciendo  me gusta escribir y solo me considero una aprendiz que disfruta metiéndose en la imaginación de otros personajes y otras realidades que siempre han pululado por mi cabeza y que un día decidí pasar al papel. Tuvieron  que pasar otros cuantos años y la distancia de internet para que se los dejase leer a alguien”. Y comenta que tras toda una vida inventando historias, aunque solo haya querido transcribir algunas de ellas, “escribir es como mi ADN, es un mundo paralelo a mí desde siempre aunque en un principio los personajes solo estaban en mi mente”, personajes que, como los espacios, las situaciones, el desarrollo de la propia historia, están en cierta medida influidos por la riqueza oral de su tierra omañesa y por sus paisajes.  Para ella el hecho literario como autora de historias es evasión, relax, entretenimiento, pero sobre todo  una necesidad, “de vez en cuando necesito ponerme en el ordenador y meterme en otro mundo”, aunque reconozca también que dicha pasión, semejante necesidad sea difícil compaginarla con la vida diaria y que al final siempre opta por la realidad que le impone su trabajo y su vida familiar.

 

Pero si la creación literaria habita desde siempre en la cabeza de Margarita, si lleva toda la vida inventando historias, la mitad de las cuales no trasciende de su mundo imaginario; cuando éstas llegan por fin al papel tardan una larga temporada en ser compartidas. La primera exposición pública de sus escritos llegaría en torno a 2009, donde una serie de circunstancias personales la llevarían a compartir cuentos y pequeños relatos con algunos compañeros. En ese momento la alentadora presencia de su profesor de literatura, Delfín Nava, y sus comentarios la animarán a seguir escribiendo y a mostrar en público sus pequeñas obras, al principio protegiéndose tras la ventana que le proporciona internet, desde la que participa en grupos literarios de los que obtiene buenas críticas. Después, en 2011, vendrá el 1ª Premio de novela corta Powering the Arts, hoy desaparecido, que tenía como característica que se adjudicaba a través de la votación de los lectores. Así su La vida de Juanín, fue algo más que su primera obra premiada, fue su bautismo de fuego ante los lectores. Tras esta vendrían otros dos relatos que quedarían como finalistas en sendos concursos. Y su primera obra infantil publicada.

 

 

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Su incursión en el mundo infantil la hará, como tantos otros casos  (estoy pensando, por ejemplo, en los cuentos de Roald Dalh, que surgen para serles contados a sus hijos) a través de la mano de su hija, “me gustaba obsequiarla con un cuento en el que ella, de vez en cuando, era la protagonista.  Recuerdo que cuando se iba de excursión con el colegio al regreso o aquella noche, con lo que me contaba, inventaba un cuento para ella.”- nos dice. Fruto de esta práctica es su primera obra publicada en solitario, Clarita en Lanzarote.

 

Yéndonos por otros derroteros, ya hemos dejado intuir en párrafos anteriores que la aportación que Astorga le ha traído al mundo de creación literaria de Margarita Carro ha sido poca, en aras sobre todo de los estímulos que le llegan de su ascendencia omañesa. Sin embargo sentimos interés por ver la huella que la ciudad le va dejando en su vida, lo que le aporta, lo que percibe, lo que echa de menos en la relación de la misma con el arte y con quienes lo ejercen. Sin ningún tipo de cortapisa por su parte, nos dice creo que Astorga tiene un gran pasado y personajes actuales bastante mimados (protegidos, admirados), pero hay un grupo de gente que no somos conocidos y estamos totalmente olvidados. Sería bueno fomentar una conexión entre la gente que estamos ahí, con ilusión, en una época en la que el mundo literario apenas tiene salida si no te mueves tu lector a lector”. Considera que ahora mismo la ciudad, el ayuntamiento más bien,  no es agradecida con todo aquello que “huela a cultura”, esa que se hace desde lo pequeño, desde lo cotidiano para llegar a la CULTURA con mayúsculas.  Ve como van desapareciendo proyectos en los que dicha presencia se visibilizaba, como “la sala de exposiciones de la biblioteca no luce más que telas de araña; en el teatro solo un grupo es apoyado mientras el otro se tiene que buscar la vida;  las compañías de fuera que siempre venían apoyadas por el ayuntamiento no las he vuelto a ver;  ni infantiles, hasta Palomino y Chincheta desaparecieron,…” y así considera que “en este momento lo mismo los hombres que las mujeres creo que lo tienen crudo en esta ciudad”, a pesar del enorme potencial que Astorga y sus comarcas tiene en las distintas disciplinas artísticas, un potencial que sería suficiente “APOYARLO  y contar con todos”, para llenar de vida la ciudad y su entorno.  Y es que, para Marga potenciar el arte en una ciudad como la nuestra, en unas comarcas como las que la rodean “es una parte muy importante para darles vida”

 

Cambiando de tercio, nos centramos de nuevo en su trayectoria, deteniéndonos en aquellos proyectos que más le han aportado. A nivel personal nos habla de la alegría que le ha supuesto su cuento Clarita en Lanzarote, mandarlo a una editorial y que a los quince días me llamen para decirme que me lo van a publicar es un subidón. Ya llevamos tres ediciones dos en castellano y otra en catalán”, un proyecto que vio la luz en 2015. También nos habla de las alegrías reportadas por otros dos relatos suyos, en especial  de los 1700 votos de personas anónimas a los que les gustó “el viajero de la línea seis” y de los dos relatos con los que ha participado en sendas ediciones de ‘Versos a Oliegos’. Algunas de esas obras, se pueden encontrar en la Biblioteca Municipal de la ciudad.  Y ya como proyecto de futuro destacable, a pesar del poco  tiempo de que dispone, la preparación de otra novela aunque sea, nos dice, “para guardarla en el cajón”, mientras continúa escribiendo por aquí y por allá pequeños relatos de temáticas diferentes.

 

 

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Concluyendo ya, Margarita Carro, es una escritora humilde que cree que hay quien nace uno una cualidad especial, ya sea musical, literaria o incluso con una buena genética para el deporte; que se nace con ello y que si el entorno es capaz de respondes a ello y ayudar, pues, mucho mejor. Es una persona que  considerándose una aprendiz -que en realidad es lo que debiéramos considerarnos todos, pues siempre hay otros de quien seguir aprendiendo, o simplemente de aquello que la vida nos pone por delante-  también tiene mucho que ofrecernos, como ese deseo de dar rienda a su necesidad de escritura, aunque sea para dejarla guardada; la ilusión por llevar a cabo proyectos nuevos y el deseo de que Astorga se convierta en un verdadero centro de cultura viva y cultura para todos. Marga es una persona que merece que Astorga conozca lo que hace (como lo merecen tantas otras personas), que se la respalde institucionalmente y que se cuente con ella y se le den oportunidades. Porque Astorga la hacemos entre todos y es mucha la riqueza artística y humana que  las personas que viven en ella, que crean en ella, pueden aportarnos. Mantengamos abiertas puestas y ventanas hacia ese conocimiento  y nuestra ciudad crecerá en calidad humana. 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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