Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 21/05/2018
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Samuel Yebra Pimentel
21/12/2017

El murillo de Astorga

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El Ártico se derrite, lo que dará suficientes bríos a las aguas para rebasar el murete de medio metro que implementará la divisoria entre el canal de entrada y el aliviadero de la depuradora de Astorga. Los 2000 euritos del coste han sido asumidos por la concesionaria, bastante menos de lo que tendría que ser la multa por su desidia en los derrames del pasado junio.

 

Entre tanto las aguas pluviales comienzan a separarse de las fecales allá donde se realicen obras.

 

Nuestro flamante concejal parece estar informado sobre estos asuntos de allende el mundo, París, Bonn. Eso sí, con la debida lealtad al gobierno de España, que ni tiene calendario de cierre para las centrales térmicas ni para aliviar los derrubios al mar. Tampoco tiene nuestro concejal medio metro más de altura para otear las posibles soluciones al problema que nos incumbe por implementarse esos tacones, ni calendario tiene para evitar los vertidos de ocasión. Embellecer las superficies, enjalbegar el muro, más para que no se nos suban los bereberes a las barbas que para que no fluyesen las residuales. Las pluviales, mal que bien, vienen siendo controladas desde que no llueve.

 

Bien conoce el señor concejal de Medio Ambiente que uno de los planes de futuro para reducir el CO2 consistirá en dejar de comer carne de vacuno, además de ejecutar la fritanga con pellets o en parrilla solar. Esto llevará al mayor consumo de proteínas de pequeños animales: conejillos, gallinas, truchas, rucios barbos y proteínas vegetales. Pero del Tuerto nada de nada, tan solo truchas renovables de piscifactoría. Por si no fuera suficiente con el arsénico de los pozos de la Vega del Tuerto, le añadirán sin tasa (sin IBI, ahora no, todavía no…) unos lixiviaditos para condimento de la porrusalda. Endivias del pote de la bruja.

 

Mientras Astorga se distrae con el murillo y no se pidan mayores garantías, la pasta gansa se la llevarán unas cuantas empresas descaradas, insensibles con el nuevo orden ecológico y bastante displicentes para con el bien común y la salud pública de los astorganos. Por allende el mundo algunos fondos de inversión asociados en la iniciativa ‘Climate Action 100+’ exigen a las multinacionales que se atengan a las normativas recientemente emanadas de París y de Bonn. Estos fondos de inversión entre los que se encuentra el ‘Fondo de pensiones de los trabajadores públicos de California’, han elaborado un listado de las multinacionales que más gases de efecto invernadero emiten, en ese listado figuran las españolas Repsol y Gas Natural. No aparecen las empresas que maquillan los residuos astorganos por no tener consideración de multinacionales, tan solo por eso no aparecen.

 

Desde que la palabra emprendimiento (“un disparatario por vocabulario”) echose a andar como una cosa idiota al tiempo que admirable, se ha dejado de atender como debiera al ‘qué’ de lo que se realiza. Los administradores padecen hechizados de un rito vudú, como si fuese suficiente con el palabrario para producir los efectos prometidos. No mirarán más, unos cuantos sí giraron sus pescuezos de vicuña hacia las cuentas de Suiza. La empresa privada emprenderá el milagro de las causas segundas sin las causas primeras (perdóneseme el medievalismo), bálsamo de Fierabrás de nuestros servicios sociales, basurillas, parapetos, lixiviados, antedichos antepechos, parapetos parcos, ‘Impluviums’, aguas fecales, termales o piramidales, esto último dependiendo de donde se mire: termales para los adeptos, fecales para una mirada crítica. Además en Astorga hay una ligazón íntima  y errática entre el decorado visible (termales) y la catacumba inaccesible, a través de la cloaca romana del jardín (fecales).

 

Resultado de este hechizo del lenguaje, descontado ya lo del paraíso, los servicios se han ido encareciendo y las administraciones, la astorgana también, consiguen de una tacada declararse irresponsables de las subsiguientes catástrofes que han ido viniendo, y de la vigilancia en las tareas que le competían realizar: la calidad de las contrataciones de los trabajadores, la contaminación de los ríos y pozos autóctonos, la no recogida de basura orgánica…

 

Y así los concejales todos de rositas, verde verderol pintarrajeado y trebolizado, y el cuerno de la abundancia emanando rosas a troche y moche en una noche oscura de don Juan mientras el murete pintiparado sería asaltado y vuelto a saltar y sanjuanear, a pesar de las concertinas que desangran los inocentes pececillos del alfoz y sus respectivas ranas.

 

Poco importa esta prédica a nuestros regidores, que no son de palabra –véase su programa electoral- sino de foto, de fotomatón. Cuando queramos echárselo en cara ya no estarán por aquí (ya saben: la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va…), pero sí seguirán sus hijos o los hijos de sus hijos y así hasta 100000 generaciones, si hubiera lugar. Más vale que no fueran recordados ni por lo que hicieron ni por lo que dejaron de hacer…

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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