Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/01/2018
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Antonio Toribios
23/12/2017

...Baja hasta el valle que la nieve cubrió

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Comenzamos la publicación de tres cuentos de Navidad para amenizar esta vela del solsticio. En los que participan Antonio Toribios, Bruno Marcos y José Miguel López Astilleros.

 

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Humbelina trastea con la cazuela grande de las ocasiones especiales, prende el horno, dispone las viandas por la encimera, para niño, no enredes, este Julito es el demonio, siempre por el suelo, quita de ahí con eso, qué cansino, casi  tanto como tu padre, en un rincón ejerce de péndulo una araña minúscula, y hay un poco de grasa en los armarios, y es que una no da para todo, si al menos me echaran una mano… En el comedor ya está sentado Eusebio, el marido, hoy con camisa, qué menos, que es Nochebuena, que sí que ya sé que somos todos de casa, pero es igual. Este hombre…, no le saques de lo suyo, sí, muy trabajador, pero detallista… Han venido los padres de Humbelina, unos ancianos aún presentables, con camisa de cuadros él, manos de labrador, la boina en el reposabrazos, como un reloj blando sin agujas. Dónde vas tú con eso, si ya nadie la lleva. Y la madre viene de medio luto, que se le murió una prima allá en el pueblo. A ver madre, deje usted, no se ponga el mandil, que hoy viene de invitada. Trastea Humbelina, y le llegan las quejas de Viky, siempre igual, deja en paz a tu hermana, grandullón, y son mellizos, pero es que Julito tiene más fuerza y no deja de chinchar. Ya, ya… no tenéis nada de paciencia. Voy a meter al horno el rosbif a la inglesa, que  he sacado la receta del Hola. Ya voy, ya, ahí está ese, el marido de la pobre Chelo, que está solo, hola, Mariano, feliz Navidad, pasa ya solo faltabas tú, que mira que podría irse con sus hermanos, que tampoco viven tan lejos, pero se ve que no está por ello, porque tres años hace que falta mi hermana, por lo menos, ya no sé muy bien, igual son cuatro, que ando yo despistada con el tiempo. Poned la tele, que sale el Rey. No, no es el rey mago, Julito, que esos aún están en camino, que está muy lejos Oriente y vienen en camello, que corren poco. Antes salía el otro, el pequeñín de la voz de pito, este es más aparente, es otra cosa, un poco zarabeto en el hablar, pero más hombre, mejor plantado; eso sí, decir, dice lo mismo, que seamos felices, que es para él una satisfacción, que todo marcha bien, en fin, lo normal. A ver esa sopa. Y anda Humbelina removiendo un caldo burbujeante en la cazuela de los días especiales, echa unas gambas, un poco de rape, una pastilla de caldo concentrado, que es ya la costumbre, y guisantes, y sopa de lluvia, así, un buen puñado, ya está. En la sala están ya con el himno, y Mariano se ha liado a discutir con el suegro, como siempre, que si el otro era mejor, que si eso de la democracia no puede funcionar, y mi padre, claro, como es como es y vio lo que vio, si es que, lo que yo digo, era mejor que el Mariano no viniera, que se fuera con esos hermanos suyos con los que dice llevarse tan bien. Pero lo mejor está por llegar, y son las canciones. Sentaos ya, voy a servir. Viky para quieta, que luego dices que es siempre tu hermano. A ver padre, usted dirá. Y sale él, tan majo, y vaya voz, no recuerdo ahora su nombre, y es que hace tiempo que se me olvidan algunas cosas, ro-po-pon-pon, ro-po-pon-pon, qué risa, Julito siempre le imitaba cuando era más pequeño, casi no hablaba y sabía ya lo del ro-po-pon-pon, todavía anda por ahí el tambor de juguete. Qué majo es el cantante este, todos los años por ahora, que yo no sé que sería si un año no viniese, que tendrá también familia y le gustaría cenar con ellos, digo yo. A ver Julito, cuánto te echo, y no dejes nada, que es de mala educación. Ay, madre, si ya tiene bozo, dentro de nada tendrá que afeitarse. Y la Viky está ya muy desarrollada, y eso que parece que fue ayer cuando nacieron, fue por noviembre, eso no se me olvida, no. Y vuelve Humbelina con la ensalada, y sirve luego el rosbif que aprendió en el Hola, qué bueno está, ¿verdad?, ponme unas patatas. Quiero ir a misa de Gallo, mamá, mi amiga Pilarín va. Esta niña, qué cosas tiene, para misas está el abuelo, y con el frío que hace. Así todos los años. Un año rosbif y el siguiente un buen pollo relleno. Y Humbelina con sus cacharros, el timbre, sus padres que llegan, quítate esa boina, pero si ya nadie la lleva. Y Julito que se ha dejado un poco de bigote, pero niño qué dirá tu abuelo, y la Viki con ese sostén que le realza tanto la figura, mira Viky no nos traigas un problema. Y suena otra vez el timbre y es Mariano, feliz Navidad, hombre, huele muy bien aquí, mejor sabrá, Mariano, mejor sabrá. Eusebio, pon la tele, que sale ese señor de uniforme tan educado. Y se sirve la sopa y ahí está él, el del tambor. Ro-po-pon-pon, ro-po-pon-pon. Qué majo es, ¿cómo se llama? Que si vamos a misa de Gallo, ni de gayo ni de gaya, niña, vamos hombre... Y el abuelo se duerme, está ya mayor. Y los chicos crecen, hasta Julito parece ya todo un cadete. Cómo pasa el tiempo, menos para ese señor de uniforme con tantas medallas, que parece aún más joven cada año, ¿ah, que es el hijo?, ya decía yo… Humbelina no deja nunca de echar un poco de caldo concentrado, chup, chup, es la costumbre. Y sale el chico del pequeño tambor, tan simpático, qué bonito sería tener un hijo así, tan alegre. Sirve Humbelina cada plato con primor, con cuidado de no verter la sopa, ¿un poco más Mariano?, y se sienta a la cabecera de la mesa, con la tele delante. Nieva fuera, y dentro hay como una fina niebla, una fría palidez que cubre las figuras y las hace parecerse a esas del belén, con la capa de harina que nunca se derrite porque es de mentira. Y Humbelina pulsa el botón verde del mando a distancia y ahí está él, ese chico, ¿cómo se llama?, que canta tan bien y parece tan buena persona. Y se acuerda de repente de un aparato que le han regalado, una tableta, como de chocolate, pero más grande, donde salen caras de gente y voces. Mamá, te llamo por Nochebuena desde Hamburgo, y me ves en la pantalla de la tablet, así “tablet”, sin la “a”, dijo él. Humbelina busca ese aparato debajo de una pila de ropa para planchar, y en el aparador, y entre los platos. Pero no lo encuentra porque lo ha utilizado como tabla de cocina y lo ha metido luego a remojo en el barreño. Así que se queda frente a aquellos siete platos humeantes y va sorbiendo la sopa despacio, mientras la cadencia familiar del ro-po-pon-pon va invadiéndolo todo, como un fluido etéreo que recorriese el largo pasillo, la salita, las alcobas, la habitación principal, la cocina, la despensa, con el afán consciente de constatar la vaciedad más absoluta.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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