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Astorga Redacción
23/12/2017

Panero en voz alta: Juan Ramón Jiménez II

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Juan Ramón Jiménez 3


Panero tiene ideas lúcidas y juicios clarividentes sobre la prosa de Juan Ramón Jiménez. Reacciona ante ella, cuando recibe el libro antológico preparado por Ricardo Gullón: ‘Paginas escogidas: prosa’. 

 

En los diferentes libros en prosa como ‘Platero y yo’, ‘Diario de un poeta recién casado’, ‘Diario de vida y muerte’, ‘Epistolario’, halla Panero en su palabra llana de prosa sucesiva -lo que en el título del ensayo o nota llama escritura sucesiva- “el acuciamiento expresivo, la incansable búsqueda renovadora, la afilada lucha con el lenguaje que adelgaza y desnuda el proceso creador de su poesía desde su arranque a su final. Respecto del poema en prosa ‘Espacio’, “escrito en plena embriaguez rapsódica”, no está de acuerdo en que haya sido incluido en volumen de prosa, pues “esta pura materialidad” no es “razón suficiente para incorporarlo al volumen, cuando se comprueba que no solo el espíritu del mismo es el de la poesía sino que incluso su dicción, su corriente rítmica onda y su andadura imaginativa pertenecen al orbe de la expresión poética y concretamente, del verso”. También añade que no es preciso reducir la prosa a medida concreta, porque es un “poema derramado: aéreo, abierto, poesía de borbotón y atropellada abundancia en la que el poeta se abandona a su escritura” y al obedecerla  no la encauza, casi como si fuera un poema surrealista de “la bonne époque”. En cambio este derramarse irrefrenable no lo cumple cuando se vierte en la prosa, pues domina la palabra, la doma, la somete, la aguza lucidamente, la dota de inteligencia partiendo siempre de la realidad. De toda la prosa donde Panero halla la medida mayor y como de cuerpo entero de su personalidad poética es en el retrato imaginario o autobiográfico, en estas circunstancias Juan Ramón Jiménez se percibe como “creador inimitable de un estilo, y hasta de un lenguaje que no tienen par en nuestras letras”. También valora los juicios literarios que esparce eficazmente en la narración y que por  sorpresivos son más útiles. Este sentido del aforismo literario solo encuentra parangón en ‘Los complementarios’ y ‘Juan de Mairena’ de Antonio Machado.

 


“La escritura sucesiva de Juan Ramón Jiménez”.

 

 

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 Juan Ramón Jiménez 4: (Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez)

 

Para los jóvenes contemporáneos de Panero que comenzaban a escribir versos, mientras Juan Ramón Jiménez les atraía por una influencia “todopoderosa y total”, les parecía en cambio la poesía de Antonio Machado “solitaria y distante”. Esta distanciación era borrosa y difusa, pero el mismo Panero aduce testimonios de Rafael Alberti, Vicente Aleixandre. Estaba la generación de líricos, ganosa de novedades y Antonio les parecía radicalmente acabado. De vez en cuando se sentían “la simplicísima intensidad humana” de tales versos y su veneración por el hombre más vientos que hay alejada. Él tenía seguridad de esta retracción, pero igualmente seguro del futuro de su poesía. Tal situación acentuaba su retraimiento, sin ademanes externos,  alejado de los públicos. “La falta de misterio verbal cercano impedía a aquellos jóvenes escudriñar en el  íntimo y denso misterio humano,  la hermosísima belleza de su contenido”. Era un problema de preocupación formal avasalladora, de simbolismo francés llevado a la búsqueda y al experimentalismo. Lo más terrible para los jóvenes de entonces es que veían en Antonio el creador de una poesía, sin posible germinación, sin “poder fertilizador capaz de provocar posibles continuaciones y estéticas analogías de renovación”. Se percibía que mientras Juan Ramón Jiménez era capaz de separar la poesía de su contenido vital, de Antonio por el contrario tenían “la impresión de un hombre detenido, parado, ensimismado, desatento a los problemas de las sorpresas estéticas de cada día”. La obra en marcha de Juan Ramón era percibida como un aguijoneante estímulo de constante superación, de irresistible poder”. Afortunadamente aquellas apreciaciones se corrigieron con el tiempo y más adelante se comprendió “la complementaria grandeza de ambos”. Su fuerza fue eficazmente disímil. No se trata de valorar o de primar el uno frente al otro, sino de “iluminar recíprocamente sus distintos mundos poéticos”. El balanceo hacia uno y el retraimiento para con el otro estaba fundamentado en determinaciones temporales, el gusto de la época, la coincidencia radical con el gusto ambiente, del mundo de Juan Ramón y el rechazo del machadiano, la primacial preocupación formal, coincidente con su sensibilidad, y la cadencia de experiencia que es cadencia de alma.

 

 ‘Hace aproximadamente 20 años’.

 

 

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Objetividad en Machado y Juan Ramón


Mientras Antonio Machado es objetivo, desde el primer poema, ya bien dibujado, Juan Ramón se muestra “por el contrario (…) completamente subjetivo y tiende a convertir lo exterior en un puro estado de ánimo”. Cuando trata de objetivar y de pasar de su mundo adolescente a otro más concreto, pierden sus creaciones poéticas. Porque lo suyo es “la vaga ensoñación sentimental”, la fantasía subjetiva: “auténtico y privativo don poético”. Cuando desea concretar la naturaleza termina por ‘abstracizarla’ y desde luego lo único que nos brindan sus poemas no es tanto “intuiciones” como “estados de alma, intelectualmente objetivados”.

 

 “Machado es desde el primer…”  (Papeles Panero, Málaga.) 

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