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Astorga Redacción
30/12/2017

La gastronomía en la época de un señor de La Mancha llamado Don Quijote

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Este viernes se presentaba en la Ergástula, con gran asistencia de público, el libro de Tomás Álvarez, 'Cosas de la bucólica. La gastronomía de El Quijote'. El libro contiene 20 ilustraciones de Sendo.
A la mesa se sentaron José Manuel Martínez Valdueza (editor), Rosendo García (Sendo) y Tomás Álvarez.

 

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La presentación comenzó con la intervención del editor del libro (Csed), José Manuel Martínez Valdueza, haciendo referencia al prologuista Luis María Ansón “que ha hecho una especie de ‘miniensayo’ sobre el origen de la gastronomía en la literatura española, muy interesante.” Seguidamente leyó al público dos pequeños párrafos extraídos del prólogo.

 

Entre ponente y ponente, la compositora María José Cordero acompañada a la guitarra por Juan José Collado interpretaron 'La Pavana', de Luis de Milán, dos letras de Juan del Enzina y como colofón la canción sefardí titulada ‘Hiya mía’.

 

El pintor Rosendo García, Sendo, que participa en el libro con 20 ilustraciones, hizo una especie de recorrido histórico por la ilustración gráfica de las publicaciones del Quijote.

 

Le tocó el turno al autor de la obra, Tomás Álvarez, que situó su relación con el Quijote en la escuela de Magaz de Cepeda y en las lecturas de la novela de Cervantes dirigidas por el maestro astorgano don Ángel, aunque lo que de verdad 'picó' la curiosidad a Tomás Álvarez fue la prohibición de sacar el libro de la biblioteca para leerlo en casa. Inquieto por ese impedimiento para sumergirse en las aventuras y desventuras del hidalgo, un buen día, un compañero de más edad que se llamaba Paco le confesó: “Uh, es que ese libro, ‘fuá’… Yo lo cogí una vez y lo estuve leyendo y decía unas cosas… Leí un trozo en el que había una cópula entre Don Quijote y Dulcinea a través de la reja de la casa donde ella vivía. Está todo lleno de erotismo, lleno de golferías. Ah, colegí entonces, es por ello que no nos lo deja don Ángel, qué es de Acción Católica.”  

 

Con el paso del tiempo descubrió que no es que hubiera tanto erotismo: “Pienso que no nos lo dejaba porque en manos de un chaval de seis o siete años no pintaba nada”. Así que lo fue leyendo, descubrió muchas cosas y sobre todo que estaba lleno de comicidad. “El Mundo de El Quijote, la lucha de la realidad contra la idealidad nos ha proporcionado una lectura más actual, pero El Quijote, créanme, se vendió de una forma inmensa en Francia, en Italia, en Inglaterra por la comicidad. El valor que se le atribuyó fue el de que era el libro más divertido de los que se habían escrito en aquel tiempo.”

 

Todo eso supo Tomás Álvarez a medida que lo iba releyendo.

 

 

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“El momento real del nacimiento del libro -aseguró Tomás- fue el día en que hablaba con el escritor y periodista Fernando Delgado, en un congreso en Córdoba. Durante la cena, yo empecé a hablar de algunos elementos gastronómicos de El Quijote y Fernando Delgado quedó muy interesado, me comentó que podía hablar de ello en una tertulia que dirigía en la SER. No acudi a la SER porque no me consideraba lo suficientemente informado, pero fue a raíz de ahí cuando comencé la investigación minuciosa que dio en este libro.”

 

En esta minuciosa investigación descubrió que la mayor parte de los libros que se escribían sobre la gastronomía en El Quijote estaban mal enfocados, “porque hacían de El Quijote un señor de La Mancha, y en El Quijote hay mucho más que un señor de La Mancha. Hay un señor universal. Cervantes disponía de una cultura universal. Descubrí en la Biblioteca Nacional que sobre Cervantes había una visión totalmente localista y manchega. Es absurdo el hacer una lectura manchega de El Quijote.”

 

Los platos que salen en la obra de Cervantes son los de su época, pero también habla de todas la cocina cristiana de Occidente: “La ternera de Sorrento en Italia, los francolines de Milán, O los higos de Sargel que está 20 leguas de Argel hacia la parte de Orán, en el cual había mucha contratación de higos pasos. Quiero decir con esto -indocó el escritor- que nos encontramos ante un señor universal que describe una gastronomía en la que late lo hispánico de forma profunda, pero sobre todo manifiesta la enorme cultura de Cervantes. Entonces, me dije, merece la pena escribir un libro.”

 

 

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Tomás Álvarez expuso que la época de El Quijote es un momento de profundo cambio en lo gastronómico, aunque la base siga siendo la comida que se hacía en la Edad Media, pero con las influencias de las modas europeas, con la nueva manera de comer flamenca y borgoñona que consistía en poner todo en la mesa y se comía de lo que apeteciera. Además comenzaban a llegar productos de América. "En El Quijote detectamos que llega por primera vez el pavo, ya han llegado los tomates aunque no se utilizaran apenas, y se consume de forma masiva el azúcar.”

 

Hay muchas razones, terminó diciendo, por las cuales convenía hacer una nueva lectura de la gastronomía de El Quijote y escribir algo nuevo sobre el tema con la mayor objetividad posible.

 

En cuanto al porqué del título ‘Cosas de la Bucólica’, el autor señaló que “nosotros atribuimos el sentido de bucólico a lo pastoril, que viene de Boukólos, el boyero por antonomasia griego; Pero en tiempos de Cervantes la palabra bucólica se utilizaba muy a menudo como relativa a la boca, que no viene del griego, sino del latín de ‘bucca’.  Cuando hablaban de cosas de la bucólica están hablando de cosas del comer,  y así lo utilizan Cervantes Vélez de Vegara y Lope de Vega.”

 

En el libro se detiene en aquello que se comía en la casa del hidalgo, sobre lo que llevaban en las alforjas, qué comía cuando estuvieron con los cabreros, con los trajinantes, con los bandoleros. Lo que comían con los peregrinos alemanes con los que se encontró Sancho. Hay en el libro mucha información obre estos aspectos, como de asuntos de geopolítica, de música, etcétera. Finaliza el libro con un análisis de los productos, de los preparados, y también un análisis de los dichos.

 

 

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El libro también recoge la información que aporta la segunda parte de El Quijote que escribió Avellaneda.

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