Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/01/2018
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DETRÁS DE LA HUELLA DEL INEMA
Juan Antonio Cordero
8/01/2018

Mérida Pérez. 1945-1953

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Las gestiones y el buen hacer del Obispo Mérida Pérez hicieron posible crear el Instituto Nacional de Enseñanza Media de Astorga en el curso académico 1944-45. 

 

No hemos de olvidarnos de que dichas gestiones fueron realizadas a más de una banda y no debieron de ser simples. Por una parte estaba involucrado el Ayuntamiento, por otra el Gobierno y por otra, los acuerdos o negociaciones entre el Obispo Mérida y Don Julio Montoya, propietario de la Nueva Academia centro de arranque del  futuro instituto.

 

Simplificando mucho se podría decir que durante el curso 1944-45 la Nueva Academia se convierte en el INEMA. Quede constancia de que no todo el profesorado de la citada Academia disponía de la titulación necesaria para ejercer de profesor. Algunos de los que no tenían titulación, ciertamente tenían conocimientos para dar las clases, pero no era ese el caso de todos, especialmente de los profesores de idiomas modernos: francés a inglés. Tanto unos como otros, como los titulados, pasaron a ser profesores del nuevo Instituto. Así estaban las cosas a finales de los 40. Se buscan nuevos locales y se traslada material, profesorado y alumnado hacia el nuevo instituto, pero algunos interrogantes quedan en el aire:

 

¿Todos sabían que la legislación vigente priorizaba la condición de Catedrático Numerario para adquirir el cargo de Director del Instituto?

 

¿Se valoró como poco probable la solicitud de plaza de un catedrático para el Instituto de Astorga?

 

¿Se tenía prevista, de alguna manera, tal eventualidad para un futuro inmediato?

 

Lo cierto es que la dirección y el control del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Astorga solo recayó en manos del director de la Nueva Academia, Don Julio Montoya, de forma interina, durante unos años. La Ley preveía que la pertenencia al escalafón de Catedráticos tenía carácter preferente para ejercer el cargo de Director y Don Pedro Rodríguez, que residía en Astorga, en una casa cerca del Centro de Higiene, alcalde de la ciudad entre los años 1944 y 1947, tenía prioridad para ocupar dicho cargo directivo en calidad de Catedrático Numerario de Enseñanza Media, especialidad Historia.

 

Así pues, Don Julio Montoya debió de ser Director interino del Instituto desde los inicios del Mérida Pérez (1944-45) hasta el curso 1946-47 o el siguiente, sustituyéndole en el cargo el citado Don Pedro Rodríguez el año 1948.

 

 

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Al año siguiente, 1949, accede al Instituto por Concurso de Traslados, Don Francisco Sevilla Benito que había obtenido recientemente una de las 6 plazas convocadas para toda España en la Oposición de Catedrático de Filosofía. También llegó ese mismo año Julio Francisco Ogando, Catedrático de Lengua y Literatura, y de talante conservador, nacido en Orense, pero parece ser que éste no llegó por Concurso de Traslados sino como destinado forzoso desde un instituto de Lugo, es decir, como represaliado por el Régimen de Franco por sus actividades galleguistas.

 

En 1950 accede Don Jose Luis Hortal, nacido en Salamanca, catedrático de Física y Química, y poco después su sobrina Mari Carmen Álvarez Hortal, Memi, profesora de Francés.

 

Sevilla, Ogando y Hortal, son tres jóvenes llegados a una Astorga aún en la década de los 40, limbo en el que permanecería varias décadas más, catedráticos, que inicialmente se debieron de hacer amigos más por protección frente al medio, que por afinidad de carácter o por simpatía.

 

Convivieron varios años en la Pensión García, y creo que allí debieron haber interesantes conversaciones y discusiones sobre el futuro cultural de la ciudad… aún sin proponérselo.

 

Seguramente allí se trazaron las líneas gruesas de lo que posteriormente fue el Instituto de Astorga.

 

Dejamos referencia de ellos con una nota al pie porque estamos convencidos de su influencia en Astorga… y también de la de Astorga en ellos. El peso que aquellos Catedráticos Numerarios tenían en la elaboración de las líneas maestras y en el funcionamiento de las Asignaturas o Seminarios que dirigían dentro de los respectivos Institutos, era enorme. Recordamos que los Profesores Adjuntos, licenciados en Ciencias o Filosofía y Letras, normalmente tenían como función, por ley, coadyuvar a la labor de los catedráticos.

 

Aparte de Don Pedro Rodríguez, director, Don Francisco Sevilla Benito[1], de Filosofía, Don Julio Francisco Ogando Vázquez[2], de Lengua y Literatura, y Don Jose Luis Hortal Sánchez[3], de Física y Química, fueron los pilares donde se montó INEMA. Tres profesores importantes en un momento crucial de la Cultura de Astorga. Tres inicios profesionales de tres jóvenes promesas con un alto potencial de relevancia futura. Duros, exigentes, dos de ellos  merecedores de alguna coplilla que le dedicaron sus alumnos[4]. Tres grandes personajes... cuya admiración y reconocimiento les muestro públicamente, aún sin haberlos conocido.

 

Además del peso didáctico-pedagógico del Claustro pilotado por los Jefes de Seminario, existía una entidad llamada Junta Económica dentro del organigrama organizativo del Centro que debía de ser importante puesto que era la encargada de dar el visto bueno a los ingresos y gastos del Instituto. Y en la Junta Económica si tenía peso Don Julio Montoya.

 

Estaba formada por tres personas, que en sus momentos iniciales fueron las siguientes:

 

El Presidente era Don Julio Montoya, que ya había sido profesor titular de Ciencias Naturales en el anterior Instituto Marcelo Macías, primero como Ayudante y después como Titular, e incluso llegando a firmar Actas como Director durante los últimos meses de 1936 y los de 1937 del desaparecido Instituto

 

El Secretario era Don Pedro Rodríguez, director del Instituto.

 

El Interventor era Don Ángel García Guerras.

 

Así consta en el Libro de Actas de Junta Económica del Instituto Nacional de Enseñanza Media de los cursos académicos 1945 y siguientes, que se conserva en el Archivo del IES de Astorga.

 

 

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Las clases comenzaron en unos locales de la calle Rodríguez de Cela que pronto se quedaron pequeños y tuvieron que ser ampliados en un edificio cercano, concretamente en la calle Padre Blanco.

 

La Nueva Academia, era un centro docente privado, un Centro Libre Asociado al INEM de Ponferrada “Gil y Carrasco”, y aunque la gente lo denominaba Instituto, en realidad no lo era. Sirvió para dar continuidad a la Educación Secundaria tras la suspensión del Instituto en 1937 y finalmente desaparecerá integrándose y fusionándose en el nuevo instituto.

 

Parece ser que en el Pack de integración, además de los libros, materiales y otros enseres didácticos necesarios para las clases, también se incluía el traspaso del profesorado, que pasó de profesor del Centro Privado a profesor titular del nuevo Instituto Público. No sabemos si esta práctica supuso la obtención directa de la plaza de funcionario o bien si el acceso estuvo regulado a través de Oposiciones Restringidas. Lo cierto es que el profesorado de la Nueva Academia y el del nuevo INEMA inicialmente, fue el mismo. Seguramente aún existan testigos vivos de la permanencia del profesorado en ambos centros.

 

De alguna manera se cierra el círculo que comenzó en 1938, con la cesión del material didáctico del Instituto disuelto hacia la Nueva Academia. Ahora, 7 años después, el proceso es el inverso, siendo retornado todo el material útil del Centro privado desaparecido al nuevo Instituto creado.

 

Ciertamente, hoy puede parecernos, cuanto menos, poco clara y transparente la forma de acceso, pero corría la década de los 40… y las cosas no estaban para demasiadas explicaciones sobre la transparencia. Además comenzaba una gran explosión de acceso a los estudios secundarios como se refleja en el Cuadro relativo a la evolución  del  número de exámenes de Ingreso y de Suficiencia en el Bachillerato… que adjuntamos, y no había profesores suficientes para cubrir la demanda existente, lo que facilita posibles “irregularidades” a los procesos de adscripción.

 

 

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No tardarían en aparecer algunos problemas derivados de esta integración entre antiguos profesores de la Nueva Academia y los nuevos profesores que accedían por Oposición. Los Catedráticos de Instituto, tras una fuerte Oposición sobre 145 temas de su especialidad, tenían prioridad para acceder a la Dirección del Centro, y los Agregados (con Oposición sobre 100 temas de su especialidad) para ser Jefe de Seminario.

 

Las diligencias llevadas a cabo por el Obispo Mérida Pérez para la creación del nuevo Instituto, fueron muy valoradas por la Corporación Municipal de la ciudad, que a petición de su alcalde Pedro Rodríguez, denominara al nuevo Instituto  con el nombre de su impulsor, y. que el mismo Obispo fuera, nombrado hijo adoptivo de la ciudad.

 

En 1946 el Ayuntamiento compra unos terrenos en los Chanos, al lado del Cuartel de Santocildes, que se le ceden al Ministerio con fin de ofrecer un edificio más idóneo para la enseñanza que los actuales locales, y éste los acepta en agosto de 1947.

 

Sin saber muy bien las razones, lo que deja el camino abierto a toda especulación, se comienza a hablar de la nueva ubicación del Instituto, no en los previstos terrenos de los Chanos ya cedidos por el Ayuntamiento y aceptados por el Ministerio de Educación, sino en el terreno entonces ocupado por el Grupo Escolar Santa Marta, con un bonito edificio de estilo Modernista, como puede observarse en la foto que adjuntamos.

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En este primer tramo del recorrido de INEMA, de 1945 a 1953, se han tenido que sortear múltiples dificultades que afectan tanto a la limitación de los espacios como a la incorporación de profesorado y estructura organizativa anteriormente comentada. De menos a más se fue ampliando la matrícula y de sus cursos y de sus paredes salieron no pocos estudiantes con una gran formación tanto en la rama de letras como en la de ciencias.

 

Para los alumnos de esta época, la obtención del título de Bachillerato Universitario exigía aprobar una Prueba de Madurez sobre la totalidad de los contenidos de los 7 cursos, realizada en la Universidad de Oviedo… de la que hemos hablado en entregas anteriores.

 

Aprobar la Prueba de Madurez significaba poseer el título de Bachiller y poder dar continuidad a los estudios, y no aprobarla significaba no tenerlo y no poder seguir estudios en la Universidad (Licenciatura y Doctorado).

 

Imagino que debió de ser muy muy duro para muchos estudiantes que el sistema no tuviera ni una mínima consideración con los alumnos más desfavorecidos social y económicamente.  Bien es cierto que el que superaba el reto quedaba seguramente curtido e inmunizado, al menos, desde el punto de vista académico.

 

El intervalo de tiempo entre el final de 7º Curso y la Prueba de Madurez era de 4 meses en los cuales funcionaba como una olla a presión, entre otras, la Academia A.F.G. creada en 1940 por el Comandante Don Antonio Fernández González, también conocida como Academia del Comandante, del Teniente Coronel y del Coronel, que correspondía a la graduación que iba obteniendo Don Antonio, que la regentaba, en el Regimiento Artillería en  Astorga.

 

Aparte de actividades de tipo pedagógico u otras puntuales como visitas, eventos, celebraciones, etc, las tareas más laboriosas y reiteradas de estas reuniones de profesorado del periodo 1945 a 1953, de las que se conservan las actas y a las que he tenido acceso, eran las de distribución y adjudicación de matrículas gratuitas y becas a los alumnos que las solicitaban. La evaluación del grado del cumplimiento de los requisitos era llevada a cabo por la Junta Económica.

 

Seguramente, aunque esto habría que documentarlo mejor, estas gratuidades o subvenciones arranquen de los pactos que tuvieron lugar entre la Nueva Academia, el Ministerio de Educación y el Ayuntamiento cuando, tras acabar la Guerra Civil, ésta asume dar continuidad privada a la enseñanza pública del desaparecido instituto, becando a 6 alumnos (3 por sexo) sugeridos por el Ayuntamiento, a cambio de una subvención anual como contraprestación.

 

En el Cuadro que se muestra a continuación podemos ver como se realiza la citada adjudicación de becas durante los cursos 1945 a 1949 y cómo se distribuye por los 7 cursos del Bachillerato Universitario.

 

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Como vemos, el número de becas concedidas va tendiendo a disminuir a medida que aumenta el curso estudiado. Es cierto que la disminución de la matrícula de un curso al siguiente desciende mucho más abruptamente. Recordamos que los estudiantes de Bachillerato Universitario en la década de los 40 era una parte muy minoritaria de la población en la misma franja de edad.

 

Eran los duros tiempos de la postguerra donde existían las “cartillas de racionamiento” que intentaban un reparto de los alimentos acorde con las necesidades de la población, pero que acabó dando lugar a un estraperlo y negocio negro con los alimentos básicos.

 

Hacia el año 1949 aparecen varios conceptos a tener en cuenta para la obtención de la ayuda a la matrícula gratuita a la Enseñanza Oficial, seguramente tratando de evitar el subjetivismo o las trampas en las adjudicaciones de estas becas. Los tres conceptos introducidos son la escasez de recursos, ser hijo de funcionario de Educación Nacional y ser huérfano de Guerra.

 

Pero no era este el único punto que se trataba en las reuniones de la Junta Económica o del Equipo de Profesores de la época. También eran frecuentes las disputas relacionadas con la regulación del cobro de las “Permanencias”[7].

 

 

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Junto a la asignación de las Matrículas Gratuitas y las Permanencias, que ocupaban la mayor parte del tiempo dedicado a las reuniones, se solían tocar, puntualmente, también otros temas como los relativos a Nombramientos y Cargos, muy regulados por la normativa, las Salidas y Visitas Culturales, el Reglamento de Régimen Interno, los criterios de confección de Horarios, la Disciplina, el Viaje de Estudios, Tribunales y Exámenes, Concursos y Oposiciones…etc.

 

Próxima entrega: 3.4. Mérida Pérez. 1954-1964

 

 

Para ver otros artículos de 'Detrás de la huella del Inema' pincha aquí

 

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[1] Don Francisco Sevilla Benito nació en el seno de una familia tradicionalista natural de Zamora. El curso académico 1949 llegó a Astorga, y se casó con una muchacha de la ciudad, llamada Julita Pérez Fernández de la familia de “los de la Fábrica” en el año 1953. No tardó en acceder a la Inspección de Enseñanzas Medias llegando a ser Inspector General de 1968 a 1970, cuando llegó al Ministerio de Educación Vilar Palasí y se puso en marcha la Ley General de Educación. Fue un gran estudioso de la religiosidad en Unamuno, a cuyo estudio dedicó su Tesis Doctoral “La inmortalidad del alma según don Miguel de Unamuno”, Universidad Complutense de Madrid, 1951. Tiene 95 años y vive con su mujer, Juliita, de 93 años, en Madrid.

 

[2] Don Julio Francisco Ogando Vázquez fue escritor, académico y un dirigente conservador galleguista. Como Profesor estuvo destinado en Lugo (1943), Astorga (1949) y Orense (1954), donde su trayectoria estuvo ligada a un instituto femenino que posteriormente y a petición suya, se denominó “Otero Pedrayo”, del cual fue profesor y director hasta que se jubiló en 1983, obteniendo el Premio del mismo nombre en 1996 como reconocimiento a dicha trayectoria. Nació en Beariz en 1913 y falleció en Orense en 2005.

 

(Ramón A.V. Otero Pedrayo (1888-1976) fue un escritor y político español, orensano, vinculado al galleguismo conservador, discípulo del astorgano Marcelo Macías).

 

[3] Don Jose Luis Hortal Sánchez, fue Director del Instituto de Astorga el curso 1956-57, sustituyendo en el cargo a Don Francisco Sevilla Benito que había dejado libre el cargo para acceder al Instituto Padre Isla de León. J.L.Hortal sólo ocupó dicho cargo 1 año pues fue trasladado muy pronto a Avilés. En el Instituto Carreño Miranda, donde coincidió con algún otro catedrático de medias ilustre como Don Emilio Alarcos Llorach, hay quién lo recuerda con cariño. (Ver entrevista a José Castro Izquierdo Exdirector del Instituto Carreño Miranda, de Avilés).

 

Don José Luis Hortal Sánchez era tío de Doña Mari Carmen Álvarez Hortal, vecina de Astorga más conocida como Memi, catedrática de Francés. Y, también, Directora del Instituto entre los años 1981 y 1986.

 

[4] Coplilla a dos Profesores de INEMA.

 

(Parece ser que circulaba en los primeros años de la década de los 50, con la suficiente fluidez, como para poder llegar hasta nosotros vía oral. Las fuentes más jóvenes, andan rondando casi los ochenta años).

 

Cuentan de Ogando que un día,

tan cabreadísimo estaba,

que a muy pocos aprobaba,

y a muchos, los suspendía.

¿Habrá alguno, se decía,

que suspenda más que yo?

Y cuando el rostro volvió,

halló la respuesta viendo,

a Sevilla suspendiendo,

los pocos que él aprobó.

 

 

[5] Total de alumnos (Os + As) que acceden a los exámenes de Ingreso en las convocatorias Oficiales de Junio y Septiembre, desglosados en Aptos y No Aptos. El número total de examinados en ambas convocatorias, es superior al real, habida cuenta de los que se examinan en Junio y también en Septiembre por haber suspendido, cuya medida no consta en este Cuadro, pero que, con amplias oscilaciones, podría variar entre un 15 y un 35% de la población examinada.

 

[6] Las Pruebas de Suficiencia recogen el número de alumnos Oficiales Aprobados en todas las asignaturas, que constan en los 7 años de Bachillerato, y durante el periodo 1944-1945 a 1952-53. Las casillas en blanco de los dos últimos años reflejan el automatismo en la aplicación de la Ley que estaba cuestionando la bondad de una norma muy dura, poco eficiente y menos respetuosa con determinadas variables intermedias del aprendizaje. Ruíz Jiménez, ministro de Educación desde 1951, fue el encargado de las modificaciones que culminaron con el Plan de Medias de 1957, que, entre otras cosas, suaviza los rigores de la Prueba de Madurez única para los 7 años del Bachillerato Universitario, introduciendo las Reválidas de 4º, de 6º y el Preuniversitario como curso de orientación y acceso a la Universidad.

 

[7] Genéricamente se denominaba “Permanencias” al tiempo extra, que el alumnado permanecía en el Instituto a fin de ser ayudados por los profesores del mismo en las tareas académicas tales como deberes, tiempo de estudio, repaso, etc. Dicha permanencia exigía a quién a ella voluntariamente accedía el pago de una cuotas mensuales que cobraba el instituto y era repartido entre el profesorado participante en las misma que era la práctica totalidad.

 

La cuantía de los cobros era proporcional al tiempo de dedicación a las tareas de repaso, que se establecían en un máximo de 12 horas semanales para los Catedráticos y de 18 para los Adjuntos, quedando reflejadas en las Actas, los problemas de cómo compensar a los Catedráticos de Latín o Matemáticas, por ejemplo, encargados de los cursos superiores con menos alumnos y de más edad, que renunciaban a las Permanencias.

 

El Régimen permitía tal complemento a la paga de los Profesores, que podía ser bastante significativo, habida cuenta del exiguo sueldo que percibían. Las Permanencias estuvieron vigentes hasta casi finales de la década de los 70.

 

 

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