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Astorga Redacción
13/01/2018
ENTREVISTA / Juan Madrid, escritor

Juan Madrid: "El objetivo prioritario de este país es resolver el problema de la pobreza"

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Juan Madrid, escritor, periodista y guionista de cine y de televisón, pero sobre todo destacado escritor de la nueva novela negra europea, ha pasado por Astorga con motivo de las Tardes de autor, ciclo que organiza la Concejalía de Cultura al cuidado de Luis Miguel Suárez. Astorga Redacción ha aprovechado la ocasión para entrevistarlo.

 

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Astorga Redacción: De joven tuvo de compañeros de universidad a Juan José Millas, Tino Bértolo, Rafael Chirbes, Gabriel Albiac…y entre los lectores de sus manuscritos a Cela. Mucha literatura a su alrededor para no dejarse arrastrar por ella. 

 

Juan Madrid: No tiene esto mucho que ver, porque los compañeros fueron literatos mucho después, por entonces no escribían todavía.

 

 

Bueno, quién sabe pero igual estaba fraguándose…

 

La escritura se está fraguando durante toda la vida. Luego, con Cela sí, cometí la imprudencia de leerle unos cuentos, pero eso fue mucho después, cuando teníamos la misma agente, Carmen Balcells. Comimos juntos una vez con su mujer y Carmen, nuestra agente común. Le dije: “oye, Camilo, te agradezco infinitamente que me hayas leído”. “No te lo tomes a mal —me respondió— a mí me gustaba”. “Pero por lo que me decías —le contesté— lo que más te gustaba de mis cuentos es que no parecían del alemán, sino que parecía un escritor español de verdad”. Entonces, me dijo que lo que más le gustaba de los cuentos es que no eran pedantes, sino muy, muy naturales. Y esta es la imagen que tengo yo de Camilo José Cela.

 

En cuanto a la pregunta, no tengo respuesta. ¡Tanta literatura!,  en aquel momento todavía éramos chavales, unos eran pro chinos, otros eran comunistas etcétera. 

 

 


Al frente de su novela 'Días contados', aparece una cita de Isaak Bábel: “Toda mi vida he sabido, con muy pocas excepciones, qué escribir, pero dado que he intentado decirlo todo en doce páginas […], he debido escoger y seleccionar palabras que fueran en primer lugar significativas, en segundo lugar sencillas y en tercer lugar hermosas”. ¿Es esta  última la fórmula literaria que también ha tratado de seguir usted?

 

Sí, sí. Para mí Isaac Bábel es el escritor que más me gusta, un escritor ruso, muerto y fusilado en 1942. Isaac Bábel es para mí un modelo de concisión, de claridad, y siempre he querido escribir de esa manera. Por algo fui periodista durante tanto tiempo.  Esa ha sido siempre mi obsesión: claridad, concisión, comunicación.

 

 

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Un colega suyo, Andreu Martín, señala: “Toda novela es un mundo irreal construido a partir de la realidad, pero la irrealidad que nos descubren las novelas de Juan Madrid es tan sabia que nos conecta irremisiblemente con la verdad de la que salieron” ¿La verdadera novela ha de ser realista?

 


No, no existe eso. No concibo la literatura como un arte de superación, como si fuese  pintura u otro arte. Es algo mucho más directo, más fuerte; es el desarrollo de una historia, es contar una historia, lamentablemente esa es la literatura y es lo que hago.

 

 


Bueno, esa es la concepción de usted sobre sus novelas o es la concepción que tiene sobre la literatura.

 

 No, no, sobre mis novelas. Pero para mí mis novelas y mi literatura son lo mismo.

 

 


En alguna ocasión usted ha dicho que la novela negra ha sustituido al periodismo, que hoy está en crisis. E igualmente ha señalado que la buena novela negra debe molestar a alguien. ¿Son dos modos de definirla?

 

No creo que eso sea ninguna definición, o por lo menos la segunda parte. No es una definición eso de que deba molestar. Yo lo que digo es que si es incisiva, si hace radiografía de la sociedad, es natural que moleste a los dueños de la hacienda, del caballo y de la palabra. A los dueños de todo es natural que les moleste. Si no molesta, es una prueba de qué está de acuerdo con ellos, que está inserta en el registro de ellos como si fuera el natural. Yo creo que eso es lo fundamental de lo que se denomina literatura negra, que no se trata de contar muertos, ni de hacer muertos, sino de hacer por medio de una historia un análisis social.

 

 


Esa función que aludía al principio de la pregunta sobre el periodismo, esa función que acaba de reseñar de la novela negra ¿no es también una de las principales funciones del periodismo? O debiera serla. Es verdad que los sucesos cobran cada día mayor importancia en los medios de comunicación, pero eso se debe a que el periodismo ha renunciado a su labor orientadora para reducirse a un periodismo de audiencias.

 

Efectivamente, el periodismo se está quedando como una crónica de sucesos, pero no lo es. Es algo más importante. Yo he sido periodista durante unos cuantos años en Cambio 16, en El País… y el periodismo tiene una función mucho más revulsiva que la simple mostración de la casquería social o de los accidentes de tráfico. Es verdad que ahora hay una carencia de periodismo, que se está sustituyendo el periodismo verdadero por una especie de crónica negra, de crónica roja mejor dicho, por contar sucesos.

 

 

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Sí, quizás porque nos estamos dejando llevar por el clic, por el ‘me gusta’, y  que la audiencia acrítica sea la que impere. La verdad, la única verdad parece ser ya únicamente lo que ordene la audiencia..., una verdad solo en apariencia con modos democráticos. Se ha mostrado usted crítico con la situación política española, e incluso con la transición… 

 


La transición fue un pacto entre fuerzas iguales, sin real oposición. Hemos llegado a ver que el PSOE no era una oposición. Fue un pacto entre una nueva clase dirigente que sustituyó en paz y camaradería absoluta a la antigua clase dirigente. Eso fue lo que se llamó la transición. Entonces el verdadero cambio está por hacer, hay que hacerlo ahora. Si no lo hiciéramos ahora no lo podremos hacer jamás.

 

 


¿Y cuál es el verdadero cambio?

 

¿No lo sabes?

 

 

Soy periodista y como entrevistador solo me interesan sus respuestas, no las mías. 

 

Yo creo que hay muchas cosas pendientes en este país. Es abusivo que exista todavía está cantidad de pobres en España. La pobreza, la miseria y la desigualdad. Hay que acabar con eso, es un objetivo prioritario fundamental e irrenunciable resolver el problema de la pobreza, no tirar la toalla…

 

 

Pero le veo a usted muy optimista, pues las reformas que se han venido haciendo desde el comienzo de la crisis han llevado a una situación contraria a la que usted augura, han logrado que la desigualdad sea mayor, que la pobreza aumente, que la mendicidad haya vuelto a las calles.

 

Ah, bueno claro, por eso no están sirviendo para nada. Por eso estoy pidiendo una nueva reforma. La transición tampoco reformó nada. Ni la democracia que trajo aquella transición, que es una democracia que en cuanto indagas un poco en ella presenta un montón de carencias participativas, distributivas, etcétera. 

 

 

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El trasfondo político es importante en su última novela, Perros que duermen, en la que ha invertido cuatro años de trabajo. Quizás la novela cuya escritura le ha llevado tiempo. 

 

Sí, me ha llevado mucho tiempo.

 


¿Y cómo ve la novela negra actual, tanto la europea como la española, que parecen estar en una edad de oro?

 

No, yo no creo que estén en una edad de oro. La novela negra sí está en un buen momento  editorial. Pero también se está falseando lo que es la novela negra; un género que surgió como una necesidad para contar las lacras de la sociedad, lo que genera el crimen, el asesinato, el robo, etcétera. No una literatura como la que ahora domina, una especie de de contabilidad de muertos. Yo creo que la novela negra es algo más importante.

 

 

Pero  no cree que ese tipo de novela negra que araña en lo social es la que en los últimos tiempos se está escribiendo más. Es el caso  más cercano de Alejandro Gallo, Noemí Sabugal, etcétera. Y si parece que en estas novelas predomina un intento de indagación no exclusivamente de las cloacas sociales sino de las causas del mal funcionamiento de la sociedad. Van más allá de la casquería.

 

No, no, tan solo he querido hablar de una manera general; pero abunda mucho más lo otro que la verdadera búsqueda, que una indagación de lo que la sociedad oculta para aparecer como algo tolerable.

 


¿Cómo ve la crítica literaria en España? Alguna vez se ha quejado de que en los suplementos más importantes no se reseñan sus novelas…

 

Yo nunca he aprendido nada de la crítica literaria. La crítica literaria es una crítica entre iguales que me no interesa un pelo; ni me fijo en ella, así que no la sigo. Creo que por normal son ‘amiguetes’ de los escritores y que entre ellos se da una familiaridad muy subjetiva, entre ellos se lo arreglan y se lo comen. No me interesa en absoluto.

 

 

 ¿De ahí la segunda parte de la pregunta que decía que alguna vez se ha quejado de que los suplementos  literarios no reseñan sus novelas. ¿No tiene usted amigos de esos?

 

Bueno creo que  la mayor parte de los críticos están muy adaptados al sistema y es natural que critiquen aquellos textos que siendo de sus amigos encajan y ayudan a mantener el canon establecido, el propio sistema literario. Estoy ya muy acostumbrado a esto.  Yo me relaciono más directamente con el lector. Mí gran relación es con lector. Vendo bastante desde hace muchos años, desde hace más de treinta años que llevo publicando, habiendo sido traducido a dieciocho idiomas. Y hay dieciocho o diecinueve personas de varias nacionalidades realizando actualmente tesis o estudios sobre mi escritura. No es mi problema entonces qué está ‘gentucilla’ de aquí haga caso omiso de mis novelas más recientes. 

 

 

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Usted también ha escrito novelas para jóvenes. ¿Resulta difícil en un primer momento ese cambio de registro que supone pensar en un lector tan distinto?

 

Sí, es difícil. Es un reto, pero que yo llevo muy bien, me gusta mucho. Yo me crié y me forme con lo que antes se denominaba literatura de jóvenes, que era una literatura que solo se diferenciaba de la de los adultos por la temática, una literatura de calidad, sobre todo de aventuras. Pero cuando se descubre la  infancia, algo muy reciente, se comienza a escribir en parte una literatura ñoña, tontorrona, santurrona, con escaso interés como escritura. Yo quiero hacer otra cosa. A mí me sirven como modelo para escribir los libros que todavía querría volver a leer y que recuerdo de mis lecturas de infancia, Emilio Salgari, Julio Verne, Zane Grey, Cooper, Stevenson, Walter Scott. Por otra parte, esta literatura que tradicionalmente estaba circunscrita a la literatura de aventuras es una literatura que vale para cualquier edad. Estoy totalmente de acuerdo con mi amigo Fernando Savater que en la ‘Infancia recuperada’ dice seguir emocionándose con ‘La isla del tesoro’. Pero no solamente  por la recuperación evocativa de la propia infancia, sino por la calidad fruitiva que poseen esos textos para cualquier mente atenta, tenga la edad que tenga. 

 

 


Usted, además de escritor, es guionista de cine y televisión, y ha dirigido alguna película. ¿Cómo es esa relación entre el cine y la novela? ¿No tiene a veces algo de conflictiva?

 


Sí y no, ambas son narraciones que se pueden componer mediante imágenes. Tanto la escritura como la narración en fotogramas tratan de conflictos que se resuelven técnicamente de diferente manera. Cuando ya estás pensando llevar una narración a imágenes adaptas la escritura originaria, que son otro tipo de imágenes, al resultado que quieres llegar. Por supuesto que yo me encuentro más cómodo escribiendo novelas. Pero el guión tan solo es una manera diferente de contar una historia teniendo en cuenta y previendo la finalidad  del formato para el que se hace. Yo doy clases en la Escuela de Cine de La Habana sobre guion y he realizado una serie entera (Brigada Central), y ahora soy productor ejecutivo de otra serie. Por lo que me encuentro vinculado al cine, tengo también una obra de teatro etcétera.

 


Para finalizar, y puesto que estamos en Astorga hablando de novela negra, debo preguntarle por un novelista astorgano, Alejandro Gallo.

Amigo mío, claro, un excelente escritor de novela, y también una excelente persona. 

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