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Astorga Redacción
4/02/2018

Panero en voz alta: De Vallejo y las poetas suramericanas

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César Vallejo

 

Leopoldo Panero conoce exquisitamente la poesía de César Vallejo. Se adhiere primero que nadie al homenaje de Espadaña. Escribe un poema insustituible sobre el indio poeta americano. Hay que añadir otra razón sentimental. Los Panero le invitaron a pasar unos días en su casa de Astorga por Navidad de 1931. César Vallejo aceptó y en Astorga estuvo. Nada tiene de extraño en esta tesitura que las palabras dichas por Panero sobre César Vallejo acerca de su poesía española sean realmente entrañables : “En su libro ‘España, aparta de mí este cáliz’  no ve más que el hombre, la dramática y menesterosa intimidad del hombre español, llámese Pedro Rojas o Juan o Manuel, y lo canta con tiernas faltas de geografía y sintaxis angélica, sin trasfondo paisajístico alguno". A este propósito cita a Cervantes según cita de Flaubert, ya que en la apreciación de este último se intuye el paisaje manchego en “la  larga andadura viviente” de Don Quijote.

 

(La idea de España en la poesía contemporánea de América)

 

 

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Mujer y poesía

 

La mujer es la única que en esta encrucijada se ha quedado con el gusto de los versos de Bécquer por encima de estéticas, teorías poéticas y manifiestos. Aparte de esta fidelidad de la mujer hispánica otra vertiente del problema es el planteado por el crítico astorgano, según el cual, la influencia de la mujer sobre “la poesía contemporánea de habla española ha sido decisiva y salvadora” porque “entre contradicciones, entre vaivenes estéticos, entre varoniles intelectualizadas pugnas estéticas, la mujer ha continuado su propia tradición, ajena al barullo de los ultraísmos, buscando siempre su expresión más sencilla, más pura y más honda, a través de las palabras de cada día”. Las  mujeres hispanoamericanas hicieron sonar las palabras más puras y fragantes que suenan como  en Homero y en Safo.

 

Mientras los hombres como Vicente Huidobro alardeaban, la sensibilidad es la nota de Alfonsina Storni, de Delmira Agustini, de Juana de Ibarbourou, de Victoria Ocampo.

 

Los hombres de este tiempo aportan “al lenguaje poético hispánico hallazgos y riquezas sin cuento, aunque a todos ellos les sintamos ahora como mentalmente traducidos a nuestra espiritual lengua vernácula”. Después de este reconocimiento añade que “sus palabras nos suenan, no en el corazón, no en el oído del alma, como las sílabas líquidas de Garcilaso o de San Juan de la Cruz, sino en la memoria literaria de otros versos”.  Son los poetas de la barahúnda de los ismos, cambiantes, mientras permanece la poesía femenina “con la voz mojada de ternura y de valiente pasión humana”, en los versos de Gabriela Mistral, Fina García Marruz, Dulce María Loynaz, poesía casi desnuda o apenas “vestida de palabras”, pues el sentimiento casi se sirve del lenguaje como pretexto y el “poema no son las palabras escritas, materializadas en signos, caligráficamente contempladas, sino la dicción integral de la personalidad, la fundente versión oral de la comunicación poética”. La poesía masculina ha sido más artística, casi escultórica, la de la mujer más temporal encendida en ascuas. Esta tendencia de sensibilidad se proyecta hacia la poesía hispanoamericana e indioespañola, quizá por la influencia de las mujeres poetas, frente al mayor masculinismo y adobamiento estético de la poesía Europea, qué busco el empalme americano aunque en vano con Vicente Huidobro y Juan Larrea.

 

 Conferencia del 27. (Papeles de Málaga)

 

 

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¿Qué es poesía?

 

Antes de divagar hay que ponerse de acuerdo en precisiones terminológicas, porque bajo la misma palabra se entiende a veces diferentes sentidos. La más íntima significación de la poesía ha sido traída y llevada por este azar de entreguerras en que la “teorías se suceden las unas a las otras”, cambiando la interpretación y las “técnicas del fenómeno poético” y hasta la misma crítica considera solo aspectos parciales de la “realidad lírica”. Considera Panero que la “realidad lírica,  la visión personal y musical, subjetiva y trascendente del mundo y de la vida es algo entrañable y unitario, viviente y temporal que pone sobre las palabras más sencillas el fuerte y misterioso acento de la verdad”. Piensa Panero que se ha disociado la verdad poética ante las formas de interpretarla estilísticamente y por un “exceso de rigor científico”.

 

La poesía es “un hecho primario de sensibilidad”, no únicamente, pero sí “fundacionalmente y de raíz”, aun la poesía metafísica, aún la más culturalizada, pues tiene por raigambre “la inocencia y la simplicidad de la vida humana”. Está “en el primer encuentro, en la primera mirada, en el primer deseo sentido por el alma”.

 

Subraya Panero la palabra sentido, ahondándolo en frescura, intensidad. Panero piensa que el originario sentir “es fruto espiritual de nuestro viviente recordar poético” que ha sido “olvidado por la poesía moderna (se refiere a la generación del 27, principalmente)  (...) traicionando su propia esencia”. Otro tanto sucede a la crítica zaguera, por lo que se ha enmadejado un lío de palabras “habitual y rutinariamente solemos denominar surrealismo o tremendismo o vanguardismo o todoeslomismo”. El poeta escribe corazonadas de verdad, lo que “humilde y pitagóricamente llamaba don Antonio Machado: “unas pocas palabras verdaderas””.

 

 Conferencia del 27. (Pápeles de Málaga)

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